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sábado, 4 de septiembre de 2021

Marcel Proust: El remitente misterioso y otros relatos inéditos (*/**)

(172 pág.; Lumen)                  (33; agosto de 2021)

En el Día del Libro Marisol me regaló este y me alegró, pues el segundo de En busca del tiempo perdido no pude acabarlo (es un eufemismo ya que no llegué ni a la mitad) y, como creo que el autor es importante valía la pena intentar “recuperarlo”. Vano intento.

El motivo principal es que este libro es para personas a las que le guste Proust, que no deben ser pocas, o bien, que seas un estudioso y quieras ver qué escribió, cómo lo hizo, qué borró… y no te importe quedarte con las ganas de saber cómo acaba el relato, pues la mayoría son inacabados.

En un relato, el que aparece en portada y cuyo inicio figura al pie de la imagen, hay decenas de notas a pie de página, cuando el relato no ocupa más que unas pocas páginas. Tuve que leerlo dos veces, pues con tanto ir a ver las notas no me enteraba de la trama. Es el más interesante de todos.





“<Querida mía: te prohíbo que vuelvas caminando, prepararé el coche, hace demasiado frío, podrías enfermar.>”

El remitente misterioso



sábado, 26 de marzo de 2016

Marcel Proust: A la sombra de las muchachas en flor (II) (*/**)

(leídas 256 de 624 pág.; RBA)                       (18; marzo de 2016)
Hace más de cinco años dije que tenía en cartera la segunda parte de las desventuras de este, ahora ya joven, buscador del tiempo perdido y con ella también yo he perdido un poco del mío: no se hizo la miel para la boca del asno, de acuerdo.
A medida que iba avanzando en la lectura de este tomo me planteaba preguntas como ¿esto es, de verdad, literatura?; no le niego su enorme capacidad intelectual, pero ¿hace falta hacer digresiones de todo lo que se va desarrollando en la historia?; ¿todas las, mal llamadas por mí, acotaciones, que al fin y al cabo son ideas personales del autor, son, filosóficamente hablando, ciertas? (en esta última pregunta se me ha pegado, humildemente hablando, algo de su estilo, pues he puesto seis comas, lejos, muy lejos, de la infinidad de comas y guiones que necesita para desarrollar sus ideas, párrafo tras párrafo, incansablemente, y que el lector, también con el mismo adverbio, irá desentrañando si la paciencia no le abandona, como me ha sucedido a mí cuando llevaba más del cuarenta por ciento).
En resumen, lamento de veras no apreciar en lo que vale, y no lo pongo en duda, esta obra, pero han podido conmigo la salud de un joven que habla con un conocimiento de causa que ya quisiera para mí, con mi edad y para hablar de los hechos de mi vida, pues no podría estar tan seguro como lo está él de cosas que comienza a descubrir, me viene a la cabeza el teatro, por ejemplo; o las reuniones de señoras o de gente importante que salidos de otra pluma, la de Austen o Collins, por citar a dos autores de los que he leído más de un libro, expondrían o criticarían de igual manera, pero el lector apreciaría que la historia avanza, a pesar de los comentarios particulares del autor, y en esta nos alargamos tanto en las disquisiciones que, al final, la historia más que avanzar pega saltos.
No es mi miel.



“Como —cuando se habló de invitar por primera vez a cenar al Sr. de Norpois— mi madre se lamentó de que el profesor Cottard estuviese de viaje y ella misma hubiera cesado por completo de frecuentar a Swann, pues uno y otro habrían interesado seguramente al antiguo embajador, mi padre respondió que un comensal eminente, un sabio ilustre, como Cottard, nunca podía quedar mal en …”



sábado, 4 de junio de 2011

Marcel Proust: En busca del tiempo perdido – 1. Por el camino de Swann (**/***)

(503 pág.; Alianza Editorial)                                      (38; agosto de 2010)
            Como en el caso anterior, este libro era una deuda pendiente, pero había oído hablar tanto de él, en el sentido de su dificultad o pesadez, que no me atrevía.
            No voy a decir que se pueda recomendar a cualquier lector, pues aunque seguro que está muy bien escrito y es muy importante dentro de la literatura universal, hay que cogerlo con muchas ganas y no desanimarse ante el aluvión de palabras que llega a encontrar para describir cualquier cosa: objetos, flores, situaciones, ya digo, lo que sea puede ser descrito utilizando decenas de palabras.
            Además de la enorme cantidad de descripciones que hay en él, están los personajes: el narrador, un niño que se pasa el día soñando con el momento en que su madre irá a darle el beso de buenas noches y que cuando no lo recibe se deprime hasta límites insoportables (esto entre otros rasgos de carácter muy particulares), y el propio Swann, personaje al que se le dedican unos cientos de hojas para relatar sus desafortunados amores o sus cenas con unos amigos que pasan de desear su compañía a menospreciarlo sin dejarle que les acompañe en sus cenas diarias. Además de lo que acabo de describir hay situaciones y vivencias muy particulares.
            Aunque pueda parecer lo contrario no me disgusta haberle dedicado el tiempo que cuesta leer sus quinientas páginas, y tengo en cartera la segunda de las siete partes de las que se compone la búsqueda de ese tiempo que ya no volverá, ni para sus personajes ni para sus lectores.      (dic-10)


“Mucho tiempo he estado acostándome temprano.”

eBook: sí.