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domingo, 27 de marzo de 2022

Robert L. Stevenson: Olalla (*/**)

(49 pág.; -)                  (16; marzo de 2022)

Josep M. escoge este libro de Stevenson para el número veinte del CLC y me dedico a él después del de Machado: el que hoy comento no sale bien parado después de su lectura, a pesar de que ambos son bien cortos. También lo son los de Poe y, a mi parecer, son superiores a este. El cuento de terror es difícil, y cuanto más tiende a la novela más difícil, pues considero que este género, al igual que el humor, es muy propio de la persona y su entorno; es decir, un chiste no hace la misma gracia, o no se entiende igual, aquí que en las antípodas y al terror, sobre todo escrito, le sucede lo mismo.

Y más si la historia en sí no se explica suficientemente ni al principio ni en el desarrollo: un soldado británico viene a España a recuperarse y se aloja en la mansión de una familia que había sido importante y ahora apenas puede subsistir. Le atiende el hijo, que parece no tener muchas luces, de la señora de la casa, y tarda en conocer a esta como a su hija, de la que se siente enamorado antes de conocerla.

Tanto el autor como esta obra están muy bien considerados, por lo que el equivocado soy yo, pero a mí no me ha cautivado en absoluto.




“—Mi misión —dijo el doctor— está ya cumplida, y puedo afirmar con orgullo que bien cumplida.”



domingo, 7 de enero de 2018

Robert L. Stevenson: La isla del tesoro (**)

(269 pág.; El País)                              (72; diciembre de 2017; en Madrid)
Tendría que haberla leído cuando era adolescente y, seguramente, la habría disfrutado más. O tendría que haber leído su Mr. Hyde, pero esta no la tengo. Cada historia tiene su momento, a menos que su fuerza pueda transcender el tiempo y la edad del lector. En este caso el problema es el lector.
Un joven adolescente, hijo de unos cantineros, se relaciona con un marino retirado, malhablado y mal pagador que se esconde en esa pensión. Un día recibe una visita que, a pesar de esperada, lo intranquiliza de tal manera que le confiesa un secreto al muchacho. A raíz de la visita y del secreto conocido comenzará una aventura de la que este que saldrá rico o difunto.




“El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17… y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería...”