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domingo, 25 de agosto de 2024

Orhan Pamuk: Recuerdos de montañas lejanas (**/***)

(390 pág.; Random House)     (48; agosto de 2024)        (Premio Nobel 2006)

 

Regalo de Anna y Joel en Navidad-23.






“cada palabra”.



domingo, 19 de febrero de 2023

Orhan Pamuk: Las noches de la peste (*)

(leídas 344 de 732 pág.; Literatura Random)        (9; febrero de 2023)        (Premio Nobel 2006)

A Marisol y a mí nos gusta mucho Pamuk. Tenemos nueve libros de él y yo he leído cinco de ellos, por lo que no es de extrañar que le regalara el que hoy nos ocupa y, que ahora, comprara el libro digitalizado para poder leerlo mejor. Lo último que me esperaba es la enorme decepción que me he llevado: ni la historia es digna del autor de Me llamo Rojo ni tampoco los traductores (Xavier Gaillard y Miguel A. Romero) y, mucho menos, los que no se leyeron la traducción antes de imprimirla.

A la vista de que cada vez encontraba más errores (pido disculpas por los que no lo sean), a partir de la página 340 empecé a tomar nota:

pág. 340: “te has puesto las pilas” (¿en una isla turca en 1901?).

pág. 350: “Pero el mayor estuviera como en una nube” (no se entiende) y dos líneas después “estuviera”.

pág. 360: “por el mismo sultán, es decir, por Abdülhamit” (después de casi cuatrocientas páginas leídas no hace falta aclarar quién es el sultán).

pág. 366: “responder a este vacile” (¡qué elegancia de traducción!).

pág. 374: “las pasaban canutas” (en la tónica).

págs. 377, 389 y otra más a la que no he llegado: “para más inri” (¿de verdad hablaban así los turcos de hace ciento veinte años?).

pág. 378: “debemos prestar atención a sentimiento soterrado” (lo que está “soterrado” es la dedicación a la labor encomendada a los traductores y correctores).

pág. 378: “en un contexto tradicional universo simbólico otomano” (esta página es brillante).

pág. 380: “el mayor estaba muy ocupado instruyendo a los soldados de cuarentena, dirigiendo sus movimientos por los barrios donde iban a controlar casa infectadas y problemáticas, o siguiendo al doctor Nuri” (aún estoy digiriéndolos).

pág. 381: “acunaba su pecho en forma de pera” (¿acunar un pecho?, prefiero no comentar).

pág. 381: “de maneras «imprudentes»” (bastaba con el singular).

pág. 383: “pensándose que nadie lo veía” (y aquí bastaba el gerundio sin que fuera reflexivo).

pág. 384: “centralita” (en castellano es el aparato que conecta líneas telefónicas o el lugar donde se encuentra dicho aparato y el texto no se refiere a eso).

pág. 408: “las dudas que habían asaltado al mayor había tenido al asignarles el puesto” (nadie lo leyó).

pág. 418: “después de cincuenta años de medidas reformistas anunciadas por el Estado otomano durante los últimos cincuenta años” (redundantes los últimos cincuenta años).

y la 419 última página leída: “mientras alternaba entre procrastinar y enfrentarse por enésima vez a los problemas más apremiantes del día”. (El entrecomillado aparece en la primera línea de esta página ¡y seis líneas después!).

Si nadie ha leído el texto traducido antes de enviarlo a imprimir ¿por qué tengo que hacerlo yo?




“Esta es tanto una novela histórica como una historia escrita en forma de novela”.



sábado, 14 de septiembre de 2019

Orhan Pamuk: El museo de la Inocencia (**/***)


(645 pág.; Debolsillo)        (45; agosto de 2019)        (Premio Nobel 2006)
Le digo a Marisol que Pamuk escribe para ella, pues aunque no los ha leído todos, no le deben faltar muchos y, nada más se entera de que ha publicado un nuevo libro ya lo tenemos en el lector y, como es el caso, en la estantería. Yo soy como la tortuga de aquel héroe griego: voy más lento y a mi ritmo y, más tarde que temprano, van cayendo. Este es uno de los autores actuales que más me gustan… a pesar de que es muy especial y hay que tener paciencia, pues él también va a su ritmo y no le gusta concretar y por ello se alcanza fácilmente el medio millar de páginas en cualquiera de sus libros.
Y alguna podría ahorrarse, como en esta ocasión. La historia me ha gustado, pues sabe contarla rodeándose de su pasado o del de Estambul, lo que la hace, además de amena, instructiva. Pero en esta novela hay, a mi parecer, mucha repetición de cosas ya contadas y, aunque pueda irle bien al personaje que lo relata, estoy seguro que más de un lector no podrá con ella.
El narrador tiene treinta años cuando se encuentra a una muchacha de dieciocho y se hacen amantes. Ellos son parientes lejanos, pero de distintas clases sociales: ella es dependienta de una boutique y él es hijo de una de las familias más adineradas de Estambul. A pesar de que él se promete a una joven de su misma clase no deja de ver a su amante, lo que le empieza a causar problemas ante el futuro que se le echa encima.
Una brillante radiografía de su ciudad favorita durante los años setenta, de la sociedad turca que empezaba a abrirse a Europa, del cine turco al cual se le dedica buena parte de la novela y de la historia más rocambolesca que uno se pueda imaginar para crear un museo: solo alguien que se puede recrear en el pasado como él lo hace puede ser capaz de llevarlo al futuro. Saber de qué hablo te va a llevar unas cuantas horas, pero es Pamuk y vale la pena pasarlas en su compañía. (Cuando busqué la primera frase del libro para anotarla al pie de la portada leí toda la página y me dieron ganas de seguir: algo tiene que encandila).






“Fue el momento más feliz de mi vida y no lo sabía.”




domingo, 18 de noviembre de 2018

Orhan Pamuk: Me llamo Rojo (***)


(687 pág.; Punto de Lectura) (51; noviembre de 2018) (Premio Nobel 2006)
Hace más de diez años que leí este libro, pues aún no escribía estas líneas, y recuerdo que su final dio consistencia a toda la novela y a olvidar el posible aburrimiento que el lector pueda padecer leyendo sobre los caballos que, en el siglo XVI, pintaban los otomanos. La sensación que he tenido durante esta década era que la mitad del libro hablaba sobre el dibujo de caballos y que su final era de los mejores que he leído nunca. He esperado hasta ahora para repetir su lectura y hacerlo junto con Anna y Marisol. He descubierto más cosas que la primera vez y la he disfrutado mucho más. Marisol ha terminado ahora mismo su lectura y también ha quedado maravillada de la habilidad de Pamuk. Sus vastos conocimientos, su ingenio y amor por Estambul quedan reflejados en todas sus obras. Es una lástima que estas no sean para la mayoría del público, pero vale la pena adentrarte en su mundo y pagar el peaje que ello representa porque puedes estar seguro que no te defraudará.
Está a punto de cumplirse un milenio de la muerte de Mahoma y el sultán desea hacer un libro ilustrado que muestre toda la belleza y bienes que tiene su reino para entregarlo a los venecianos y que lo admiren, tanto por su cultura como por su poderío. Además desea que haya una lámina en la que él aparezca dibujado al estilo occidental, es decir, que sea reconocible y con perspectiva. Como no está permitido aparecer dibujado tal como uno es, se encarga este libro, de manera secreta, a un gran maestro y este contrata a cuatro ilustradores, pero uno de ellos aparece muerto, por lo que se teme que se haya descubierto a qué fin se dedicaban.




“Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo.”


sábado, 9 de septiembre de 2017

Orhan Pamuk: Estambul (***)

(437 pág.; El País)  (42; agosto de 2017; en Huesca)  (Premio Nobel 2006)
Otra vez Pamuk, el primer libro que tuve de él y, en papel, el último por leer. Tenía ganas de leerlo y, a la vez miedo de que no me gustara, de que fuera todo sobre una ciudad a la que estuve a punto de ir y no pude por los atentados que se produjeron en ella poco antes de mi viaje, en otras palabras, de que me aburriera.
Pero es Pamuk y sabe explicar lo mucho que quiere a su ciudad mezclándolo con retazos de su vida, explicando historias de antes de que él naciera, relatando como era el Bósforo y sus mansiones, y contando pequeñas historias que conforman la Historia de Estambul. Es Pamuk.




“Desde niño me he pasado largos años creyendo en un rincón de la mente que en algún lugar de las calles de Estambul, en una casa parecida a la nuestra, vivía otro Orhan que se me parecía en todo, que era mi gemelo, exactamente igual a mí.”


sábado, 28 de mayo de 2016

Orhan Pamuk: Una sensación extraña (***)

(636 pág.; Literatura Random)   (32; mayo de 2016)   (Premio Nobel 2006)
Quizá me tendría que haber dado cuenta mucho antes, pero entre el cine y la lectura hay una gran diferencia: cuando estás viendo una película, salvo excepciones, estás con los sentidos dirigidos hacia la pantalla en la que se te plantea una historia y no la abandonas hasta su desenlace. Para leer, sobre todo un libro como este, deberíamos ponernos cómodos empezar por la primera hoja y no abandonar la lectura hasta llegar a la hoja en la que se nos indica la fecha de impresión, y así esta, la impresión, sería equivalente a la que recibimos cuando vemos una película.
¿Y por qué ahora me he dado cuenta de esto y lo digo? Porque la historia que nos cuenta Pamuk es el desarrollo de Estambul desde los sesenta hasta nuestros días, con una veintena larga de personajes en un mundo desconocido para nosotros, por lo que cada vez que abandonamos su lectura hemos de reencontrarnos con el aire que se respiraba en la novela en esos momentos y las situaciones en las que se encontraban los personajes, y su lectura no mantiene la intensidad que, creo yo, el autor le quiso dar.
Es una novela que, para la gente de mi edad, podemos creer que algo de ello hemos vivido, aun a pesar de las enormes diferencias culturales, sociales y religiosas; pero hemos visto cómo crecían nuestras ciudades y cómo iban desapareciendo los rígidos esquemas sociales, sobre todo en la familia.
La novela se lee con ganas y con mayor interés a medida que va avanzando la historia. Esta tiene un narrador, pero los personajes participan en la narración hablando en primera persona, dando su opinión y haciendo avanzar los hechos. Un buen acierto para una estupenda novela.




“Esta es la historia de la vida de Mevlut Karatas, vendedor de yogur y de boza.”