sábado, 5 de septiembre de 2020

Emily Brontë: Cumbres Borrascosas (***)

 (414 pág.; Austral)                             (42; agosto de 2020)

Fernanda vino a Barcelona en diciembre del pasado año y, aparte de tener la gentileza de saludarme, me regaló este libro que, curiosamente, ni lo teníamos ni lo había leído, y lo primero ya empieza a ser difícil tratándose de un clásico como este, para lo segundo harán falta varias vidas. Pero puedo decir que estas cumbres han sido holladas en esta vida.

Cumbres Borrascosas, esta última palabra también en mayúscula porque es el nombre de una heredad, consta de la casa principal, mucho terreno y, a una distancia relativamente cercana, otra casa. A esta llega el nuevo inquilino y desea ir a saludar a su propietario, el señor Heathcliff, de ahí la primera frase de la novela. En la casa del propietario ve a dos jóvenes que le sorprenden y, cuando llega a su casa, le pide al ama de llaves que le cuente la historia de la familia, pues ella entró a trabajar en esa casa muy joven y, lo primero que le dice es que el actual propietario era un muchacho vagabundo y sin familia que fue recogido de la calle, lo que sorprende al inquilino, pues ahora es el propietario, a pesar de que los jóvenes llevan los apellidos que figuran en la fachada de la casa principal.

Menudo lío que me he hecho con los nombres (nombres propios, apellidos de solteras y casadas) y la casa donde residen los personajes (pues los hay que llegan a residir en las dos); la novela de mediados del XIX contiene mucha violencia, más psíquica que física, aunque esta impacta cuando aparece; la mística, lo romántico y lo gótico no lo he apreciado tanto como indican sus reseñas, pero eso es un fallo mío y un alma más sensible sabrá apreciar mejor esta excelente novela.





“Acabo de volver de una visita al casero…, el único vecino a quien tendré que aguantar.”



domingo, 30 de agosto de 2020

Juan G. Vásquez: Los informantes (**/***)

(344 pág.; Alfaguara)                         (41; agosto de 2020)

A pesar de que este libro me gustó más que el anterior, tampoco lo tuve fácil, pues el tema de los nombres no lo llevo muy bien y, al principio, aparecen varios personajes que, entre sus nombres y apellidos alemanes, me descolocaban un tanto.

El que habla en el inicio de la novela es un escritor, hijo de un reputado abogado, que ha entrevistado a una alemana que llegó a Colombia huyendo de la Alemania nazi y fue amiga de su padre, por lo que en el libro, fruto de esa larga entrevista, se remueve el pasado, aunque no se menciona a su padre. A este no le ha hecho ninguna gracia, pues considera que lo que sucedió en los años treinta y cuarenta queda muy lejos en la memoria y nadie quiere recordarlo. No es esta la opinión del autor del libro que considera que la vida de la amiga de la familia es suficientemente atractiva para que interese en la actualidad.

Tal como he dicho, el narrador es un escritor que nos cuenta la peripecia con su padre a raíz de haber escrito ese libro, cuyo contenido nos es contado por la amiga de la familia, por lo que casi la totalidad de la historia es conocida a través de alguien que la va relatando mediante largos capítulos y parece que fueran autobiográficos. El trasfondo de la historia trata de los alemanes que huyeron y fueron a residir a Colombia.





“En la mañana del siete de abril de 1991, cuando mi padre me llamó para invitarme por primera vez a su apartamento de Chapinero, había caído sobre Bogotá un aguacero tal que las quebradas de los Cerros Orientales se desbordaron, y el agua bajó en tropel arrastrando ramas y tierra, tapando las alcantarillas, inundando las calles más angostas y levantando carros pequeños con la fuerza de la…”



sábado, 29 de agosto de 2020

Imre Kertész: Liquidación (**)

(152 pág.; -)             (40; agosto de 2020, en Madrid; Premio Nobel 2002)

Ya hacía seis años que había leído un libro de él y tenía ganas de repetir, pues me había gustado mucho, pero con este me he llevado una sorpresa ya que no he conseguido, realmente, entenderlo bien.

La historia comienza en la sala de reuniones de una editorial en la que Keserü, el protagonista de la historia, lleva bajo el brazo la propuesta de editar un libro, pero en la reunión se plantea la posibilidad de cerrar la empresa por sus malos resultados, por lo que Keserü no se atreve a sugerir la edición del mencionado libro. Ahora leemos que esto era una obra de teatro en la que Keserü interpreta uno de los papeles protagonistas y que, con los otros actores, estaban ensayando la escena de la editorial… y me perdí, a pesar de llegar al final y ver que había más mar de fondo todavía.

Supongo que es una hábil construcción de este laureado escritor y que yo no puedo apreciar.





Llamemos Keserü a nuestro hombre, al héroe de esta historia.”




domingo, 23 de agosto de 2020

Yasujiro Ozu: La poética de lo cotidiano (***)

(221 pág.; Gallo Nero)     (39; agosto de 2020, en Monasterio de Piedra)

Dejo de leer el libro anterior y empiezo este que me regaló Marisol en la Feria del Libro de Madrid el año pasado. No lo he encontrado digitalizado, pero me lo llevé por si le pasaba algo a mi lector y así tener algún libro en papel. Me gusta tanto su lectura que lo termino ese mismo día de madrugada.

Es excelente por el enorme conocimiento del cine que tiene Ozu y su cuidadosa manera de exponer sus ideas, en ningún momento se hace aburrido, a pesar de hablar del cine japonés de los años veinte en adelante.

Comprendo que no es un libro para todo el mundo, pero por poco que le guste a uno el cine, su lectura es muy gratificante, pues habla de los inicios de este arte/industria a través de la pluma de uno de sus creadores, siendo muy conocedor de lo que se hacía en Hollywood en esos años.





“Hoy en día los jóvenes lo tienen difícil para convertirse en cineastas.”



sábado, 22 de agosto de 2020

Manuel Vilas: Alegría (*/**)

(leídas 94 de 351 pág.;Planeta)  (38;agosto de 2020,Monasterio de Piedra)

Eva me regaló este libro en Navidad y, como ya he dicho recientemente, el retraso ha hecho que llegara a las vacaciones de verano (en este caso mejor hubiera sido que no hubiera llegado el regalo).

La alegría de este hombre está en construir retruécanos mentales que solo le pueden importar a él; no tiene ni tienen ninguna gracia; todos sus recuerdos terminan siendo belleza y/o alegría (pues como los míos); una pequeña muestra sería la parrafada inicial que figura al pie de la imagen del libro y otra que recuerdo yo, más o menos de donde dejé de leerlo: hizo un viaje a EE.UU. con su hijo y comieron lasaña y a Vilas le asaltan unas lágrimas de emoción cuando ve la bandeja en la basura porque su hijo fue feliz comiendo dicho plato. Pues muy bien: parafraseando a Petronio “coma lasaña, pero no escriba libros”.

Mientras leía ese centenar de páginas me di cuenta de lo mucho que echaba de menos a Trapiello, que me explicaba sus vivencias, al igual que Vilas, y, en cambio, cuánto había disfrutado leyéndolas. Un par de días después nos vimos con Eva y le expliqué mi parecer: resulta que ella también se lo había comprado y lo dejó, más o menos, por donde yo desistí de seguir informándome de tonterías personales que no conducen a nada y, aunque podían ser bellas, no me daban ninguna alegría. Ay, premio Planeta: cuántas alegrías das a los autores y qué pocas a los lectores.





Todo aquello que amamos y perdimos, que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría.”



domingo, 16 de agosto de 2020

Fred Vargas: Bajo los vientos de Neptuno (**)

(491 pág.; Punto de Lectura)    (37; agosto de 2020, Monasterio de Piedra)

Hace unos años leí que esta autora, porque resulta que es una mujer, era de las mejores escritoras francesas de intriga, pero Marisol, que ya había leído unos libros de ella, me dijo que no le gustaba, por lo que se quedó pendiente. La estantería en la que se encuentran sus novelas se está quedando con pocos autores nuevos, así que en esta ocasión he decidido leer uno de sus libros.

Adamsberg, el inspector de esta autora, tiene previsto viajar a Canadá con un grupo de sus subalternos a fin de conocer técnicas de identificación, pero mientras llega el día del viaje, le asaltan todos los antiguos pensamientos sobre la implicación de su hermano en un asesinato. El sigue pensando que fue un juez, pero no lo pudo demostrar antes de que este muriera. Sorprendentemente, un asesinato de las mismas características ha vuelto a producirse y, contra toda lógica, Adamsberg irá diciendo que ha sido ese mismo juez el autor.

La historia es enrevesada, el personal a su cargo tiene unas capacidades detectivescas extraordinarias y, en el colmo de la efectividad, aparece una hacker septuagenaria que se puede infiltrar donde quiera, lo que, personalmente, creo que reduce la calidad de la intriga; no obstante, no deja de ser una entretenida novela.





“Apoyado en el negro muro del sótano, Jean-Baptiste Adamsberg contemplaba la enorme caldera que, la antevíspera, había abandonado cualquier forma de actividad.”



sábado, 15 de agosto de 2020

Eduardo Mendoza: El asombroso viaje de Pomponio Flato (**/***)

(190 pág.; Booket)             (36; agosto de 2020, en Monasterio de Piedra)

Hace unos meses se me ocurrió crear un club de lectura que no encontró más interesados que a Anna y Joel, por lo que lo hubiera dejado correr, pero ellos insistieron y lo que hemos hecho ha sido que cada uno de nosotros cuatro, Marisol se añadió, sugerirá un libro de menos de trescientas páginas para leer en un mes, y este ha sido el primero. Tanto Marisol como yo lo habíamos leído antes de 2009, pues no aparece en estas páginas, y recordábamos que nos había gustado y reído leyéndolo.

Pomponio es un naturalista que llega a Galilea a principios de nuestra era. Todas sus acciones están acompañadas de las mejores intenciones, pero no surten los efectos deseados. No obstante, como se ve que es de buena pasta, Jesús, el hijo del carpintero, lo contrata para que defienda a su padre que está acusado de homicidio y sobre el que pesa la condena de morir crucificado.

El inicio de la novela es muy jocoso y luego se convierte en una novela paródica de la historia sagrada católica, lo que añadido a los juegos de palabras hacen de esta historia una entretenidísima lectura. Se lee muy gustosamente.




“Que los dioses te guarden, Fabio, de esta plaga, pues de todas las formas de purificar el cuerpo que el hado nos envía, la diarrea es la más pertinaz y diligente.”


domingo, 9 de agosto de 2020

Salman Rushdie: Hijos de la medianoche (***)

(795 pág.; Debolsillo)                         (35; julio de 2020)

Escribo estas líneas antes de irme quince días de vacaciones pues, de lo contrario, cuando vuelva no me podré acordar de lo que quiero explicar, así es de portentosa mi memoria. Anna me lo regaló en la Navidad pasada y hasta ahora no lo he podido leer (aún no sé cómo puedo llevar este retraso en los libros que me han regalado). Este autor siempre me ha dado un poco de respeto (algo más que un poco), pues con el revuelo (por llamarlo de alguna manera y suavemente) que se levantó con Los versos satánicos siempre me había parecido que era un autor complicado y, más bien, de ensayo. Me alegro que sacara esta recomendación de alguna publicación y que haya terminado leyéndolo: es un libro estupendo, muy bueno, aunque quizá no sea para todo el mundo. Ya llegaré a ello.

El protagonista de la novela es un joven que está relatando su vida desde el mismo momento de su nacimiento, pues casualmente coincidió con la proclamación de la independencia de la India en 1947 (año de nacimiento de Rushdie). A partir de aquí, va asociando sus vivencias y las de su familia al propio devenir de su país: la muerte de Gandhi, las guerras con Pakistán y Bangladesh, el mandato de Indira, etc. No quiero entrar más en detalles porque hasta el título tiene su razón de ser y soy muy reacio (o lo intento) a no desvelar aquello que avanza lo que el autor ha decidido explicar más tarde.

A medida que lo iba leyendo, y puedo estar muy equivocado, me venía a la cabeza García Márquez y sus Cien años de soledad, de la que creo que es deudor o, cuando menos, homenajea Rushdie, pues la historia de estos Hijos hay que englobarla dentro del realismo mágico (de ahí que crea que quizá no sea para todos los públicos) y encuentro un cierto juego entre los nombres de los personajes de ambas novelas: si en la de García Márquez los descendientes se van llamando igual que dos generaciones atrás, en la de Rushdie todas las mujeres que tienen relación con el protagonista cambian su nombre por otro. En cualquier caso, es notable el trabajo de asociar las vicisitudes del protagonista (¿cuánto hay de la propia vida del autor en ellas?) con los acontecimientos vividos en la India. Sin duda, y sin miedo, vale la pena leerlo.





“Nací en la ciudad de Bombay… hace mucho tiempo.”



sábado, 8 de agosto de 2020

James Thompson: El noveno círculo de hielo (**)

(304 pág.; Roca)                                 (34; julio de 2020)

Marisol es muy aficionada a los libros de intriga y mucho más a comprar libros, aunque ahora solo sean digitales. Desde que tenemos lectores digitales ha adquirido algunos más de seiscientos, por lo que debe salir a una media de dos libros a la semana, más o menos. Esta introducción es debido a que el libro que aparece en la primera línea o en la imagen es de los que cumplen ambas condiciones y, aunque ya no me los encuentre en las estanterías, me los encuentro en el excel donde aparecen todos ellos y así pasan, lentamente, a ser leídos, lo cual no me parece mal, porque de otra manera no leería tantos libros actuales y me relajo un poco de los más raros que acostumbro a leer.

Segunda entrega del inspector Vaara que no sale muy bien parado de la primera, lo que se va comentando a lo largo de la novela, en la que debe dilucidar un par de cuestiones: si un nonagenario héroe de guerra que estuvo con su abuelo en la Segunda Guerra Mundial fue un criminal de guerra y si la espantosa muerte de una mujer fue obra de su amante o de su marido, todo ello aderezado con su miedo a que su mujer pueda perder al hijo que está por nacer.

Aclaremos que el asesinato de la mujer mencionada ha sido hecho de forma espeluznante y, aunque se relata por partes, es demasiado explícito, por lo que puede haber algún alma sensible que pueda quejarse de tanto detalle (yo no creo ser muy sensible, pero me sobró alguna línea). Tampoco es parco en detalles en cuanto a los desplazamientos por Helsinki, pero esto no causa horror. Me parece que ya lo he expresado en alguna otra ocasión, pero este tipo de libros está bastante saturado, por lo que los recién llegados (con relación a los de hace un siglo) han de ser diferentes a los anteriores y pueden caer en excesos. No obstante, su lectura es recomendable y yo solo avisaba.





“El bebé me da una patadita en la mano y me despierta de mi siesta.”



domingo, 2 de agosto de 2020

Stefan Zweig: Miedo (***)

(144 pág.; Acantilado)

No sé cuándo compró Marisol este libro, pero yo lo descubrí el pasado mes y, siendo el autor quien es, no dudé en leerlo. Ya he leído cuatro de Zweig y puedo afirmar sin lugar a dudas que se puede recomendar cualquiera de sus libros sin temor a equivocarse, pues crea historias donde parece que no las hay y todas ellas muy interesantes. Además, de los cuatro libros leídos diría que son todos ellos diferentes y, quizá, el único punto en común sería la tensión que logra crear, como en este, cuyo título no lleva a engaño.

La protagonista aparece en el párrafo que está a continuación de la portada del libro y este párrafo ya nos pone en situación de saber que pasa algo que, por lo menos a la protagonista, le provoca miedo. Poco a poco vamos sabiendo el porqué y, más adelante, el desarrollo de la trama consigue que el lector también sienta esa sensación de desasosiego que te atenaza y que llegas a pensar “si me pasara a mí no sabría que hacer”, como a la pobre doña Irene. Como todos sus libros, imprescindible.





“Al bajar por la escalera de la casa de vecindad donde vivía su amante, doña Irene volvió a sentir cómo se apoderaba de ella, en un instante, aquel absurdo miedo.”



sábado, 1 de agosto de 2020

Elizabeth Strout: Olive Kitteridge (***)

(377 pág.; Mirmanda)                        (32; julio de 2020)

Qué libro tan bueno y curioso, a la vez. No es un libro de relatos, pero los capítulos lo parecen, pues cada uno de ellos explica las situaciones personales de personajes diferentes a los del anterior capítulo, aunque en todos, si no me equivoco, aparece Olive bien como protagonista, bien como mero secundario. A pesar de que los personajes sean diferentes, todos son familiares, amigos (pocos) o conocidos de Olive y así va creando la historia en torno a ella.

Olive Kitteridge es una maestra de matemáticas jubilada y de muy malas pulgas, pues nada le parece bien. Todos la temen o recuerdan con miedo. Sus opiniones nunca son favorables a nadie y siempre cree que nada saldrá como se desea. Su marido, el farmacéutico del primer párrafo, es todo lo contrario a ella, siempre dispuesto a echar una mano y deseoso de que se vean cumplidas las ilusiones de los demás. Con estos mimbres la autora va presentando las personas que tienen contacto con la protagonista y las relaciones entre ellos, junto con las opiniones de Olive, las cuales llegan a ser tan cáusticas y siempre tan desfavorables que llega un momento que uno tiene que sonreír al ver la poca simpatía que demuestra la protagonista. La historia principal está alimentada de muy buenas historias particulares. Estupendo libro.





“En Henry Kittering va treballar molts anys de farmacèutic al poble del costat.”



sábado, 25 de julio de 2020

Tom Wolfe: La hoguera de las vanidades (***)

(636 pág.; Anagrama)                        (31; julio de 2020)

Este es uno de los pocos libros que leí, más o menos, cuando fue publicado, es decir, hará unos treinta años y, me gustó tanto, que lo puse en la lista para repetirlo, como he hecho ahora. Lo he vuelto a disfrutar muchísimo, incluso diría, que mucho más; quizá porque la edad da una mirada más profunda a la posibilidad de perder todo lo conseguido hasta el momento que, teniendo la mitad de años que tengo ahora, no se tiene o puede apreciar. En cualquier caso, lo aconsejo para cualquier edad a partir de la adolescencia, pues antes no creo que se pueda comprender todo lo que entraña.

El protagonista de la novela, aunque es una historia coral, es un reconocido vendedor de bonos de Wall Street: un Amo del Universo, en palabras de Wolfe (luego me extenderé sobre sus palabras). Por un desliz, que descubrirá el lector a su debido momento, la vida se le complicará de manera insospechada y debido a ello, media docena de personajes saldrán a la luz y conoceremos sus maneras de enfrentarse a la vida y sus pequeños e inconfesables secretos que, para cada uno de ellos, es la forma en que se sobrepone a todo lo que en su existencia no funciona como les gustaría o debiera ser, según su criterio.

Wolfe con esos, mal contados, diez personajes construye un edificio en el que queda representada toda la sociedad neoyorquina y, por ende y salvando las distancias, cualquier sociedad del primer mundo. Cada uno de ellos busca sobrevivir a su situación particular, busca conseguir algo que le gratifique la vida que lleva y con las descripciones que Wolfe hace de ellos quedan retratados de una manera que no les favorece. Las palabras que utiliza para crear el ambiente que mejor pueda describirlos o hacer que el lector pueda concebir la situación en la que se encuentran son brillantes onomatopeyas o adjetivos que a otra pluma no se le habría ocurrido y dejan al lector perplejo ante tal crisol de imágenes a través miles de palabras. En esta ocasión valen más las mil palabras, mucho más.





“¿Y qué nos dice luego?”



sábado, 18 de julio de 2020

Natsume Soseki: Botchan (**)

(240 pág.; Impedimenta)                               (30; junio de 2020)

Dos libros de este autor me encuentro en la estantería virtual de Marisol, así que voy a internet a enterarme de quién es y averiguar porqué ella los tiene. Es un escritor, profesor de literatura, que tuvo mucho éxito en los pocos años que vivió, y entre sus obras más importantes está la que hoy comento. Dicen que la distancia es el olvido y no puede aplicarse a este libro, pues ha habido un traductor, un editor, una compradora y un lector, por lo menos. Pero sí que la distancia en el tiempo y en la cultura hacen que no sea lo mismo leer este libro ahora y aquí, que hace más de cien años y por un japonés. También me gustaría saber qué piensa un japonés de hoy en día de las historietas que va contando este “niño mimado”.

Las dos últimas palabras es el equivalente al título en japonés, protagonista de la novela y profesor de instituto destinado a una remota población, por lo que ya hay un choque cultural entre su manera de ver las cosas, como tokiota que es, y los habitantes de ese pueblo. Para él es la primera vez que dará clases, pero eso no le amilana; no obstante, el comportamiento de sus alumnos, de sus colegas y de la propia dirección del centro harán que no se sienta a gusto y que adopte las más extrañas posturas frente a lo que le va sucediendo.

Según la editorial, esta novela “es una de las más hilarantes y entretenidas novelas japonesas de todos lo tiempos”. A mí me ha parecido que estaba bien, que si sabes que intenta plasmar lo extraño que se encontró Soseki en Londres puede que le encuentres un porqué, pero el adjetivo hilarante es para cuando lloro de risa y no fue el caso. Yo diría, más bien, que el personaje es muy singular.





“Desde niño he tenido una impulsividad innata que me viene de familia y que no ha hecho más que crearme problemas.”




sábado, 11 de julio de 2020

P.D. James: El faro (**)

(526 pág.; Bruguera)                          (29; junio de 2020)

Me encontré este libro y, como ya hacía mucho que había leído un libro de ella, lo cogí para leer otro más. No me acordaba de cuál era el estilo de esta gran dama del crimen, pero a poco que llevas leído tiene más de novela de Agatha Christie que de novela negra, aunque con la diferencia de que James elabora mucho más los personajes, tiene casi el doble de páginas que las de Christie, y no se nos reúne en el salón de la mansión para explicarnos cómo ha ido el asunto y todo lo que había detrás que desconocíamos. Entretenida y de una actualidad rabiosa: se declara una infección por SARS.

El faro del título de la novela está en una isla próxima a la Gran Bretaña y se ha convertido en un lugar de lujo para gente adinerada que busca esconderse, casi, de sí mismos. El inspector Adam Dalgliesh, tal y como aparece en las primeras líneas de la historia, es llamado urgentemente porque en la isla ha aparecido colgado del faro el cuerpo de un residente y, como próximamente va a haber una reunión política de alto nivel en la isla, es necesario que no haya ninguna duda sobre su seguridad.



 


No era algo desacostumbrado que el comandante Adam Dalgliesh fuera convocado a reuniones no programadas con personas imprevistas y a horas inconvenientes, por lo común con un propósito específico: podía tenerse la certeza de que en algún lugar yacía un cadáver que reclamaba su atención.”


domingo, 5 de julio de 2020

Publio Virgilio Marón: Eneida (***)

(416 pág.; Alianza)                             (28; junio de 2020)

Parafraseando a Newton, “Virgilio iba a hombros de un gigante”, es decir, de Homero. Joel me regaló este libro hace ya muchos meses y, por fin, lo he podido leer: una delicia. La edición de la que muestro su portada no es cómoda de leer, pues los versos de Virgilio ocupan toda la línea y las páginas están llenos de ellos: abruma. Tuve suerte de encontrar una versión digitalizada con los versos ocupando una línea y media, por lo que la lectura es mucho más fluida y con más de cuatrocientas notas que abrían un recuadro, que es lo más práctico. Las notas detallan todos los accidentes geográficos, los nombres de las ciudades y todo ser vivo o imaginario que aparece, un conocimiento enciclopédico. El libro impreso no tiene ni una nota pero, en cambio, tiene veintisiete páginas de índice onomástico. Entre los dos se puede aprobar una tesis.

La primera parte de la Eneida es como la Odisea: en este caso, el héroe busca un sitio donde volver a vivir después de la derrota de Troya y padece tormentas, pérdidas de naves y tripulación y se ve envuelto en amoríos con una reina. La segunda parte es como la Ilíada, es decir, batalla tras batalla para poder tener un territorio donde asentarse. La diferencia con las obras de Homero es que en las de este, sobre todo en esta última, la repetición es constante y en la de Virgilio no se comete ese “error”, sino que hasta las muertes de los soldados son descritas de formas muy diferentes. Ventajas de ser el segundo y ser tan buen escritor: está considerada la cumbre de las narraciones latinas. Y yo lo he disfrutado, espero que muchos más.





“Yo soy aquel que modulé otro tiempo canciones pastoriles

al son de mi delgado caramillo.”



sábado, 4 de julio de 2020

Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo (***)

(229 pág.; -)                            (27; junio de 2020)

En una noche de cuentos de pesadillas una muchacha de dieciocho años creó este monstruo hace casi doscientos años. Cualquiera que no haya leído el libro o visto la película creerá que el de la portada es al que yo me he referido, pero nada más lejos de la realidad: el título se refiere a un científico y mi calificativo a la sociedad. Ese es el verdadero monstruo. Una novela estupenda que me dijo Anna que la leyera: da gusto ir en un carro con corceles alados.

Está escrita la novela como se acostumbraba hace dos siglos, es decir, mediante una serie de cartas a través de las cuales nos enteramos que un joven quiere encontrar un paso en el Mar del Norte. En su viaje se encuentra con el doctor Frankenstein que le cuenta sus tribulaciones y lo que, a su vez, le contó a él el de la portada. Es difícil que alguien no conozca, poco o mucho, algo de la historia, pero si no se ha leído el libro se pierde toda la poesía y la crítica que entraña. Esta creación pertenece por derecho propio al acervo global.





“Te alegrarás de saber que ningún percance ha acompañado el comienzo de la empresa que tú contemplabas con tan malos presagios.”



domingo, 28 de junio de 2020

Stevenson, D.E.: El libro de la señorita Buncle (***)

(384 pág.; Alba)                                  (26; junio de 2020)

Ya hará dos o tres años que Josep M. me aconsejó este libro y, aunque ha estado en la bodega todo este tiempo, no ha caído en el olvido. Para mi sorpresa, cuando lo iba a adquirir en Amazon, resultaba que Marisol ya lo había hecho y leído, así que me puse manos a la obra y tardé bien poco en concluirla, ya que es muy bueno. Un divertido libro cuya lectura puede recordar otro que también describe a los habitantes de un pueblo, pero con un todo más ácido y menos amable que este. Me refiero a Una vacante imprevista.

Como ya he anticipado, la historia va de contar las vidas de una docena y media de personajes que viven en un pueblo, pero se hace a través de un libro que ha escrito una vecina, tal y como se indica en el título del libro que estamos leyendo nosotros, no el de la Srta. Buncle. Espero que haya quedado claro. En el libro de la Srta. Buncle aparecen retratados con otros nombres todos sus vecinos y, aunque están descritos de una forma que son caricaturas de sí mismos, no son tratados despectivamente ni sarcásticamente, pero no todos soportan verse retratados tal y como son, por tanto, la comedia está servida para los lectores del libro que describe la historia del libro de la Srta. Buncle, claro.





“Una magnífica mañana de verano el sol asomó la nariz entre las colinas y dirigió su mirada al valle de Silverstream.”



sábado, 27 de junio de 2020

George Sand: Cuentos de una abuela (*/**)

(188 pág.; Trama)                              (25; junio de 2020)

Que George Sand era una señora y fue la amante de Chopin lo sé desde la adolescencia y, ahora que me encuentro con un libro comprado por Marisol, del cual no se acuerda de haberlo hecho, veo una oportunidad para acercarme a su literatura. Pero el resultado no ha sido todo lo halagüeño que hubiera deseado. Los cuentos de la abuela han quedado muy anticuados, demasiado para perder el tiempo con ellos.

Con una salvedad: deja patente en estos tres cuentos el deseo de que las mujeres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres de conseguir una buena educación, o cuando menos, una que fuera suficiente. Lo cual es encomiable.





“En lo más recóndito de una agreste región llamada por entonces provincia de Gévaudan, se hallaba el castillo abandonado de Cumbrecorva, solo en aquel desierto de bosques y montañas.”

El castillo de Cumbrecorva



domingo, 21 de junio de 2020

Eugen Ruge: En tiempos de luz menguante (***)

(400 pág.; Anagrama)                        (24; junio de 2020)

El hecho de que Marisol compre libros al por mayor y yo los haya añadido a los de papel de la biblioteca hace que me encuentre con ejemplares que no conozco, además de autores y pequeñas joyas como la presente. La suerte está en elegirlos entre, todavía, tanta oferta que me ofrece nuestra biblioteca (eufemismo, pues yo solo soy el bibliotecario de los libros de Marisol).

La familia a la que se refiera el título, y que me ha traído de cabeza toda la novela debido a que hay tres o cuatro generaciones comenzando por los abuelos de uno y otro lado, provienen de Rusia y Alemania y, algunos de sus miembros se vieron obligados a emigrar debido a las vicisitudes del tormentoso inicio del siglo XX. Está escrita dando saltos, para mí verdaderos tumbos, en el tiempo, yendo de atrás para adelante y viceversa y explicando las circunstancias vividas por los personajes de ese momento.

Aunque por el párrafo anterior pueda parecer que su lectura es complicada, el problema es mío por la falta de memoria, pero, no obstante, las historias que va contando son tan interesantes que aunque no se pueda seguir totalmente, es un placer leerlas porque los personajes son verdaderamente singulares, a la par que el momento en el que transcurren. Vale la pena zambullirse en el maremágnum de esta familia.





“Dos días había estado tirado como un muerto en el sofá de piel de búfalo.”



sábado, 20 de junio de 2020

Ernesto Sabato: El túnel (***)

(113 pág.; Seix Barral)                                   (23; mayo de 2020)

Quiero leer Abaddón el exterminador y en su primera frase advierte de que es importante haber leído antes el libro Sobre héroes y tumbas, que es su segunda novela, y yo entiendo que la primera también tiene que ver con la trama y aquí me ves leyendo esta que no tiene nada que ver, pero que es estupenda.

El personaje principal es un pintor paranoico, pues basta con leer la primera frase del libro que figura al pie de la imagen para darse cuenta de que no está muy bien, que ha conocido a una mujer en una exposición de sus cuadros, pero con la que no ha cruzado ni una palabra. Las siguientes semanas desea volver a verla y cuando sucede no sabe qué decirle, pero quedan para verse nuevamente. A partir de aquí la relación entre ellos dos será cada vez más absorbente por parte de él hasta el desenlace fatal ya anunciado.

La novela me ha sorprendido muy gratamente, pues Anna me comentó que no le había gustado nada y Josep M. me había dicho que la de Abaddón era horrorosa, por lo que yo no creía que fuera a gustarme, así que la lectura ha sido doblemente satisfactoria. Ya veremos en las dos siguientes.





“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”



domingo, 14 de junio de 2020

Robert Musil: Las tribulaciones del estudiante Törless (*)

(100 leídas de 235 pág.; El País)                                (22; mayo de 2020)

Hace más de ocho años y mil páginas después valoré con una sola estrella al hombre de este autor, por lo que no debería haber leído nada más de él, pero como cada año elijo a un autor de los que están en el dique seco a fin de darle una segunda oportunidad y, como este libro me apetecía, pues prometía una historia entretenida y en la que se desgranaran costumbres de un siglo atrás, más o menos, no pude resistir la tentación. Debería haber podido: no había llegado a la mitad del libro que ya hacía rato que me arrastraba entre las tediosas líneas creadas por Musil; todo lo que creí que prometía la portada era una ensoñación mía; este autor es muy aburrido, mucho. Ha conseguido su segunda estrella solitaria.

El estudiante Törless es un adolescente que ha estado siempre bajo el paraguas de sus padres, supongo, pues no es que se aclare mucho en el inicio del libro, y va a parar a una escuela militar para seguir sus estudios. El contacto con sus camaradas, más o menos de su edad, pero con sus propias vivencias, deseos y gustos, hará que su mundo se amplíe, a pesar de que es un muchacho solitario que prefiere dedicarse a pensar sobre la vida y su propio universo. Y el que quiera saber más que lo lea y me cuente. Gracias.





“Una pequeña estación de ferrocarril del tramo que conduce a Rusia.”



sábado, 13 de junio de 2020

Nikolai Gogol: El capote (**/***)

(100 pág.; Nórdica Libros)                             (21; mayo de 2020)

Tenía anotado este libro como interesante de ser leído y Anna me lo regaló por mi cumpleaños del pasado año. La edición es magnífica, con una buena calidad de papel y unos divertidos dibujos, como puede verse por el de la portada. Lo leí en formato digital porque Marisol también lo había comprado, pero luego pasé cada una de sus páginas para ver las imágenes. Después de la rueda, el libro puede que sea el invento más perdurable en su diseño y el más placentero para los sentidos y si, además, no te molesta trastear con ellos, entonces no tiene comparación. ¡Qué buen regalo!

El capote del título es la prenda que desea un pequeño funcionario del estado ruso ya que el que tiene está muy viejo y que después de ahorrar mucho, y mirar con el sastre que se lo iba a confeccionar dónde compraba cada uno de los elementos que lo componen, consigue estrenarlo, pero no todo saldrá como él esperaba. Casi doscientos años nos separan de la realidad que describe Gogol en este cuento, una eternidad, pero sigue siendo interesante conocerla por lo bien contada que está.





“En el departamento… pero será mejor no nombrarlo.”



domingo, 7 de junio de 2020

Rosa Ribas: La detective miope (**)

(288 pág.; Debolsillo)                         (20; mayo de 2020)

Este libro digital está en una de las estanterías de la letra R y, como no he leído nada de Ribas y Marisol ha comprado varios libros de ella me decanto por este. Es una novelita amable con tintes de intriga que queda muy lejos de ser “negra” tal y como dice la frase publicitaria de La Vanguardia que aparece en la portada del libro. Mientras la leía, y salvando las distancias, me acordaba de la detective de la novela de McCall Smith que leí en octubre pasado, por la forma de resolver los misterios que van apareciendo a lo largo de la historia.

La protagonista de la novela, que va aumentando sus dioptrías a lo largo de la misma, había sido detective privado y vuelve a serlo debido a que asesinaron a su marido e hija. Se entera de que con media docena de personas se puede conocer a cualquier otra y, con esa premisa, considera que sus seis primeros casos le irán llevando hacia el asesino de sus familiares. Pobre argumento, pero aceptado este, graciosa resolución. Recomendable a secas, para pasar un buen rato sin mayores complicaciones.





“Muchos detectives privados son ex policías.”




sábado, 6 de junio de 2020

Olga Tokarczuk: Sobre los huesos de los muertos (***)

(240 pág.; Siruela)         (19; mayo de 2020; Premio Nobel 2018-2019)

En 2019 esta autora ganó el Premio Nobel de ese año junto con el del año anterior que no se entregó, de ahí que no sepa exactamente cuál es el que ganó ella. Cuando fui a Amazon a comprar un ejemplar suyo me encontré conque Marisol se me había adelantado y ahora es cuando yo he podido leerlo y, con gran satisfacción para mí, con un resultado bien diferente al de su compañero de premio.

La protagonista es una mujer mayor (no sé si se indica la edad, pero esa es la impresión que tengo) que vive en una casa medio aislada en un monte en Polonia, al igual que una docena más de casas, y lejos del pueblo del que dependen. Es una mujer que se preocupa de la naturaleza, de los animales, que a cambio de una pequeña suma vigila que no suceda nada en las casas de sus vecinos que viven en otra localidad y que solo las usan en verano, pues los inviernos son, climatológicamente hablando, muy duros. También está muy interesada en la astrología y, cuando aparece un vecino suyo muerto, lo primero que le interesa es conocer la fecha de nacimiento para comprobar si ya estaba escrito en su carta astral.

La novela, que catalogaría dentro del género de intriga, es más que eso, por lo que el lector interesado en ella se ha de enfrentar a una escritura sencilla, pero más interesada en describir la vida de la protagonista, de forma pausada y detallada, que en ir a relatar un fallecimiento y su motivo. El hecho de que la conservación de la naturaleza sea la principal preocupación de la mujer también hace que la acción de suspense sea secundaria, otro inconveniente para aquel que espere un texto ágil en la narración de hechos policiacos.  No obstante, si decide leer este libro, se encontrará una historia de intriga en la que lo importante es preguntarse porqué el hombre caza animales sin necesidad.





“He llegado a una edad y a un estado en que cada noche antes de acostarme debería lavarme los pies y arreglarme a conciencia por si tuviera que venir a buscarme la ambulancia.”



domingo, 31 de mayo de 2020

Alfonso Guerra: Una página difícil de arrancar (***)

(642 pág.; Booket)                              (18; mayo de 2020)

No sé si fue la biografía de Agustín Lara que apareció en el diario limeño El Comercio en 1970 con motivo de su fallecimiento, o bien, la de Harry Houdini que también leí en Lima, la primera de las diversas biografías que a lo largo de cincuenta años he llegado a leer, sin que sea notable su número, pero sí el interés con el que las he leído, pues no solo se aprende algo del biografiado, sino que también de las personalidades que llega a conocer, amén de las descripciones de  los momentos y circunstancias que le ha tocado vivir y el cómo se enfrentaron a ellas. Este es el segundo libro que me compré por el cambio de aquél que me regalaron hace casi un año y ha valido la pena.

Decir de qué va este libro es una obviedad, pero no está de más indicar que, como cualquier texto que no es de ficción no todo se puede tomar al pie de la letra, pues la memoria no es perfecta y la mirada del que habla no tiene por qué coincidir con lo que el lector recuerda. Podría poner un par de ejemplos concretos de este libro, pero vale la pena que cada uno extraiga sus propias conclusiones, pues su lectura es indispensable por quién fue, por cómo fue, por lo que representó en España y por la inmensa cultura que tiene y que tanto falta a los que, como él, se dedican a la política. Ayer cumplió ochenta años y dudo que los haya celebrado como los setenta, por la gente que le agasajó, pero vaya desde aquí mi felicitación y agradecimiento por este libro.





El libro que tiene, lector, en sus manos es la continuación de mis recuerdos expuestos en las entregas anteriores Cuando el tiempo nos alcanza y Dejando atrás los vientos, pero es también un compendio general de mi vida política, pues aunque abarca el período que va desde 1991, mi dimisión de la vicepresidencia del Gobierno, hasta la actualidad, se revisan algunos hechos anteriores para…”


sábado, 30 de mayo de 2020

Amado Nervo: Obras completas (*/**)

(110 de 425 pág.; Aguilar)                             (17; mayo de 2020)

En febrero leí cien de las leídas de esta quinta parte y no pude seguir leyendo porque no me apetecía nada dadas las circunstancias que vivimos en marzo y abril por la invasión del Covid-19. Este mes me había propuesto acabar con las trescientas y poco que me faltaban, pero nada más empezar, y a la vista de lo que estaba leyendo, me planteé porqué seguía si las opiniones anquilosadas en el siglo XIX de Nervo no me interesaban para nada y no me aportaban ningún dato de interés. Así que la aventura que empezó, en verso, hace ya muchos meses, se vio truncada de forma abrupta en prosa.

He leído toda su poesía y toda la prosa que informaba de la lengua, la situación social que vivía e historias de personas conocidas por él. No hay porqué comulgar con sus, hoy en día, trasnochadas opiniones o creencias de cómo será la sociedad acabada la Primera Guerra Mundial, creencias que, lamentablemente, no se cumplieron ni de lejos. Disfrutemos de su poesía, pues es magnífica.







“Siempre que muere un hombre ilustre, sobre todo si muere en edad avanzada, pienso:

“¡Qué felicidad: ya no estará solo!”.”

Soledad


domingo, 24 de mayo de 2020

Rosa Regás: La canción de Dorotea (**/***)

(304 pág.; Planeta)                             (16; mayo de 2020)

El premio obtenido por esta novela no es de los que más me fío, pero como la elegí porque no había leído nada de la autora y como por el archivo no se puede adivinar pues todo eso que me he ganado… y el premio merecido. El inicio de la novela es de los muy buenos, pues incita a seguir leyendo y solo consiste en la descripción que hace una mujer de otra, con lo que demuestra buen pulso narrativo y fuerza en la historia.

Y la historia va de que Adelita es una mujer que ha contratado la narradora para cuidar al padre de esta y conservar la propiedad que este tiene en la Costa Brava. La hija vive en Madrid, pero sabiendo cómo cuida la mencionada Adelita a su padre está tranquila. Claro que ojos que no ven… y lo peor son los que no quieren ver. Con el paso del tiempo la angustia se adueñará de la protagonista y el lector no podrá dejar de leer la novela para saber cómo termina. Tensión e intriga aseguradas hasta el final.





“Se llamaba Adelita.”


sábado, 23 de mayo de 2020

James D. Watson: La doble hélice (**/***)

(227 pág.; Alianza)       (15; mayo de 2020; Premio Nobel de Medicina 1962)

Después de haber leído esta historia contada por el otro descubridor de la estructura del ADN me quedé con las ganas, ahora satisfechas, de saber qué había explicado este autor pocos años después sobre su descubrimiento y me alegro de haberlo hecho pues, aunque la parte científica sigue siendo ininteligible para mí, como hay mucha menos y, en cambio, explica muchas más cosas relacionadas con las vidas de ellos y de las personas ligadas de alguna manera con el la búsqueda de la estructura, hace que la lectura sea mucho más amigable e interesante que la anterior.

Watson es un joven de veintitrés años que va becado por las universidades del mundo, después de haber obtenido su doctorado, e investigando cuestiones que le interesan hasta que recala en Inglaterra y conoce a Crick. Solo dos años más tarde harán su famoso descubrimiento creando con ello una nueva rama del conocimiento: la Biología Molecular. Las opiniones de Watson sobre las personas que conoce, la ciencia y los científicos en general, si no son sinceras, aunque lo parecen, por lo menos sí son radicales, pues no soslaya la enemistad entre ellos o la falta de sintonía, ni la de ciertos conocimientos. En resumen, una historia contada de manera muy interesante.





“Nunca he visto actuar a Francis Crick con modestia.”




domingo, 17 de mayo de 2020

Ramiro Pinilla: Solo un muerto más (**)

(280 pág.; Tusquets)                           (14; mayo de 2020)

El hecho de que Marisol sea una compradora y lectora compulsiva hace que la biblioteca se amplíe notablemente con el tiempo y, aunque ahora casi solo entran digitalizados, hay un notable incremento de autores nuevos para mí de los que nunca he oído hablar, pero que, poco a poco, voy conociendo, como es el caso presente.

El protagonista de la novela es un librero que se lamenta de haber escrito diecisiete libros y que no le hayan publicado ninguno. El original del que hace ese número decide ligarlo a una piedra y lanzarlos al mar, para lo cual se va a la playa del pueblo en el que vive y en el extremo de la misma se deshace de él. Cansado de idear historias sin futuro se percata de que en ese mismo lugar hubo un terrible homicidio en el que murió un joven y no se pudo dilucidar quién lo había cometido, por lo que decide investigar lo que sucedió una década atrás y escribir un libro sobre ello.

Pinilla convierte a un librero amante de las novelas negras de la época dorada en un detective norteamericano en el País Vasco que investigará el truculento asesinato sucedido durante la guerra civil española. Entretenida e interesante a partes iguales.







“Mis suelas se arrastran por la playa camino de la mar.”




sábado, 16 de mayo de 2020

Fernando Aramburu: Avidas pretensiones (**)

(416 pág.; Seix Barral)                                   (13; mayo de 2020)

Marisol repite obra del autor de Patria y se troncha leyéndola, tanto es así, que me insta a que deje mi orden de lectura y la lea a continuación para que le dé mi parecer. Como a mí también me gustó mucho la ya mencionada, cuando acabo la anterior me dedico a esta.

En un pueblo perdido de no sé dónde, en el convento de unas monjas, se reúnen docena y media de poetas como cada año, para reencontrarse y entregar al que presente la mejor composición el laurel que así lo acredita. A medida que van apareciendo nos enteramos de qué pie cojea cada uno de ellos, la mayoría de envidia, de querer ser proclamados ganadores de la justa y, salvo un par, con ganas de tener relaciones sexuales de cualquier índole.

Lo que no me ha gustado de esta novela es el exceso de sexualidad y de mal gusto escatológico. Dicho esto, sus puntos fuertes son la idea de la reunión de poetas que se conocen entre ellos y que saben qué es lo que cada uno de los demás quiere (y que también quiere el que lo sabe); el juego de palabras que usa más de una vez (y las que se me habrán escapado); así como frases de poemas conocidos (ídem, al paréntesis anterior); y, cómo no, alguna situación realmente divertida.

Cuando acabé de leerla le di mi opinión a Marisol y le comenté que, a pesar de que no me parece una mala novela, no me gustó como a ella y le planteé la posibilidad de que hubiera sido escrita por Mendoza o Lodge: habrían sido más elegantes y sacado punta a la historia y no, es un decir, parecer que ha querido ajustar cuentas.






“El coche fúnebre entró en Morilla del Pinar por la única carretera del pueblo.”