(456 pág.; Tusquets) (62;
agosto de 2016)
El prefacio es para cerrar el libro y dejarlo correr,
pues poco más o menos se nos indica que un detective estadounidense se las
tendrá que ver con los ángeles caídos y convertidos en demonios, entre otras
banalidades humanas.
Como no es cuestión de ceder por tres páginas lo empiezo
a leer y, a mi parecer, en las cuestiones humanas Connolly escribe de una
manera muy realista, cruda y sórdida, y sin llegar a ser abrumador, va
explicando historias adyacentes a la principal. En resumen interesante, pero,
muchas veces hay un pero, cuando aparecen los ángeles negros ya es otra
cuestión. Cuestión de gustos.
Las descripciones que da de cementerios, abadías,
situaciones de la segunda guerra mundial, están muy bien e interesan al lector
en la trama, la pena es haber necesitado estos seres mitológicos para el
desarrollo de la novela. En cualquier caso es legible.
“Entre guirnaldas de fuego cayeron los ángeles rebeldes.”
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