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sábado, 14 de enero de 2017

José Saramago: El Evangelio según Jesucristo (**/***)

(341 pág.; Seix Barral)            (1; enero de 2017)          (Premio Nobel 1998)
Cuarto libro que leo de este autor y, por no repetirme mucho, sólo diré que es de la misma forma de escribir que los otros tres (ver Ensayo sobre la ceguera) que, aunque sin utilizar el humor, también deja al descubierto debilidades de la religión (ver Memorial del convento) y que me costó avanzar en la historia, aunque por motivos diferentes que en Todos los nombres.
En cualquier caso es Saramago puro, es decir, una persona con un conocimiento exhaustivo de lo que habla y de una clarividencia que ya quisiera tener más de uno que viste hábito.
Obvio es decir que la historia trata de la vida de Cristo, por lo que no hace falta añadir nada más, pero es el detalle con el que la presenta (y por eso se me hizo lenta hasta la mitad, más o menos) lo que le da al lector una visión de la época que no suele tener y, lo mejor de todo, es la cuarta última parte en la que brilla la racionalidad de su autor y te muestra una lectura de la base de la religión cristiana que yo no habría llegado nunca a concebir. Espléndido.




“El sol se muestra en uno de los ángulos superiores del rectángulo, el que está a la izquierda de quien mira, representando el astro rey una cabeza de hombre de la que surgen rayos de aguda luz y sinuosas llamaradas, como una rosa de los vientos indecisa sobre la dirección de los lugares hacia los que quiere apuntar, y esa cabeza tiene un rostro que llora, crispado en un dolor que no cesa, ...”


sábado, 20 de septiembre de 2014

José Saramago: Todos los nombres (**/***)

(306 pág.; eBook)              (34; septiembre de 2014)             (Premio Nobel 1998)
Una nueva historia que leo de la pluma de Saramago y nuevamente aconsejada por Marisol, que siempre va por delante. Es la tercera y, de las tres, la más difícil de leer y la que menos me ha gustado, a pesar de que considero que es una lectura muy recomendable.
La dificultad de su lectura estriba, a mi entender, en que es una historia kafkiana: un empleado del Registro Civil colecciona fichas de famosos y un día se adhiere a una de ellas una ficha de una persona desconocida… y le da por saber de su vida y demás.
Las descripciones del Registro, de su estamento, del trabajo que realizan, de cómo es el personaje principal y su forma de actuar, etc., son totalmente de Saramago: un placer leer la prolijidad, la inventiva y aquellas palabras que deja sueltas, como al azar y que te hacen sonreír. Aunque como he dicho, la obsesión que le entra al sujeto por saber de esa desconocida es desquiciante, por lo que la historia hace que el lector, por lo menos en mi caso, no disfrute tanto: una manera de hablar, teniendo en cuenta que una de las otras novelas que leí es Ensayo sobre la ceguera.




“Encima del marco de la puerta hay una chapa metálica larga y estrecha, revestida de esmalte.”

eBook: perfecto.                                            Amazon


sábado, 25 de febrero de 2012

José Saramago: Ensayo sobre la ceguera (**/***)


(421 pág.; Alfaguara)         (2; enero de 2012)            (Premio Nobel 1998)

Saramago nos plantea una fábula en la que las personas van perdiendo la vista de forma inexplicable y tienen que valerse por sí solas, pues al ser de forma colectiva nadie puede ayudar a otro. Y en ese momento afloran los verdaderos sentimientos de cada uno: hay personas altruistas que se ayudan entre sí, y otras que ven la manera de obtener beneficios de las necesidades de los demás.

La narración no utiliza el sistema habitual de una línea para cada interlocutor en los diálogos, sino que mediante comas e iniciando la frase con letra mayúscula va dando paso a los comentarios de cada personaje y, a veces, se intercalan entre ellos explicaciones, con lo que, al principio, se hace un poco extraño, pero esta forma narrativa consigue una mayor fluidez en el desarrollo de la historia.

Esta novela es menos ácida que Memorial del convento (43; octubre de 2010), pero no por ello dejan de haber comentarios propios de su estilo dejados aquí y allí, como por azar. Por ejemplo, y no cito literalmente, un personaje ciego hace un comentario del tipo “dios también debe estar ciego, pues sino esto no habría sucedido”. Claro que esto no puede aplicarse a la vida real.




“Se iluminó el disco amarillo.”

eBook: sí.


sábado, 18 de junio de 2011

José Saramago: Memorial del convento (***)

            (467 pág.; Alfaguara)       (43; octubre de 2010)       (Premio Nobel 1998)
            Si la memoria no me falla, no le hizo ninguna gracia a El Vaticano que le entregaran el Premio Nobel a Saramago. Creía que era por ser comunista (que ya es un buen motivo), pero leyendo este libro se sale de dudas: es por su ateísmo  (¿se puede ser ateo total y radical?; si se puede, este libro lo es).
            Saramago es un ateo clarividente: nos hace ver de manera sencilla y, muchas veces, humorística las contradicciones de la religión católica (¿sólo de ésta o de cualquiera?). Casi en cada página algún personaje deja ir una frase de media docena de palabras en la que deja al descubierto flancos que, obviamente, no puede ver el creyente porque así se le ha educado.
            Pero no sólo es eso este libro, sino que además hace una descripción histórica y social muy detallada del siglo XVIII en Portugal. También describe los trabajos de la época (y lo que costaba realizarlos antes de la revolución industrial) llegando a un detalle pormenorizado que asombra. A mi gusto el mejor ejemplo de esto último, son las páginas que dedica al traslado durante ocho días de una pieza de mármol que pesa veintitantas toneladas a “lomos” de bueyes y hombres. Me sentí totalmente rodeado del sudor y del esfuerzo que costó realizarlo.
            Como creo que es una buena muestra de su fino lenguaje y su vena satírica, ahí van unas líneas:
“… el rey está preparándose para la noche. Lo desnudaron los camareros, … y esto ocurre en presencia de otros criados y pajes, este que abre el gran cajón, aquél que aparta la cortina, uno alza el velón, otro le amortigua el brillo, dos que no se mueven, dos que imitan a éstos y tantos que no se sabe qué hacen ni para qué están.”


eBook: sí.