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domingo, 5 de noviembre de 2017

Kazuo Ishiguro: Pálida luz en las colinas (**/***)

(203 pág.; Anagrama)         (59; octubre de 2017)         (Premio Nobel 2017)
No es habitual, vamos creo que es la segunda vez, que le den el Premio Nobel de Literatura a un autor al que he leído y del cual tengo otro libro por leer, así que nada más concedido lo pongo en la lista de libros pendientes.
En esta novela, en línea con Un artista del mundo flotante, una japonesa residente en Inglaterra nos va contando, parca en detalles, retazos de su vida, sobre todo de la vida en Japón después de la Segunda Guerra Mundial y, en particular, de la relación de tuvo con otra mujer que tenía una hija. Decía esta mujer que se iba a ir a Estados Unidos, pero el momento nunca llegaba. No sabemos qué le había sucedido ni, exactamente, qué le pasa a su hija, que no parece estar bien anímicamente. De la mujer que narra la novela tampoco sabemos por qué se fue de Japón, pero nos habla ligeramente de su actual familia.
Le dije a Marisol que al igual que hay esculturas sin brazos, no porque los hayan perdido sino porque esa fue la intención del escultor, este libro es un boceto de historia, no es que esté inacabada, pero sí que va dando la información de gota en gota y, ni siquiera está toda plasmada, pero el lector puede sacar sus propias conclusiones y, de paso, conocer, más, lo que sintió la población japonesa al darse cuenta que con la pérdida de la guerra sus ancestrales estructuras se quebraron.




“Niki, el nombre que al final le pusimos a mi hija pequeña, no es una abreviatura, fue un acuerdo al que llegué con su padre.”


domingo, 22 de septiembre de 2013

Kazuo Ishiguro: Un artista del mundo flotante (**)

(218 pág.; Anagrama)                                               (55; septiembre de 2013)
Un pintor de cierto renombre, tanto a nivel artístico como político, ya jubilado, va desgranando momentos del pasado traídos a la memoria por circunstancias del presente. Así nos hablará de cuando vivió en casa del maestro que le enseñó, de otro con el que adquirió fama, de cuando él, a su vez, enseñó y tuvo alumnos que seguían su corriente estética. Desde sus principios como pintor el estilo y el interés ha cambiado: antes se dedicaban a reflejar la vida del “mundo flotante”, es decir, el de los barrios de diversión, las geishas, pero él mismo dejó de seguir esa corriente.
Como también lo hizo la fisonomía de la ciudad: poco a poco fue desapareciendo lo que él había conocido cuando era joven y ya no queda nada de ese mundo. La novela también habla de su familia y de la situación en Japón después de perder la Segunda Guerra Mundial. El desánimo fue tan generalizado que hubo personas que se inmolaron, no tanto por haber tenido incidencia en el resultado de la guerra, sino por el solo hecho de haber creído que era bueno para su país y haberlo apoyado.
Otra vez Ishiguro (Los restos del día) nos ofrece una visión de un mundo que ha cambiado, no mejor ni peor, pero sí diferente en el que el protagonista se plantea y al que se le replantean situaciones en las que sus decisiones pudieron ser acertadas o no y él, ahora que ya no puede hacer nada, ha de asumirlas. De lectura un tanto interesante por conocer ese momento en Japón, pero lejos de la otra novela mencionada.


“Si un día de sol toman ustedes el sendero que sube del puentecillo de madera, aún llamado por estos alrededores «el Puente de las Vacilaciones», no tendrán que andar mucho hasta ver, entre las copas de dos árboles ginkgo, el tejado de mi casa.”
eBook: perfecto.


domingo, 27 de marzo de 2011

Kazuo Ishiguro: Los restos del día (***)

            (251 pág.; 11’42 €; Anagrama)                                     (17, abril de 2010)
            El hecho de haber visto la película hacía que no me interesara especialmente la novela. Marisol me la aconsejó y ha sido un consejo excelente.
            Lo primero que me ha sorprendido es que el autor tenía menos de 35 años cuando la escribió antes de 1989 y su prosa parece más propia del caballero cincuentón y de principios del siglo XX que son las circunstancias del narrador.
El protagonista y a la vez narrador, va desgranando sus vivencias pasadas en tiempos mejores en un momento de su vida en la que los cambios en su entorno más próximo le hacen perder pie en sus convicciones más básicas, que en este caso se circunscriben a su trabajo, pues es a lo que ha dedicado toda su vida.
A pesar de que esto puede parecer de lectura tediosa, está escrito de tal forma que a las pocas páginas no puedes dejar de leerla, literalmente hablando (y eso que yo recordaba la trama porque la película es fiel reflejo del libro).
            No obstante, también he de decir que a este lector cincuentón alguna línea le ha hecho volver la vista atrás.




“Cada vez parece más probable que haga una excursión que desde hace unos días me ronda por la cabeza.”

eBook: sí.                    http://www.quedelibros.com/