Mostrando entradas con la etiqueta Alas (Clarin). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alas (Clarin). Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de abril de 2016

Leopoldo Alas “Clarín”: Dona Berta (**)

            (60 pág.; Createspace)                                  (22; abril de 2016)
            Seis años después de haber leído la inmejorable Regenta leo otra obra del mismo autor. En este caso una obra menor en tamaño y calidad, lo primero porque no llega a la décima parte y lo segundo porque no tiene la profundidad ni el interés de la primera.
            Doña Berta es una anciana que tuvo un hijo sin tener marido y sus hermanos lo dieron en adopción y a ella la enclaustraron en la casa familiar que tienen en un pueblecito de Asturias. Sus tres hermanos ya han muerto y ella conoce a un pintor que le habla de un capitán, al que retrató y conoció poco antes de que este muriera. A ella le parece que pudiera haber sido su hijo y decide ir a ver el cuadro original a Madrid. Toda una aventura para una mujer octogenaria y sorda.
A pesar de que la obra no deja de ser un relato, es interesante por la cantidad de vocabulario que no es habitual y por una forma narrativa que quizá sea anticuada aunque a mí me gusta, pero creo que entre la primera parte, que se desarrolla en Asturias y es más extensa, y la segunda de Madrid hay una diferencia notable en la descripción de los hechos y como si no se supiera de qué hablar o hubiera prisa en acabar la historia.




“Hay un lugar en el Norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros; y si doña Berta de Rondaliego, propietaria de este escondite verde y silencioso, supiera algo más de historia, juraría que jamás Agripa, ni Augusto, ni Muza, ni Tarick habían puesto la osada planta sobre el suelo, mullido siempre con tupida hierba fresca, jugosa, obscura, aterciopelada y reluciente, de aquel …”


domingo, 20 de febrero de 2011

Leopoldo Alas, Clarín: La Regenta (***)

            (732 pág., letra muy pequeña; 7’- €; El País)              (6, febrero de 2010)
            Una de las mejores novelas decimonónicas. Vetusta. Esta vez no es adjetivo, es nombre propio. Es el nombre de la ciudad (Oviedo) donde transcurre la acción. Yo no quería leerla porque el título me sugería las desventuras que se vivían en una institución regida por dicha regenta. Nada más lejos de la realidad. Lo que demuestra que no se deben sacar conclusiones a la ligera y que los clásicos hay que leerlos. Por algo han llegado hasta nuestros días.
            La Regenta es una joven casada con un ex-regente (magistrado) que le dobla la edad y que se debate durante toda la obra entre abrazar a Cristo o al hombre más “macizo” de Vetusta. Para alimentar lo primero y desaconsejar lo segundo está la figura del Magistral, cura avaricioso y dominante. Y como fondo a la historia toda una galería de personajes en los que se ridiculiza a la sociedad española finisecular, dominada por las costumbres inveteradas y la Iglesia.
            No había leído un libro que fuera tan descriptivo como éste, puede estar describiendo un paisaje, una estancia o una situación durante líneas y líneas. Hasta los diálogos son descritos, pues en muy pocos hablan los propios personajes. Quizá en algún momento la novela pueda cansar, por tanta duda en el personaje de la Regenta, pero las cien últimas páginas se leen de un tirón.
            En el inicio un homenaje al Quijote y la primera pulla de la novela: “La heroica ciudad dormía la siesta. … Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, …”



eBook: sí.                                www.epubgratis.me