sábado, 27 de abril de 2019

Matilde Asensi: Sakura (**)


(414 pág.; La esfera de los libros)                            (15; abril de 2019)
Anna me regaló este libro para San José y, como no lo puede encontrar en digital sin costo, lo leí antes de ir a dormir, que es cuando me dedico a leer libros que no puedo leer en el lector y así me ahorro tener que cargarlos fuera de casa. Hace cinco años que leí de esta misma autora El origen perdido que me pareció más interesante que este, aunque es de aventuras también, porque en Sakura la información que envuelve a la historia me parece muy cogida por los pelos, aunque quien la lea conocerá aspectos de la pintura japonesa y del propio Van Gogh y algunas ideas básicas sobre cromatismo que, a alguien como yo, nunca le sobran.
Media docena de personas son contratadas por un japonés que quiere localizar un cuadro de Van Gogh que se da por desaparecido. Les explica el porqué de su interés y les ofrece una importante cantidad de dinero. Para ello tendrán que ir recogiendo la información que el último propietario de dicho cuadro fue desperdigando aquí y allá. Y así comienza una aventura plagada de pruebas que hace que la historia no sea todo lo interesante que pudiera haber sido con otro planteamiento.




“Llegué al 14 de la rue Clauzel de París con una desagradable sensación de inseguridad y con muchas ganas de darme la vuelta y de salir corriendo.”




sábado, 13 de abril de 2019

José L. Cuerda: Amanece, que no es poco (**/***)


(284 pág.; Pepitas de calabaza)                                (14; abril de 2019)
Creo que hará un par de años que le regalé este libro a Marisol, pues a ella le gusta esta película (lo que no es el caso en mi caso). Como las hojas seguían estando pegadas decidí leerlo yo. Diré que casi me dieron ganas de volver a ver la película, pero creo que seguiría sin gustarme, pues considero que es excesiva, aunque tiene ideas muy buenas y, estoy convencido, que las actuaciones deben ser brillantes.
Hay una pequeña introducción en la que se recomienda fervientemente que se lea el prólogo del propio Cuerda. Es lo mejor, con mucho. Está lleno de chispa, es muy gracioso y cuenta anécdotas de su vida, de antes de tener el guion, del tiempo que estuvo en televisión y del propio rodaje. Considero que vale la pena su lectura, aunque luego no se lea el guion ni se vea la película.
¿Y de qué va esta, es decir, el guion? Un español que es profesor en Estados Unidos ha pedido un año sabático y viene a pasarlo a España. Su padre ha comprado una moto con sidecar para que puedan viajar juntos y el viaje les lleva a un pueblo muy curioso: los habitantes del mismo van todos los días a misa porque es un gusto ver al párroco oficiarla; a los borrachos se les da de beber hasta que no pueden más, pues su función es estar beodos; las mujeres se reúnen para echar pestes de los hombres y para ello requieren a un número de la Guardia Civil, que aguanta estoicamente; y no sigo contando más porque no quiero desvelar los sucesos más curiosos e imposibles que suceden en el pueblo, pero que tienen su gracia y más con los comentarios que va destilando Cuerda. Muy bueno.




“Mal asunto si uno, en el territorio de la creación, tiene que ponerse a explicar lo que ha hecho, por qué lo ha hecho o por qué ha dejado de hacerlo.”



sábado, 6 de abril de 2019

Amado Nervo: Obras completas (***)


(309 pág.; Aguilar)                             (13; marzo de 2019)
Hace ya muchos meses que me encontré tres libros de la editorial Aguilar: el que figura en la imagen, uno de Blasco Ibáñez y el tercero de Cervantes. Este era el más pequeño de los tres y a Blasco acababa de leerlo, además, quería leer uno de poesía, por lo que la elección estaba cantada. Me supo mal dejarlos, pero no quiero coger más de uno cuando encuentro varios en la calle y solo cojo aquellos que me interesa leer, de otra forma tendré que alquilar un piso para la biblioteca.
El libro tiene dos terceras partes de prosa y unas setecientas páginas de poesía, así que esta parte la he dividido en dos. No conocía a este autor más que de nombre, ni siquiera sabía que era mexicano, pero ahora me alegro mucho de la elección que hice: es estupendo, soberbio. Todos los tipos de poesía que he leído (juveniles, místicas, poemas, homenajes, etc.) me han gustado, me han parecido muy elegantes, realmente lo he disfrutado mucho, a pesar de que leer en papel, y de esta editorial, es más cansado: por el peso y el tamaño de letra, pero no tardaré en volver a él y leer el resto de la poesía. Me he decidido a transcribir el poema XXV de Varia, pero no ha sido fácil la elección; sobre todo lo he hecho porque son siete líneas y, si me apuras, es actual a pesar de ser centenario.





“Cantar, que sin fe de erratas,
les gustará a las mujeres:
   –Amor, que después de gratas
caricias, al alma hieres:
te llaman bueno, y maltratas;
te llaman la vida, y matas;
te llaman eterno, y mueres.”




sábado, 30 de marzo de 2019

Andreas Höfele: El confidente (*/**)


(317 pág.; Tusquets)                          (12; marzo de 2019)
Las primeras páginas del libro no prometían nada bueno, pues aparte de la facilidad con la que el futuro confidente logra serlo, la razón que se ofrece es ridícula: “sabía mentir”. Esto se dice de un niño al que le puede caer una tunda si dice la verdad del porqué ha perdido la piara (yo he conocido a muchos que hubieran podido ser grandes confidentes; hasta yo mismo, vamos).
En pocas páginas ya es confidente de las más altas instancias y aparecen personajes por doquier y muchas situaciones en las que él tiene que ver. Si no te aclaras, ese es el momento de dejarlo. Yo seguí porque pensé que en algún momento se centraría y explicaría algo interesante (aparece Marlowe), pero no lo hace y la historia de este sujeto, que llegó a ser confidente en la época de Isabel I, se hace larga y tediosa. Lo mejor, el último capítulo que es corto y cuenta la historia sin dramatizarla.




“Supongamos que hemos escapado del inmisericorde y bello tiempo de una tarde de julio, cuando la ciudad entera se lanza, frenética, a las cervecerías al aire libre y a los baños, y nos hemos resguardado en un cine casi desierto.”



sábado, 23 de marzo de 2019

Paco Camarasa: Sangre en los estantes (**)


(454 pág.; Destino)                            (11; marzo de 2019)
Hace dos o tres años, durante la semana de BCNegra, fui a una conferencia de Paco Camarasa. No lo conocía de nada, pero salí entusiasmado de toda la información que nos dio, de los conocimientos que demostró tener de la novela negra en general y de la simpatía que derrochó. A la salida me faltó tiempo para comprar el libro que hoy comento. Si he tardado tanto en leerlo es porque se lo compré a Marisol y de sus libros leo uno cada dos meses y, entre los que me aconseja y los que tiene en papel, se van acumulando. Lamentablemente, los conocimientos y la simpatía de este autor ya no los podemos disfrutar.
El libro está ordenado alfabéticamente, aunque en cada capítulo aparecen autores con otras iniciales, pero que tienen que ver con lo que se está tratando o de quien se está hablando. Cuenta muchas anécdotas de la librería que tuvo durante catorce años y de sus encuentros con los autores, tanto en la librería como en la semana negra de Gijón o en la de Barcelona, de la que fue comisario durante muchos años.
A mí que me gusta leer enciclopedias y que he leído algunos tomos, este libro sería como la “biblia” de la novela negra y la clasificaría como de lectura imprescindible, por lo que tiene de historia de esta literatura o por acercarnos a los escritores, escritoras, editores, editoras, lectores y lectoras. ¿Verdad que la última línea cansa? Pues así es todo el libro. Estuve a punto de dejarlo en varias ocasiones; la última cuando ya iba por las últimas letras del alfabeto. ¡Qué pena! Recomendable a secas y para aquel al que le guste el género, las enciclopedias o busque un dato concreto. Ojo: no hay índice onomástico.




“Cuando Montse Clavé insistió en que nos atreviéramos a crear Negra y Criminal y abrimos las puertas de la librería, en diciembre de 2002, los lectores y lectoras nos pedían, aparte de novelas, manuales para orientarse en el laberinto en que se estaba convirtiendo el género negro.”



domingo, 17 de marzo de 2019

Henrik Ibsen: Hedda Gabler (***)


(132 pág.; Forgotten Books)                          (10; marzo de 2019)
Repetir un autor del cual no tengo más libros en casa resulta caro en tiempo: seis años ha/he esperado, y eso que valoré La casa de muñecas de lectura imprescindible, es decir, que tengo a Ibsen muy bien considerado, pero hay otros más, muchos, quizá demasiados por leer; pero si no lo hiciera de esta manera me encontraría agotando a un autor y dejando a muchos otros de lado y no llegaría a leerlos nunca. No se puede con todo. Pero la espera ha valido la pena: la señora Gabler ha sido una corta, pero gran e intensa compañía. Ahora la espera aún será mayor y ya se empieza a correr el riesgo de que no llegue a tiempo. Ya veremos, que no será por ganas.
Hedda y su esposo acaban de volver de su viaje de novios. En su casa les espera la tía de él: una señora mayor que vive cerca y cuida a otra tía de salud delicada. A Hedda no le hace gracia que se inmiscuyan en su vida por lo que le hace ver que no es muy bienvenida su presencia en esa casa, así como la de la persona de servicio que tienen y que ya había cuidado de su esposo cuando era un niño. La protagonista irá tomando el control de todo y no lo hará de forma sutil ni escuchando a su marido.
No explico qué tiene que ver la pistola de la portada porque Ibsen lo hace mucho mejor de lo que yo pueda hacerlo y si empiezas a leer el libro ahora en un par de horas lo sabrás… y habrá valido la pena.





“JULIA. (Se para delante de la puerta, escucha un rato, y dice a media voz:)—Pues, por lo visto, no se han levantado aún.”



sábado, 16 de marzo de 2019

San Juan de la Cruz: Cántico espiritual (**/***)


(leídas 15 de 148 pág.; -)                              (9; marzo de 2019)
Hace unos ocho años que leí de él un pequeño libro que compartía con Santa Teresa de Jesús y, como me gustó, he repetido. Cuando haya leído unos cuantos libros más aparecerá ella de nuevo. Esta obra es la más reconocida de San Juan de la Cruz y, en mi absoluta ignorancia, lo que no sabía era que explicaba a unas monjas ese cántico; es decir, las quince páginas que he leído son dos veces el poema, pues en una de ellas tiene una estrofa más, y un par o tres de páginas con las explicaciones del santo que pueden ser muy interesantes para muchas personas, pero a mí me parecieron un tostón. Con todo respeto.
Este cántico está compuesto de versos que los esposos se dirigen el uno al otro. He de reconocer que los versos me han gustado y de ahí que me parezca que su lectura es muy recomendable… hasta que empieza la prosa. Para tener una idea de esta, véase el incompleto párrafo que aparece después de la portada.




“1. Por cuanto estas canciones, religiosa Madre, parecen ser escritas con algún fervor de amor de Dios, cuya sabiduría y amor es tan inmenso, que, como se dice en el libro de la Sabiduría (8, 1), toca desde un fin hasta otro fin, y el alma que de él es informada y movida, en alguna manera esa misma abundancia e ímpetu lleva en su decir, no pienso yo ahora declarar toda la anchura y copia que…”



domingo, 10 de marzo de 2019

Juan Gómez-Jurado: Cicatriz (**)


(574 pág.; Penguin Random)                         (8; febrero de 2019)
Conozco a este autor de oídas: cuando voy a correr escucho el podcast Todopoderosos en el que él participa muy activamente, pues sus conocimientos son sorprendentes y, para mí, inabarcables. Sean del tema que sean. Este programa sobre cine me lo aconsejó Lorenzo hace un par de años y ya he escuchado todos los emitidos. La única pega que le encuentro a este señor es que necesita hacer saber que posee esos conocimientos y, en muchas ocasiones, suena repipi. Nobody is perfect.
Lorenzo me regaló este libro y, a pesar de que a Marisol no le gustó otro de este autor, yo lo leo y compruebo cómo escribe y cómo son las historias del autor español más vendido. Este, en concreto, yo lo recomendaría, aunque advertiría que los personajes pueden sernos conocidos de otras lecturas. Y, también, explicaría que Gómez-Jurado no puede dejar de ser fiel a sí mismo y deja caer alguna que otra píldora en boca de su protagonista que, personalmente, creo que no le encaja.
El protagonista y su socio tienen una empresa de programación que están a punto de perfeccionar un algoritmo para el reconocimiento de imágenes, pero precisan una inyección de capital para poder seguir adelante. El informático no tiene relaciones sentimentales, solo vive para el programa, pero un buen día decide darse de alta en una web de relaciones y traba conocimiento con una ucraniana que le pregunta dónde vive. Eso le desconcierta y consigue encontrarse con ella en el Caribe. A partir de ese momento, el programa y la consecución del capital pasarán a un segundo término.
La historia de la ucraniana está contada a base de analepsis y rompen el ritmo de la historia del programador, que es bastante más tranquila que la de ella. Y es este personaje el que nos trae recuerdos de otras mujeres de sus características, que no revelo porque no fue intención del autor hacerlo en las primeras páginas. Si lo lees pasarás unas horas entretenidas, que tampoco viene mal.





“La niña no sintió dolor cuando el clavo le rasgó la cara, debajo del ojo izquierdo.”



sábado, 9 de marzo de 2019

Knut Hamsun: Victoria (**)


(169 pág.; Juventud)          (7; febrero de 2019)          (Premio Nobel 1920)
Este es el único libro que tenemos de Hamsun y ya era hora de que lo leyera, pues algún mérito tendría, aparte de ser nórdico, si ganó el Premio Nobel. Pero tardaré en leer otro de él, pues sin que sea malo, no me ha parecido gran cosa. O el tiempo no pasa en balde o yo no he sabido apreciarlo.
El título del libro recibe el nombre de la protagonista, una joven que siente inclinación por un joven del pueblo pero rechaza sus atenciones, a pesar de haberle dejado entrever su interés por él. Aunque no se menciona en la novela, el lector puede intuir que la familia de Victoria no vería con buenos ojos la relación con el protagonista, dado que no es tan adinerado como ellos.




“El hijo del molinero caminaba con la imaginación llena de ensueños.”




domingo, 3 de marzo de 2019

Mark Haddon: El curioso incidente del perro a medianoche (**)


(268 pág.; Salamandra)                                 (6; febrero de 2019)
Con el inicio de año tan especial que llevo y después del libro anterior no era fácil que acabara el siguiente. Y no lo ha sido, porque este incidente curioso, aunque no está mal escrito deja de tener interés cuando llevas medio centenar de hojas leído, pues la historia más que curiosa es singular y, como tal, puede no interesar a todo el mundo. Como fue mi caso, aunque me esforcé para acabarlo.
El protagonista es un joven con síndrome de Asperger, por lo que no se relaciona bien con las personas pues no le gusta que le toquen los extraños. Vive con su padre porque su madre falleció y algunas madrugadas se despierta y sale a pasear por su barrio. En una de ellas encuentra al perro de la vecina atravesado por una horca y decide investigar quién lo ha matado. Para ello empieza a preguntar por el barrio y resulta que, aunque no encuentra motivación para tamaña atrocidad, se entera de hechos relativos a su familia que desconocía.




“Pasaban 7 minutos de la medianoche.”



sábado, 2 de marzo de 2019

Miguel de Cervantes Saavedra: Don Quijote de la Mancha - I (***)


(534 pág.; Real Academia)                            (5; febrero de 2019)
Quizá el motivo de tanto libro dejado a medias era la ansiedad por llegar a este y leerlo de nuevo. Ahora hace diez años que lo leí por primera vez y me gustó tanto (aunque más la segunda parte) que me he propuesto releer un libro cada año de los que más me gustaron, así que la segunda parte será el año que viene. ¿Cuántos dejaré a medias por él?
Aunque ya lo indiqué en mi comentario al segundo libro en 2010, no quiero dejar de insistir que los personajes de Quijote y Sancho son tan buenos y sus diálogos tan divertidos que vale la pena leer las novelas cortas que Cervantes no había publicado e insertó en este libro, pues, al fin y al cabo, no dejan de ser situaciones singulares que se resuelven de manera sorprendente o en última instancia.
Y, como excepción, pues el libro y el autor lo merecen, aquí va un párrafo del prólogo que escribió Cervantes y que tampoco tiene desperdicio:
“Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”
Si mis vanas palabras te han ayudado a leer el Quijote te agradecería que me lo hicieras saber. Abajo, la portada del facsímil de la primera edición que me regaló Marisol.




domingo, 24 de febrero de 2019

Joseph Heller: Trampa 22 (*)


(leídas 100 de 656 pág.; RBA)                                   (4; enero de 2019)
Menos mal que el siguiente libro lo acabaré seguro. He dejado de leer este mes más libros que en todo el pasado año. Que conste que el anterior libro de este autor lo valoré como poco recomendable, pero había leído que esta era una novela muy buena, así que le di una segunda oportunidad. Ahora necesita que me reencarne para que vuelva a leer otra, si es que la tiene y yo me olvido de estas dos.
Segunda Guerra Mundial: un batallón de aviadores norteamericanos lo único que buscan es cómo hacer que sean destinados a la patria de nuevo, así que se hacen pasar por locos, todos, tanto es así, que cada uno le dice a otro que está loco. Pero el estarlo es signo de que no se volverá al origen, ya que el que está loco no razonará la solicitud y, si lo hace, no está loco, por lo que no volverá. Esta es la trampa 22 creado por el Alto Mando a fin de evitar las solicitudes de dejar el frente. Dicho esto, Heller nos empieza a contar historias malas y chistes peores para hacernos pasar el rato. No sé cómo lo puede hacer seis veces más de las que yo leí, pues con cien hojas ya me di por enterado. Si tienes mucho interés en leer esta novela es preferible que veas M.A.S.H., y eso que no me gusta mezclar estos dos géneros, pues ambos me alimentan desde mi más corta infancia.




“Fue un flechazo.”



sábado, 23 de febrero de 2019

Alicia Giménez Bartlett: Un barco cargado de arroz (**)


(394 pág.; Booket)                             (3; enero de 2019)
Acabé el año dejando de leer un libro y este año he comenzado muy riguroso o con pocas ganas de perder el tiempo, pues he desechado dos más, por lo que, cuando comencé a leer este me esforcé en seguir leyendo aunque creí que no me gustaría, pues se inicia como si conociera de toda la vida a la protagonista y a su segundo. Lo cierto es que cualquiera que vea la televisión posiblemente conocería a Petra Delicado pero no es mi caso, aunque me sonaba. Después de leer unos capítulos hubo algo que me hizo reír, de lo que ya no me acuerdo, y seguí leyendo hasta el final con gusto.
A la mencionada y su ayudante no les parece plausible que la muerte de un mendigo haya sido causada por una banda de cabezas rapadas y se dedican a investigar a pesar de las evidencias. Encuentran algunos hechos extraños en relación al mendigo y eso les da pie para seguir en la idea de que no es lo que parece. A medida que avanza la investigación, la novela nos va descubriendo aspectos familiares y personales de ambos protagonistas.





“Garzón no comprendía por qué aquel cadáver me impresionaba especialmente; tampoco lograba hacerse una idea de cuál era la índole de mi emoción.”



sábado, 16 de febrero de 2019

Garci Rodríguez de Montalvo: Amadís de Gaula (*)


(leídas 97 de 713 pág.; Orbigo)                                (2; enero de 2019)
Hace más de un mes que dejé de leerlo, pero me acuerdo perfectamente de las ganas que tenía de empezarlo y de lo rápido que se fueron yendo. Este libro está considerado como uno de los mejores de caballerías, por lo que no quiero pensar lo que debe ser leer uno que no tenga esta consideración. La lectura del casi centenar de páginas me ha servido para apreciar mucho más el Quijote y desear releerlo, para lo que ya no me falta mucho.
Tanto da que sea Amadís, como su hermano u otro de sus allegados: jóvenes imberbes que desean ser caballeros y desfacer entuertos, etc., etc., y lo consiguen a punta de porrazos a mansalva, con los que matan o hieren de consideración a sus oponentes y de los que ellos se reponen con bellas damas, pueblerinas o de la corte, pero siempre las más hermosas. Así una tras otra. ¡Gracias Cervantes por abrirnos los ojos!




“Considerando los sabios antiguos que los grandes hechos de las armas en escrito dejaron, cuán breve fue aquello que en escrito de verdad en ellos pasó, así como las batallas de nuestro tiempo que por nos fueron vistas nos dieron clara experiencia y noticia, quisieron sobre algún cimiento de verdad componer tales y tan extrañas hazañas con que no solamente pensaron dejar en perpetua…”



sábado, 2 de febrero de 2019

Anna Gavalda: El consuelo (*/**)


(leídas 270 de 558 pág.; Seix Barral)                          (1; enero de 2019)
Otra estantería, otro libro, pero el mismo resultado que el anterior: poco después de la mitad decido que ya está bien de leer aquello que no me está interesando y, además, que no me parece que esté bien escrito y voy a dar una razón para ello: en la primera página de la novela        se utilizan los puntos suspensivos tres veces, en la segunda doce y, para no aburrir a mi posible lector daré la cifra total de puntos suspensivos que aparecen en la novela: ¡5.265 veces! Y a pesar de eso la he calificado como poco aconsejable y no nada aconsejable.
El protagonista de la novela es un arquitecto que no viaja constantemente y que recibe una carta en la que se le comunica de manera muy fría que una antigua conocida suya ha fallecido. No sabe cuándo ni cómo, pero el recuerdo de las vivencias que tuvo con ella y su hijo, cuando era un niño y adolescente, le empiezan a ocupar la mente.
Para cuando dejé la novela empezaba a ponerse algo interesante, pero creo que ya le dediqué demasiado tiempo y no sirve aquello de que “puestos” mejor acabarla, pues puede empeorar… la novela y mi humor.





“Se quedaba siempre como apartado.”



sábado, 26 de enero de 2019

David Forrest: Y a mi sobrino Albert… (*)


(leídas 109 de 207 pág.; Versal)                              (58; diciembre de 2018)
Dicen que una imagen vale más que mil palabras: me hubiera tenido que fijar más en la portada y no elegir este libro de la estantería. También me hubiera podido enterar mejor de lo que querían decir esos puntos suspensivos del título: “le dejo la isla que le gané a Fatty Hagan en una partida de póquer.” ¿A que tiene gracia? Pues así es toda la novela… (que leí hasta que me cansé de ella, pues era un chiste malo seguido de otro que no tenía gracia). Yo también sé usar los puntos suspensivos. Forrest tenía que haber aprendido de Les Luthiers: “La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa”.
Al joven de la portada ya sabemos que su tío le ha dejado en herencia una isla. El se piensa que es una isla importante, pero resulta un peñasco sin ningún atractivo, salvo la joven de la portada que le gusta ir a ella a tomar el sol desnuda. Cuando consigue conquistarla y van a hacer el amor, un barco espía ruso se empotra en la isla y… en este momento es mejor coger otro libro.




“Albert preguntó:
–¿Hay ballenas por aquí?”



domingo, 20 de enero de 2019

Leni Riefenstahl: Memorias (**/***)


(928 pág.; Lumen)                             (57; diciembre de 2018)
Hacía mucho tiempo que quería leer este libro, pues aunque no he visto la película por la que es muy conocida, me interesaba saber de su vida, de la que lo desconocía todo. Y por fin había llegado ese momento. Los primeros capítulos me dejaron un poco frío, pues literariamente no tiene un gran valor y si a esto le añadimos un detalle exagerado acaba siendo aburrido leer sobre los primeros años de vida de una persona … pero pasado ese momento (y llega muy pronto) empiezas a descubrir una persona excepcional.
Leni, como llegaron a conocerla los habitantes de Sudán, fue bailarina en sus primeros años de su vida; como se lesionó, aprovechó el ofrecimiento de rodar películas de escalada, con lo que en su adolescencia hacía alpinismo descalza; en un rodaje no pudo asistir el director de la película y ella dirigió las escenas con tan buen tino que a partir de entonces, además de actriz también era directora; practicó esquí y participó en campeonatos; Hitler vio sus películas y le exigió que rodara la convención del partido nazi y, en el 36, la Olimpiada de Berlín; sus películas ganaron premios internacionales, pero debido a la Segunda Guerra Mundial, pasó años sin poder trabajar y lo perdió todo; se fue a rodar una película en Africa y acabó siendo reconocida mundialmente por las fotografías sobre los pueblos Nuba; descubrió el submarinismo a los setenta años y lo practicó hasta pasados los noventa, mientras hacía fotografías que eran publicadas por las revistas más prestigiosas; y sobre los ochenta años dedicó cinco de su vida a escribir este libro, un detallado diario que sería enormemente aburrido sino fuera sobre la vida de Leni Rienfenstahl.




“No resulta fácil desprenderme del presente y sumergirme en el pasado para comprender el largo y accidentado peregrinar de mi vida.”



domingo, 13 de enero de 2019

David S. Kidder & Noah D. Oppenheim: 365 días para ser más culto (**/***)


(766 pág.; Booket)                             (56; diciembre de 2018)
Hará un par de años regalé un libro a como este a Marisol y a Anna, y el día 1 de enero decidí que yo también podía intentar ser más culto y aunque he tardado un año (menos un día, pues tiene notas para 52 semanas, por lo que le falta una para el último día), creo que he conseguido que algo me quede en la mollera y, aunque lo pierda, nadie me quitará las entretenidas horas de nuevos conocimientos e ideas que me ofreció.
El libro ofrece un par de páginas para cada día y los temas versan sobre historia, literatura, artes plásticas, ciencia, música, filosofía y religión. Obviamente son escuetas presentaciones, en algunos casos con alguna frase discutible o innecesaria, muy orientada al mundo anglosajón u occidental, salvo en religión donde son minoría las notas sobre la religión católica. No obstante todo lo que se pueda decir acerca de sus carencias, creo que no es vana su lectura, por lo menos a aquellas personas, como yo, que tienen lagunas del tamaño de los océanos. He buscado si tenían más publicaciones de este estilo, pero están todas en inglés, por lo que lo dejaré para mi próxima vida.




“El signo de exclamación en matemáticas es tan divertido como parece.”
Los factoriales!


sábado, 12 de enero de 2019

Ricardo Palma: Tradiciones peruanas (***)


(383 pág.; Aguilar)                             (55; diciembre de 2018)
Ultima parte de este largo, y muy interesante para mí, libro sobre tradiciones. Lo empecé a hojear hace unos cincuenta años, volví a él hace cuarenta y ahora lo he leído hasta la última sílaba. Ojalá tuviera la memoria que, seguramente, tuvo su autor. Lo que he leído sobre historia, geografía, lingüística (muy importante en la vida de Palma), biografías y costumbres, entre otros muchos temas que olvido, me han dado, sino conocimientos dada mi ausencia de memoria, muchas horas de entretenimiento. Por eso, las tres estrellas que se lleva cada una de las partes en que lo he leído.
Esta última la componen artículos y versos, críticas, correspondencia, refranes, adagios y epigramas, geografía y diversos índices, siendo cada apartado tan interesante como al lector puedan interesarle estos temas. Yo he leído hasta los índices geográficos, es decir, la relación de las poblaciones que van apareciendo en las historias y me he quedado maravillado de los centenares de sitios y lo lejanos a la residencia del autor que han llegado a aparecer. Ya no tendré tiempo de volver a leerlo, pero siempre recordaré que puedo abrir el libro por cualquier parte y disfrutar de su lectura.




“Como ya voy teniendo, y es notorio,
bastante edad para morir mañana,
según dijo con chispa castellana
Ramón de Campoamor y Campoosorio,

que, en lo desmemoriado,
es un segundo yo pintiparado,
quiero dejar escrita cierta historia
de un amor, como mío,

extravagante y digno de memoria
perpetua en bronce o alabastro frío.
¿La he leído en francés o la he soñado?

¿Mía es la narración o lo es de un loco?
¿He traducido el lance o me ha pasado?
Lectora, en puridad: de todo un poco.”
De cómo desbanqué a un rival


sábado, 8 de diciembre de 2018

Daniel Defoe: Historia del Diablo (**/***)


(332 pág.; Libros Hiperión)                           (54; diciembre de 2018)
Hace tiempo que quería leer algo nuevo de Defoe, pues cuando era joven ya había leído dos o tres de él y encontré entre los digitales de Marisol El Diablo y el relojero, que me pareció un cuento tan corto (once páginas, que sin contar las de cortesía no llega a tres) como para que se hubiera editado por separado, así que busqué entre los libros de Defoe alguno que hubiera podido dar pie a esa historia y en la historia alguna frase del cuento y… voilà!
Creo que queda claro que encontré el libro, la página en la que aparece el relojero y una sorpresa morrocotuda al ver que Defoe se había esmerado hasta la saciedad para explicarnos todo lo que sabe del poder diabólico, del origen del mismo, de cómo actúa (aunque según él sobre algunas personas como los dignatarios, Papas y algunos otros no hace falta que actúe: ya son malos per se) y una infinidad de razonamientos al respecto que no se me hubieran ocurrido nunca.
La lectura de este libro, que no recomiendo a quien no esté verdaderamente interesado en saber más y mejor sobre lo que nos han enseñado en Religión, me ha hecho pensar en estos temas, pues Defoe está impuesto en ellos, aunque me da la sensación que, a veces, lo utiliza como hizo Swift, con Gulliver: como una crítica a su tiempo y a las personas que lo vivieron, pero no se restringe a ellos, pues sus lecciones de historia comienzan antes de la aparición del hombre y llegan hasta sus días y no deja personaje que aparezca en las Escrituras sin un comentario en relación con el Diablo. Enciclopédico.




“No dudo de que el título de este libro asombre en principio a mis lectores; quizá se detengan en él un poco, ni más ni menos que podrían hacerlo ante el libro de magia de una encantadora; permanecerán un rato dudando si deben leerlo o no, ante el temor de que leyendo la Historia del Diablo le evoquen verdaderamente.”



domingo, 2 de diciembre de 2018

Ricardo Palma: Tradiciones peruanas (***)


(350 pág.; Aguilar)                             (53; noviembre de 2018)
Cuarta y penúltima etapa de este largo libro. Las tradiciones hablan del Perú independiente y republicano, pero las últimas escritas son bastante flojas o poco interesantes. Luego dedica ochenta páginas a la Inquisición en Lima y hace un detallado listado con nombres y apellidos de ajusticiados, condenados y los pocos que se libraron sin un rasguño. A continuación habla de la bohemia de su tiempo y de los recuerdos de los meses que estuvo en España durante los festejos conmemorativos del cuarto siglo del descubrimiento. Qué capacidad para hablar bien de todos los que conoció (en cualquiera de los dos capítulos) y no repetirse. Deja rasgos de la división de sexos del siglo XIX: la mujer podía ser poeta antes que literata comprometida, pero ni hablar de dedicarse a la política el bello sexo, pues “qué harían entonces los hombres”. Por último hay más de trescientas palabras que no consiguió que la Academia se las aceptara cuando estuvo en sus sesiones. He disfrutado de lo lindo leyendo las definiciones y voy a sorprender a más de uno con una muestra de las palabras que no figuraban en el diccionario: adjuntar, bienintencionado, cantimplora, democratizar, editorial, finanzas, hospitalizar, ictiología, linchar, mataperros, nacionalización, orfebre, presupuestar, etc.
El ejemplo de las palabras anteriores me sirve para traer a colación que cuando lo leí saliendo de mi adolescencia, y teniendo en cuenta la cantidad de americanismos que hay en el libro, se me ocurrió hacerme un diccionario de las que no entendía. Aún guardo el bloc donde las anoté y numeré: hay seiscientas cuarenta y una. Las definiciones las obtenía de la Enciclopedia Universal Sopena, que ya había utilizado en Perú para resolver los crucigramas de los sábados. Tanto la usé hasta entonces que, a pesar de no haberla visto en más de cuarenta años, aún recuerdo de qué palabra a cual otra iba cada uno de los nueve tomos (a Marisol le hace mucha gracia esto, sobre todo por la poca memoria que tengo). Mi gusto por coleccionar palabras (es de las aficiones más baratas que hay) se reprodujo con las dos mil seiscientas sesenta y seis que tiene otro blog de mi autoría.




“El lunes 31 de diciembre de 1877 los habitantes de Lima gozaron de un espectáculo nuevo para la gente de la generación actual que no ha tenido oportunidad de salir fuera del radio de la ciudad.”
Truenos en Lima



sábado, 1 de diciembre de 2018

Duque de Rivas: Don Alvaro o la fuerza del sino (***)


(141 pág.; El País)                              (52; noviembre de 2018)
No recuerdo ya lo que me enseñaron en Literatura de sexto (ni tampoco lo recordaba mucho después de entonces) de este autor que, gracias a que la versión digital que he encontrado tenía un extenso prólogo, me he enterado que fue de los primeros en adherirse al romanticismo y que esta obra es la más afamada de él. Truculenta historia por las casualidades que han de producirse, pero aceptadas estas dan sostén al título de la obra, es decir, hiciera lo que hiciera Don Alvaro no podía escapar de producir todos los males que le estaban destinados. Era su destino.
Don Alvaro y Leonor se enamoran perdidamente el uno del otro, pero el padre de ella, que es marqués, no está dispuesto a aceptarlo porque se desconoce su origen. Aquel decide raptarla con la aquiescencia de ella, pero la noche prevista su padre es avisado y se cruza en el camino de los que intentar huir. Don Alvaro se pone de rodillas frente al padre de Leonor y deja caer la pistola que llevaba, pero con tan mala fortuna que se dispara matando al marqués. A partir de aquí, a pesar de que Don Alvaro intenta alejarse de ella y de sus dos hermanos, el destino hará que sus vidas se encuentren de nuevo y que no sea para bien.




“Oficial.          Vamos, Preciosilla, vamos, cántanos una rondeña.”



domingo, 18 de noviembre de 2018

Orhan Pamuk: Me llamo Rojo (***)


(687 pág.; Punto de Lectura) (51; noviembre de 2018) (Premio Nobel 2006)
Hace más de diez años que leí este libro, pues aún no escribía estas líneas, y recuerdo que su final dio consistencia a toda la novela y a olvidar el posible aburrimiento que el lector pueda padecer leyendo sobre los caballos que, en el siglo XVI, pintaban los otomanos. La sensación que he tenido durante esta década era que la mitad del libro hablaba sobre el dibujo de caballos y que su final era de los mejores que he leído nunca. He esperado hasta ahora para repetir su lectura y hacerlo junto con Anna y Marisol. He descubierto más cosas que la primera vez y la he disfrutado mucho más. Marisol ha terminado ahora mismo su lectura y también ha quedado maravillada de la habilidad de Pamuk. Sus vastos conocimientos, su ingenio y amor por Estambul quedan reflejados en todas sus obras. Es una lástima que estas no sean para la mayoría del público, pero vale la pena adentrarte en su mundo y pagar el peaje que ello representa porque puedes estar seguro que no te defraudará.
Está a punto de cumplirse un milenio de la muerte de Mahoma y el sultán desea hacer un libro ilustrado que muestre toda la belleza y bienes que tiene su reino para entregarlo a los venecianos y que lo admiren, tanto por su cultura como por su poderío. Además desea que haya una lámina en la que él aparezca dibujado al estilo occidental, es decir, que sea reconocible y con perspectiva. Como no está permitido aparecer dibujado tal como uno es, se encarga este libro, de manera secreta, a un gran maestro y este contrata a cuatro ilustradores, pero uno de ellos aparece muerto, por lo que se teme que se haya descubierto a qué fin se dedicaban.




“Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo.”


sábado, 10 de noviembre de 2018

Stephen Vizinczey: Un millonario inocente (**/***)


(398 pág.; Seix Barral)                                  (50; octubre de 2018)
Hace ya seis años que leí En brazos de la mujer madura y me gustó tanto que llevaba tiempo esperando leer otro libro de este autor. A pesar de que he terminado poniendo la misma puntuación, el libro del que estoy hablando no tiene la misma gracia que el anterior. Se puede decir que ha salido de la misma pluma, pues el tema erótico o sensual lo trata igual (a lo que yo recuerdo) y se atreve con temas como los paraísos fiscales, la conservación de la naturaleza, las industrias químicas y, sobre todo, los abogados y la justicia en Nueva York, pero a pesar de su acidez en este último tema, no llega a la altura de Dickens. Quizá el mayor defecto que tiene este libro es la cantidad de personajes que aparecen y que se diluyen en la historia.
El sueño de un muchacho es descubrir pecios españoles de la época imperial y para ello, desde muy temprana edad, empieza a estudiar con ahínco los movimientos de los barcos, sus últimos avistamientos antes del hundimiento y todo lo que pueda tener que ver con ese fin. Debido a que su padre es un actor de éxito oscilante no está mucho tiempo en un sitio y puede consultar muchas bibliotecas de Europa. A pesar de que su padre considera que está perdiendo el tiempo él no ceja en el empeño.




“Mientras contemplo las torres y las almenas de Toledo, la antigua capital de España, que se levanta en lo alto, al otro lado de la hondonada, decido poner por escrito los hechos más importantes de mi vida, para que la gente sepa todo lo que he pasado.”



sábado, 3 de noviembre de 2018

Lucia Berlin: Manual para mujeres de la limpieza (***)


(432 pág.; Alfaguara)                        (49; octubre de 2018)
A Marisol no le gustan los libros de relatos, por lo menos así lo dice, pero no deja de regalármelos e incluso, como es el caso, de comprárselos ella. El caso es que yo no era consciente de que me gustaran, pero después de haber leído sesenta y cuatro libros de este estilo de narración he de concluir que me gustan y mucho, aunque no creo que sea casualidad que treinta y uno de ellos me hayan parecido muy buenos. Es decir, la selección ha sido afortunada. Y este es uno de los mejores, aunque de los más duros de leer. Berlin, que no tuvo una vida nada fácil, aplica todo lo que le ha sucedido, todo lo que ha visto a su alrededor y todo aquello que ha podido imaginar que no era agradable que le sucediera a uno para describir unos trozos de vida que golpean al lector sin dejarle respirar y que le hacen cuestionarse si este es el mejor de los mundos posibles.
Este manual que no es para mujeres de la limpieza (si no estoy equivocado solo sale una), sino que es para mujeres, salvo un par de relatos en los que el protagonista es un hombre, describen todas aquellas situaciones en las que la mujer se ve compelida a soportar a familiares directos, a jefes difíciles, además de circunstancias que no facilitan en absoluto una vida más o menos tranquila. Los relatos están escritos con un vocabulario sencillo, con frases nada alambicadas y sin entrar a cuestionar los porqué: la protagonista se encuentra así y eso es lo que relato, viene a decir la autora. Pero el mal cuerpo nos lo quedamos nosotros porque las historias son muy buenas; es la vida la que no lo es. Al pie de la portada uno de los más bellos: debería estar en todas las consultas médicas.




“Nunca se oyen sirenas en la sala de urgencias; los conductores las apagan en Webster Street.”
Apuntes de la sala de urgencias, 1977