(326 pág.; Planeta) (44; julio de 2026)
“Si hubiera guardado
todas las nomas de seguridad, Geoff Callahan no habría muerto aquella tarde
nublada en las costas de Australia”.
Leer un buen libro es ver el mundo a través de la ventana que ha abierto su autor.
(326 pág.; Planeta) (44; julio de 2026)
“Si hubiera guardado
todas las nomas de seguridad, Geoff Callahan no habría muerto aquella tarde
nublada en las costas de Australia”.
(459 pág.; El País) (24; abril de 2026)
“La mosca llevaba toda la mañana incordiando al griego,
quien, como si el sofocante calor del desierto, las marchas agotadoras y las
magras raciones no fuesen suplicio suficiente, tenía que soportar ese tormento
añadido”.
(335 pág.; Siruela) (17; marzo de 2026)
Regalo de Anna por San
José de 2025.
“Una mañana, un joven de aspecto adolescente entró en una
librería y pidió ser presentado al dueño”.
(283 pág.; Lumen) (66; diciembre de 2025)
Regalo de Mari en la Navidad
de 2024.
“A estas horas tan tempranas el East River adquiere una fina
capa translúcida, una piel brillante y acerada que parece flotar sobre el río
mismo a medida que el agua pasa del negro nocturno al profundo verde opaco del
día siguiente”.
(leídas 200 de sus 621 pág.; autoedición) (24; junio de 2025)
“Llegaba tarde otra vez y
lo peor era que, en esta ocasión, su excusa no sería creíble”.
(251 pág.; Austral) (52; agosto de 2024)
Regalo de algún compañero
de Novela-I el 23-04-24.
“Cuando me arranco al bosque
de los sueños, a la selva oscura del dormir, y me cobro a mí mismo, me voy lentamente
completando”.
(406 pág.; Lumen) (23; abril de 2024)
“Dos años después de la muerte de mi
madre, mi padre se enamoró de una divorciada ucraniana rubia y glamourosa”.
(272 pág.; Lumen) (16; marzo de 2024)
Recomendado por JP.
“Hay una mujer
de espaldas junto a la ventana, lleva una bata de motivos geométricos que
parece un cuadro de Robert Delaunay”.
(214 pág.; Anagrama) (92; diciembre de 2023)
Escuché en La Cultureta que
este era un libro muy interesante. Qué escuché realmente no lo recuerdo, pero
algo me gustaría de lo que se dijo en ese podcast para que anotara este libro y
se lo regalara a Anna en el cumpleaños de 2022… a pesar de lo poco que llueve, ha llovido desde entonces.
Anna no lo ha leído todavía y yo le
he dicho que sea el último libro de su vida, cuando ya no le quede ningún otro
para leer, porque no es bueno. Labatut elige media docena de personalidades
científicas y se dedica, después de presentarnos la razón de que sean
conocidos, a contarnos que fueron esquizofrénicos, drogadictos o borrachos o
solamente chiflados, y a ello le dedica páginas y páginas, como si fuera lo más
importante de esas interesantes personas.
Si no le he puesto una sola
estrella, sin paliativos, es porque habiendo estudiado física conozco los
nombres que aparecen y las teorías a ellos debidos y, quieras o no, me ha hecho
gracia recordarlo cuatro decenas de años después. Pero los párrafos
desagradables, que los hay, que nos muestra la humanidad (en el bien supuesto
de que sea cierto lo que se cuenta) de esos genios le quita toda la gracia al
libro y, desplazado al ostracismo de los “no volver a leer” hará que, su recién
publicada novela, no la lea nunca porque, además, huele a que utiliza la misma
estrategia que en esta. Lástima de recomendación de un programa que me gusta.
“Durante un
examen médico realizado en los meses previos a los juicios de Núremberg, los
doctores notaron que las uñas de las manos y los pies de Hermann Göring estaban
teñidas de un rojo furioso”.
(224 pág.; Siruela) (54; agosto de 2023)
Acabo de terminar este libro y leo en los agradecimientos que el autor dice que debe mucho a las personas que ha conocido a lo largo de su vida de coleccionista, y eso se nota en la novela: la trama de suspense o la que rodea a la de coleccionista o falsificador es inferior a las dos últimas y, personalmente, me ha interesado bien poco. Si hubiera sido más largo lo habría dejado sin acabar.
El futuro cuñado del narrador es atacado en su casa y le seccionan las dos muñecas dejándole sin manos. A partir de aquí nos iremos enterando de la relación entre su hermana y el narrador y a lo que este se dedica.
“No llegaron a
encontrar las manos”.
(131 leídas de 272 pág.; ) (28; abril de 2023)
Inmerso como estoy en intentar
escribir algo de corte biográfico, que aún no es momento de precisar, Jesica me
aconseja que lea este libro en cuanto a que es auto ficción, aunque ya me advierte
de que no lo termine. Lo empiezo a leer, me fijo en la voz narrativa (que es la
que me gustaría emplear si yo narrase algo así), y no me desagrada.
Cien
páginas más tarde, estoy cansado de ese padre gruñón que, siempre que abre la
boca, su hija pone el comentario entre admiraciones debido a que, más que
hablar, grazna. Estoy cansado de los hechos anodinos de su familia y, por lo
único que lo seguiría leyendo, es por las muchas relaciones que tuvieron con personas
tan conocidas del mundo del arte, la política o la ciencia.
Tenía razón, Jesica, por lo que yo
también lo aconsejo a aquel que quiera leer un libro de auto ficción. (Marisol
leyó otro libro de esta autora y tampoco le gustó).
“Cuando yo era
pequeña y vivía en casa de mis padres, si mis hermanos o yo volcábamos un vaso
encima del mantel o se nos caía un cuchillo, mi padre [Giuseppe Levi] tronaba:
«¡No hagáis groserías!»”.
(192 pág.; Salamandra) (2; enero de 2023)
Rosa nos encarga la lectura de este libro y su análisis
durante las vacaciones navideñas. Me dedico a él los días previos a
Reyes y este día a escribir mis impresiones.
La historia
comienza cuando el protagonista, un general, recibe una carta cuyo contenido
desconocemos y empieza a dar secas órdenes a sus criados. Durante un tercio de
la historia sabremos del pasado de este personaje y de su estrecha amistad con
un compañero de estudios y de armas. La segunda mitad de la novela es un larguísimo
monólogo en presencia de este amigo al que ha esperado durante cuarenta años
para pedirle explicaciones de un suceso. Y esto es lo que mata la historia.
Me ha
parecido una lectura muy tediosa para tan poca satisfacción. La hipótesis de
partida no está mal si el resultado o si la forma de contar la historia hubieran
sido otros.
“El general se entretuvo casi toda
la mañana en la bodega del lagar”.
(leídas 209 de 232 pág.; Acantilado) (85; diciembre de 2022)
Este libro es el décimo que leo de este maestro; mejor
dicho, el décimo que casi leo, pues a menos de treinta hojas del final, no pude
con tanto análisis psicológico.
De los personajes de Balzac, Zweig nos explica que: “como
él son sus héroes. Todos poseen el afán de conquistar el mundo. Una fuerza
centrípeta los lanza fuera de la provincia, de la patria chica, hacia París”.
De Dickens: “Nunca en el siglo XIX hubo en parte alguna
una relación tan íntima e inquebrantable entre un escritor y su pueblo. Su fama
echó a volar como un cohete, pero no se apagó, permaneció como un sol brillando
inalterable sobre el mundo”.
Pero es a Dostoievski, al que le dedica tres veces más de
páginas que a los otros dos autores, al que le hace el estudio más intenso,
filosófico, espiritual y corporal. Basa sus elucubraciones en el alma rusa, el
carácter de sus compatriotas y, para mi gusto, se alarga y alarga tanto, que
llega a agotar al lector o, por lo menos, a este que escribe.
En cualquier caso, prefiero no haberme quedado con las
ganas de haberlo leído. Habiendo llegado al décimo libro, de nadie he leído
tanto como de él, paso a leer con cierta asiduidad a otro autor y volveré a
Zweig mucho más adelante, como me pasa con tanto buen autor que ya he leído.
“Es difícil y de mucha responsabilidad hablar dignamente de
Fiódor Mijáilovich Dostoievski y de su importancia para nuestro mundo interior,
pues el peso y la envergadura de este hombre único requieren una nueva medida”.
(180 pág. leídas de 648; Anagrama) (81; noviembre de 2022)
Una de las cosas que me gustan es leer otro libro de un
autor que ya haya leído y mucho más si el autor me ha parecido muy bueno, como
es el caso. Claro que, lamentablemente, a veces esa lectura no me complace
tanto como las anteriores o, incluso, no llega a su destino, que ha sido lo que
ha pasado en esta ocasión.
En
2018 leí los cinco libros publicados en prosa de Carver y ahora quería leer su
poesía, pero no llegué a las doscientas páginas. Su poesía está escrita en
prosa, es decir, verso totalmente libre, así como la historia: puede decirnos
algo o quedarse en el aire. A mí no me ha dicho nada. A Gallagher, poetisa que fue
su compañera, le parecen unos poemas magníficos. Sin duda que tendrá razón,
pues sabe mucho más que yo. En mi ignorancia, no me han gustado.
“Es
agosto y no he
leído
un libro en seis meses
salvo una cosa titulada The Retreat
From Moscow
de Caulaincourt."
Bebiendo en el
coche
(leídas 122 de 864 pág.; Lumen)(72; octubre de 2022) (Premio Nobel 2007)
El libro está concebido en cinco partes que, a su vez, se
subdividen en dos: la descripción de un cuaderno de los que va escribiendo una
de las protagonistas de la historia y una parte llamada Mujeres libres,
que viene a ser, más bien, la parte más novela. Leí la primera de las mujeres,
un poco del cuaderno azul y el principio de las mujeres 2.
Si nunca has pertenecido al Partido Comunista no es fácil
entender la filosofía intrínseca por la que discuten los personajes de
cualquiera de sus partes, por lo que a mí, que me cuesta seguir ese tipo de
razonamientos, se me hace bastante inentendible e intragable.
Por otro lado, las miradas son: incisiva, escudriñadora,
con curiosidad, de reproche, imperturbable, elocuente, hostil, abierta
hostilidad, con un esfuerzo, con semidesprecio, con dureza, sacando chispas, de
verdad, seria y oscura, de culpa y arrepentimiento. Estas miradas están
entresacadas de las sesenta y cuatro veces que se usa el verbo mirar en Mujeres
libres 1 (sesenta y siete páginas). Yo no tengo capacidad de mirar ni de
imaginar tanta variedad de maneras de hacerlo.
“Las dos mujeres estaban
solas en el piso londinense.”
(172 pág.; Anagrama) (70; octubre de 2022)
Marisol me regaló este libro por Reyes antes de que
hubiera leído el primero que me compré yo. Correr me gustó mucho, pero
el siguiente, que era narrativa ya no me gustó y este ha estado en la misma
línea. No sé dónde he leído que Echenoz es el escritor que sacará a flote a la
literatura francesa, pues están bien apañados, más vale que empiezan a buscar a
otro.
Este Fulmard es un cretino que no sabe hacer nada y
Echenoz decide cogerlo para (de)construir otra de sus novelas que le divierten
(lo dice un crítico en la contraportada) pero que, a alguien como yo, le
aburren soberanamente. Si esta novela tuviera más de doscientas páginas no la habría
terminado. No me apetece ni intentar un resumen y, aunque no lo parezca, la
frase al pie de la portada es la primera de la historia.
“En este punto de mis reflexiones estaba cuando se produjo
la catástrofe.”