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domingo, 7 de febrero de 2021

Daniel Defoe: Robinson Crusoe (***)

(253 pág.; Edhasa)             (6; enero de 2021)

Esta es la segunda vez que lo leo; la primera fue hace más de cincuenta años. En esa época yo elegía los libros por su número de páginas y el precio total: este fue uno de los más interesantes, económicamente hablando. Aquella edición, que ya no tengo, fue la de Libro Clásico de Bruguera y recuerdo que su lectura me resultó muy amena, de ahí que haya querido releerlo y, como se puede ver por las estrellas al lado del título, me parece de lectura imprescindible; pero, por si acaso alguien tuviera dudas al respecto me sacaré una carta de la manga a la que nadie podrá ponerle ningún pero: “He gastado seis robustos Robinsones de tan duramente como han trabajado a mi servicio.” Wilkie Collins.

Hay una traducción muy conocida y extendida que es la de Julio Cortázar, pero parece ser que, o bien no le dieron el libro original íntegro, o decidió esquilmar las disquisiciones que Robinson se hace a sí mismo para hacer la lectura más ágil y convertir, desgraciadamente, un libro en el que se plantean muchas interesantes cuestiones, en un simple libro de aventuras. Como se puede ver en la portada del libro que he leído, esta versión es íntegra. Si alguien me lee y sabe cuál fue el origen de la versión que leí de Bruguera, a cargo de Teresa Suero Roca, le estaría muy agradecido, pues mi recuerdo es que no solo era la parte aventurera. Vayamos ahora a decir algo sobre lo que conoce todo el mundo, aunque no haya leído la novela, considerada la primera en lengua inglesa.

Robinson Crusoe es un joven de dieciocho años que, desoyendo los consejos de su padre, decide lanzarse a navegar por el ancho mar. La primera vez lo pasa tan mal, por el mareo y los vómitos, que se jura hacer caso a su padre; pero cuando se repone, se enrola de nuevo y su barco es atacado. No explico lo que le sucede, pero sí diré que el Diccionario de la Real Academia Española apunta que robinsón es un “hombre que en la soledad y sin ayuda ajena llega a bastarse a si mismo.”





“Si alguna vez ha merecido hacerse pública la historia de las aventuras por el mundo de un hombre particular, y ha resultado aceptable una vez publicada, el editor de este relato cree que se trata de esta.”



sábado, 8 de diciembre de 2018

Daniel Defoe: Historia del Diablo (**/***)


(332 pág.; Libros Hiperión)                           (54; diciembre de 2018)
Hace tiempo que quería leer algo nuevo de Defoe, pues cuando era joven ya había leído dos o tres de él y encontré entre los digitales de Marisol El Diablo y el relojero, que me pareció un cuento tan corto (once páginas, que sin contar las de cortesía no llega a tres) como para que se hubiera editado por separado, así que busqué entre los libros de Defoe alguno que hubiera podido dar pie a esa historia y en la historia alguna frase del cuento y… voilà!
Creo que queda claro que encontré el libro, la página en la que aparece el relojero y una sorpresa morrocotuda al ver que Defoe se había esmerado hasta la saciedad para explicarnos todo lo que sabe del poder diabólico, del origen del mismo, de cómo actúa (aunque según él sobre algunas personas como los dignatarios, Papas y algunos otros no hace falta que actúe: ya son malos per se) y una infinidad de razonamientos al respecto que no se me hubieran ocurrido nunca.
La lectura de este libro, que no recomiendo a quien no esté verdaderamente interesado en saber más y mejor sobre lo que nos han enseñado en Religión, me ha hecho pensar en estos temas, pues Defoe está impuesto en ellos, aunque me da la sensación que, a veces, lo utiliza como hizo Swift, con Gulliver: como una crítica a su tiempo y a las personas que lo vivieron, pero no se restringe a ellos, pues sus lecciones de historia comienzan antes de la aparición del hombre y llegan hasta sus días y no deja personaje que aparezca en las Escrituras sin un comentario en relación con el Diablo. Enciclopédico.




“No dudo de que el título de este libro asombre en principio a mis lectores; quizá se detengan en él un poco, ni más ni menos que podrían hacerlo ante el libro de magia de una encantadora; permanecerán un rato dudando si deben leerlo o no, ante el temor de que leyendo la Historia del Diablo le evoquen verdaderamente.”