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domingo, 11 de diciembre de 2022

Leonardo Padura: El hombre que amaba a los perros (**)

(672 pág.; Tusquets)               (83; noviembre de 2022)

Daniela me aconsejó este libro hace unos meses y le dije que lo leería con mucho gusto porque, aparte de que me lo aconsejaba ella, ya he leído dos libros más de este autor y me gustaron. La estrategia de este autor, por lo menos en los tres libros leídos, es coger un hecho real y adosarle un protagonista ficticio que, por una razón u otra, pasa a formar parte de la historia ficticia, pero entra en contacto con la parte real de la narración.

En este caso esperaba más de esta novela, dado que el personaje real era Trotski; y he de reconocer que el primer capítulo me enganchó muchísimo. Hay tres historias paralelas: la del personaje ficticio, la del hombre que tiene dos perros borzoi y, claro está, la de Totski. En cada capítulo se habla de uno de ellos y se van alternando, lo que hace que su lectura sea interesante y entretenida. Pero a medida que avanza la narración los capítulos de Trotski se hacen más largos y sus acciones comienzan a ser repetitivas. Estuve a punto de dejarlo a dos capítulos del final y no fue porque estuviera mal escrito, sino que le sobran páginas.





“–Descansa en paz– fueron las últimas palabras del pastor.”



sábado, 29 de enero de 2022

Leonardo Padura: La novela de mi vida (**/***)

(422 pág.; Tusquets)               (6; enero de 2022)

Marisol me recomendó esta novela hace bastante tiempo y la puse en la lista de los libros a leer. Ya era el segundo libro de este autor que me recomendaba (el anterior fue hace cuatro años) y este mes pasó a ser el primero de la lista y aquí está mi comentario.

“La novela de mi vida” es una supuesta autobiografía que dejó antes de morir el poeta cubano José María Heredia y que, el protagonista de la novela de Padura, intenta encontrar después de solicitar la entrada a Cuba por dos meses porque fue obligado a exiliarse. Padura se basa en la vida de Heredia para crear un personaje paralelo al que le suceden muchas de las mismas circunstancias vitales y crear una historia entre la vida de ambos y la del hijo de Heredia, que también tuvo que ver con la mencionada autobiografía.

Padura es un autor que sabe recrear el ambiente de lo que cuentan sus historias y, de paso, darnos una pequeña lección de historia cubana. Hace exactamente doce años que leí Los detectives salvajes de Bolaño y cuando empecé el libro que hoy nos ocupa me lo trajo a la memoria. Creo que algo hay de similar en este libro, pues en aquel hay literatura y más literatura y también se persigue la búsqueda de algo que, si mal no recuerdo, es encontrar a una poetisa. En cualquier caso, esta novela vale la pena leerla.





“—Ponme un café doble, mi hermano.”



sábado, 25 de noviembre de 2017

Leonardo Padura: Pasado perfecto (**/***)

(240 pág.; Tusquets)                                      (62; noviembre de 2017)
Hace ya algún tiempo que Marisol había leído una obra de este autor y me la aconsejó, luego leyó esta y aún le gustó más que la anterior, así que, pasado el periodo de estar en la lista de aconsejados, la he leído y me he llevado una grata sorpresa.
La acción transcurre en La Habana, el personaje principal es un resacoso teniente al que su jefe llama un día que libra, pues un antiguo compañero de aquel ha desaparecido el día de nochevieja. El desaparecido ostenta el cargo de viceministro de Industria por lo que hay que actuar de inmediato. Además, está casado con la chica que era la más guapa del instituto y de la que estuvo enamorado el teniente.
Padura desarrolla una historia que se remonta unos quince años atrás, cuando los protagonistas eran estudiante de preuniversitario y lo va enlazando con la actualidad y la realidad cubanas. Me ha gustado mucho porque no hay ninguna estridencia ni altibajo, la narración se desarrolla poco a poco pero hace que se lea con mucho interés y así vamos sabiendo a qué pasado perfecto se refiere el título. A ritmo de habanera, tranquilo.



“No necesito pensarlo para comprender que lo más difícil sería abrir los ojos.”