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viernes, 26 de septiembre de 2025

Svetlana Alexiévich: Ultimos testigos (***)

(333 pág.; Debolsillo)          (42; septiembre de 2025)      (Premio Nobel 2015)






“Entre 1941 y 1945, durante la Gran Guerra Patria, murieron millones de niños soviéticos: rusos, bielorrusos, ucranianos, judíos, tártaros, letones, gitanos kazajos, uzbekos, armenios, tayikos…)”.



domingo, 31 de agosto de 2025

Svetlana Alexievich: Los muchachos de zinc (***)

(329 pág.; Debolsillo)         (35; agosto de 2025)         (Premio Nobel 2015)

 

Regalo de Anna y Joel por Reyes-25.






“«Estoy sola… Me esperan muchos años de soledad…”.



viernes, 30 de agosto de 2024

Svetlana Alexievich: El fin del «Homo sovieticus» (***)

(642 pág.; Acantilado)         (49; agosto de 2024)        (Premio Nobel 2015)





“Nos estamos despidiendo de la época soviética, de esa vida que no era la nuestra”.



sábado, 1 de enero de 2022

Svetlana Alexiévich: La guerra no tiene rostro de mujer (***)

(364 pág.; Debolsillo)       (52; diciembre de 2021)       (Premio Nobel 2015)

Este regalo de Anna para mi cumpleaños ha sido estupendo y, aunque no te deja indiferente ni contento, te muestra aspectos de la guerra, y formas de enfrentarse a ella, que uno no puede ni imaginarse. Aunque no hay que dejar de lado el hecho de que solo hablan las mujeres rusas, por lo que no se habla de lo malo que pudieron hacer los rusos a los alemanes, también es cierto que los invasores fueron los alemanes y que esto hizo, para mi sorpresa por mi desconocimiento, que las mujeres rusas se levantaran en armas contra ellos. También me ha sorprendido que el gobierno ruso aceptara, hace ochenta años, no solo a mujeres sino a adolescentes, pues a partir de los dieciséis años te permitían entrar en el ejército.

Aunque hay comentarios que expresan que les costó mucho el ser admitidas en el ejército, y más en el frente, porque había mandos que no creían que se tuviera que echar mano de ellas, esas mismas personas explican que fue su empecinamiento el que consiguió doblegar el rechazo inicial. Es muy difícil poder leer todos los relatos y no sentir un nudo en el estómago o la garganta, pues Alexiévich consigue transmitir en un par de párrafos (hay participaciones de un par de líneas y alguna de dos o tres hojas, pero la mayoría no ocupan una página) todo un mundo de terribles sensaciones: desde el hambre más atroz; a los diferentes miedos que se pueden sentir en una guerra, miedos por una misma, por sus hijos o padres, por quedar lisiada y no encontrar a nadie para el resto de la vida; por el contrario al miedo, el poder sacar fuerzas como para arrastrar cuerpos que pesan el doble que una, o vencer los diversos temores que toda persona lleva consigo y poder atender a los millones de heridos que hubo; o bien, tener la fuerza interior suficiente de matar a alguien, ya sea a distancia (hubo muchas francotiradoras) o en el cuerpo a cuerpo.

Todo lo anterior y mucho, mucho más se encuentra en este libro, donde las diversas voces de unas mujeres con estudios o sin ellos, con profesiones o solo amas de casa, nos retrotraen a una guerra que, aunque sea de aplicación a todas las guerras, no debiera haberse producido nunca. Su lectura contradice el famoso proverbio de la imagen vs el millar de palabras: yo no he visto nunca una imagen más clara del padecimiento humano como las muchas que se han formado en mi imaginación, a cuál más terrible. A pesar de ello, considero que su lectura es de lo más interesante e imprescindible.





“–Según los estudios históricos, ¿desde cuándo han formado parte las mujeres de ejércitos profesionales?”



sábado, 19 de diciembre de 2015

Stvetlana Alexievich: Voces de Chernóbil (***)

(408 pág.; DeBolsillo)        (67; diciembre de 2015)       (Premio Nobel 2015)
Esta semana ha recibido el Nobel en una ceremonia semiclandestina: digo esto porque en El País digital no vi ninguna fotografía ese día ni al siguiente y en La Vanguardia impresa, el viernes en primera página no había ni un pequeño recuadro. Debe ser que con las elecciones españolas y los innumerables atentados y guerras no hay sitio para los honores… se lo merezca o no.
El libro es impresionante y emocionante. Entiendo que las voces son reales, pero que ella ha sabido extraer y ofrecer lo que le han contado de la mejor manera posible y el resultado es inmejorable. Hay para todos los gustos: sufrimiento, admiración, incredulidad, enaltecimiento, desolación, y todos aquellos que se quieran añadir. Están todos. Los entrevistados abarcan todos los estratos sociales, culturales y de poder: viudas, madres, esposas, ingenieros, licenciadas en diversas ramas del saber, capitostes soviéticos, bomberos, liquidadores… todos están ahí.
Dejando de lado mi debilidad por ese país, aunque el libro habla de Bielorrusia, que fue la que padeció el mayor desastre debido a la radicación llevada por el viento, no creo que haya nadie que pueda leerlo y no tener ganas de ir a comprobar por sí mismo lo que queda y ver en algún museo lo que era antes del terrible accidente. Si lo que sucedió después fue con la perestroika de Gorbachov no es difícil imaginar lo que podía pasar durante la época soviética. De lectura imprescindible.




No sé de qué hablar... “
Una solitaria voz humana

eBook: comprado en Amazon y con los siguientes defectos: los asteriscos que llevan a las notas son casi invisibles y, como es habitual, no indica el número de páginas, por lo menos en el Kindle básico, que es el que yo tengo.