domingo, 25 de septiembre de 2016

Dante Alighieri: Divina comedia (***)

(544 pág.; Austral)                                         (64; septiembre de 2016)
A finales de septiembre y es el primer libro que he leído este mes, pero entre la boda de Raquel y Pedro, la ausencia de Jacqueline y las nuevas pastillas para dormir, que por ahora lo consiguen, no doy para más. Y el texto, además, tiene su aquel.
Dante imagina en 1308 que su amada Beatriz, ya fallecida, le envía a Virgilio para que conozca los lugares a donde van a parar las almas según la religión católica, y describe su viaje a través del infierno, el purgatorio y el cielo como si lo iniciara en 1300, lo que le da pie para aventurar sucesos futuros. Es increíble la imaginación que demuestra, el conocimiento que tiene de las sagradas escrituras, de la historia, de los mitos y leyendas griegos y romanos, del conocimiento del mundo que se tenía en su tiempo… ¡me ha dejado admirado!
Tengo muy claro que no es un libro para aconsejar a cualquiera, pues si no le interesa alguno de los temas que he comentado en el párrafo anterior, no le va a significar nada, pero por pequeña que sea la curiosidad creo que vale la pena su lectura, a pesar de sus repeticiones, de su distancia con nuestro tiempo y de la necesidad de leer las setecientas notas para entender que quiso decir o a qué se debe lo que dice, pues sin ellas nada tiene sentido. Interesante introducción que ocupa unas setenta páginas. Para finalizar: quien no figura en este libro es que no fue nadie antes de 1300.




A la mitad del camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto.”


domingo, 18 de septiembre de 2016

Arturo Pérez-Reverte: Hombres buenos (**)

(582 pág.; Alfaguara)                                    (63; agosto de 2016)
Este libro lo terminé de leer en agosto, pero la vuelta al trabajo, la boda de Pedro y la ausencia de Jacqueline han hecho que lea y escriba menos.
A Pérez-Reverte lo leí cuando era joven y sus novelas, que me parecían interesantes, siempre me parecieron mal acabadas. Hace más de tres años leí su tango y ahora he leído a estos hombres por la misma razón: Marisol los compra.
Resumen de la historia: dos académicos de la Real Academia de la Lengua van a comprar a París la Enciclopedia de Diderot al poco de ser publicada, es decir, en el siglo XVIII, a pesar de que estaba prohibida en España y por la iglesia.
Esta historia real le da pie a Pérez-Reverte a explicarnos que se ha documentado hasta la saciedad, que ha recorrido el posible camino que recorrieron tres siglos antes los académicos, a presentarnos el París de la época de la Revolución, las costumbres de la nobleza del momento, y a personas que él conoce en París y que le han ayudado en la búsqueda de documentos y a demostrar, una vez más, que tiene oficio… y que puede acabar una novela sin que yo arrugue la nariz. Pero creo que esta vez falla porque la historia es mejor que la dramatización. Y que el autor, sus obras y sus ideas aparecen demasiado a lo largo de la narración, aunque pueda ser interesante saber cómo se confecciona un libro basado en una historia verídica. Impagable la burla que se dirige a sí mismo al inicio del libro con el “bailarín murciano”. Al final del texto del siguiente enlace está el porqué.




“Imaginar un duelo al amanecer, en el París de finales del siglo XVIII, no es difícil.”


sábado, 10 de septiembre de 2016

John Connolly: El ángel negro (**)

(456 pág.; Tusquets)                                      (62; agosto de 2016)
El prefacio es para cerrar el libro y dejarlo correr, pues poco más o menos se nos indica que un detective estadounidense se las tendrá que ver con los ángeles caídos y convertidos en demonios, entre otras banalidades humanas.
Como no es cuestión de ceder por tres páginas lo empiezo a leer y, a mi parecer, en las cuestiones humanas Connolly escribe de una manera muy realista, cruda y sórdida, y sin llegar a ser abrumador, va explicando historias adyacentes a la principal. En resumen interesante, pero, muchas veces hay un pero, cuando aparecen los ángeles negros ya es otra cuestión. Cuestión de gustos.
Las descripciones que da de cementerios, abadías, situaciones de la segunda guerra mundial, están muy bien e interesan al lector en la trama, la pena es haber necesitado estos seres mitológicos para el desarrollo de la novela. En cualquier caso es legible.




“Entre guirnaldas de fuego cayeron los ángeles rebeldes.”


domingo, 4 de septiembre de 2016

Colleen McCullough: Las mujeres de César (***)

(833 pág.; Planeta)                                        (61; agosto de 2016)
Cada año entre verano y otoño cae un libro de esta autora y ya quedan menos por leer de los ya leídos, ¡mala suerte!
Las mujeres de César son su madre, su hija, su amante fija, su esposa difunta, su nueva esposa, las vestales, y toda mujer noble de cuyo marido se quiera burlar César. Pero no sólo de esto habla el libro: como ya nos tiene acostumbrados esta autora, nos habla de decenas de personajes que conformaron el universo de Roma durante la vida de César y de cómo este, por sus conocimientos y saber ganarse a las personas fue alcanzando todas y cada una de las metas que se fue proponiendo. Y se propuso muchas.
El libro es muy gordo, para qué negarlo, pero sus más de ochocientas páginas están llenas de historias que no aburren y que apasionan y que hacen que desees seguir leyendo más y más.




“–Bruto, no me gusta el aspecto de tu piel.”


sábado, 3 de septiembre de 2016

Lawrence Durrell: Mountolive (***)

(512 pág.; Edhasa)                                 (60; agosto de 2016; en Nápoles)
Tercera entrega del cuarteto de Alejandría y que, a la espera de la última, es la que más me ha gustado.
El personaje que da título a la novela es un joven diplomático que, con el paso del tiempo, llega a ser embajador en El Cairo y conoce a Justine y a otros personajes de esta saga.
Este libro me ha parecido mejor y más entretenido que los dos anteriores por varias razones: vemos la ascensión de Mountolive en el mundo diplomático y sabemos de su primer amor (que tiene una importancia fundamental en la trama de la historia); nos habla de los coptos y su sentimiento de haber sido desplazados de su lugar natural en la Administración egipcia; aparece en la novela el conflicto árabe-israelí en el que los coptos quieren intervenir y, en el trasfondo de todo esto, El Cairo y Alejandría.




“Como joven que prometía mucho más de lo común, lo habían enviado a Egipto por un año, a fin de mejorar su dominio del idioma árabe; y se encontró agregado a la Alta Comisión como una especie de escriba, esperando su primer puesto diplomático; y ya se comportaba como un joven secretario de legación, con plena conciencia de las responsabilidades del futuro cargo.”


domingo, 28 de agosto de 2016

Randall Collins: El caso del anillo de los filósofos (*)

(180 pág.; Valdemar)                          (59; agosto de 2016; yendo a Atenas)
Hace muchos años leí un libro de Conan Doyle y no me gustó, así que cuando tuve que elegir un libro de la estantería en el que estaba este pensé que, aunque no era del mismo autor, el personaje merecía una segunda oportunidad… y a este paso última.
Sherlock Holmes es un detective que extrae conclusiones únicas de donde podría concluirse una docena de posibilidades y así avanza en sus investigaciones (y en este libro con un Watson que más que doctor parece iletrado).
Hablar de la historia de que trata es perder el tiempo pues me ha parecido un sinsentido, aunque desconozco si los caracteres de los filósofos o matemáticos que aparecen en ella eran como se los describe y, en ese caso, tendría un valor que yo no he sabido apreciar. Aunque esto no me va a quitar el sueño.




“Las aptitudes intelectuales de Sherlock Holmes, sumamente perspicaces, estaban muy en armonía con las cuestiones que son útiles a la hora de detectar el crimen.”


sábado, 27 de agosto de 2016

Pierre A. Chordelos de Laclos: Las amistades peligrosas (***)

(409 pág.; Planeta)                              (58; agosto de 2016; yendo a Kotor)
El autor llegó a ser mariscal de campo, pero no ganó la gloria con esta novela que dejaba al descubierto algunos comportamientos indignos de la digna nobleza francesa. A través de 175 cartas nos cuenta una historia que transcurre a lo largo de poco más de cinco meses. Un ejercicio literario muy interesante que no aburre al lector, a pesar de que sólo va enterándose de los acontecimientos por las cartas que media docena de personas se escriben las unas a las otras.
La marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, antiguos amantes, se cartean contándose sus aventuras. Son amigos y a través de sus cartas se van informando de sus lances amorosos y los desengaños que dejan a su paso pero, además, se tientan a superar las hazañas amorosas conseguidas hasta el momento, prometiéndose encontrarse en el lecho si todo sale como cada uno de ellos espera. Pero ambos son orgullosos y también se van lanzando pullas en su correspondencia, lo que va haciendo que esa supuesta amistad vaya erosionándose y dejen entrever que aunque sean nobles no siempre destilan nobleza. Muy entretenida.




“Ya ves, mi buena amiga, que cumplo mi palabra y que los gorros y los perifollos no llenan todo mi tiempo; siempre me quedará un ratito para ti.”


domingo, 21 de agosto de 2016

Richard S. Westfall: Isaac Newton: una vida (**/***)

(320 pág.; Akal)                                                     (57; julio de 2016)
Este libro es el extracto de otro del mismo autor que llegaba a las mil páginas, cosa que se agradece, y admito que no alcanzo a comprender qué más podía decir de Newton, pues con este que no llega a un tercio se explica su vida, sus costumbres, sus descubrimientos, sus trabajos como funcionario, sus creencias y su carácter. De este último hay que decir que si bien al principio de su vida e incluso de sus primeros descubrimientos trataba de pasar desapercibido y obviar las posibles discrepancias, una vez alcanzada la gloria y siendo presidente de la Royal Society usó y abusó de su poder para defenderse de los ataques que recibía y para propinar algún que otro coscorrón en las cabezas que no opinaban como él.
Soy consciente de que este libro no puede interesar a la mayoría de personas, aunque sea una buena biografía de uno de los genios más grandes que ha tenido la Humanidad, pero por una serie de detalles anecdóticos que se descubren dentro de él, como por ejemplo con cuanto se podía vivir holgadamente a mediados del siglo XVII o que el latín era la lengua franca entre los científicos todavía en el XVIII, los que lleguen a leerlo disfrutarán de ello y de la larga vida de Newton, que dio para mucho pues comenzó sus descubrimientos mientras todavía era un estudiante.




“Isaac Newton nació en las primeras horas del día de Navidad de 1642, en la mansión de Woolsthorpe, situada cerca del pueblo de Colsterworth, siete millas al sur de Grantham, en el condado de Lincolnshire.”


sábado, 20 de agosto de 2016

Mariano J. de Larra: El doncel de don Enrique el Doliente (***)

(360 pág.; eBook)                                          (56; julio de 2016)
Esta es la única novela que escribió Larra y está basada en hechos históricos. Está escrita con el castellano que se debía usar en la Edad Media (por ejemplo, con los pronombres añadidos al verbo), pero inteligible actualmente. Claro que hay algunas palabras que no aparecen ni en el diccionario, pero a mí no me molesta esta forma arcaica.
El doncel, que no es más que un caballero a las órdenes del rey, es valedor de la honra de la protagonista que asegura que su señora ha sido asesinada por el esposo de esta, ya que este quiere convertirse en comendador, para lo que no ha de estar casado.
La novela es una novela romántica (hay amores que hasta llegan a matar), de aventuras de caballeros (cuando esto significaba que debían atender a mujeres que no se podían defender y a inválidos), de duelos y lances, de nobles y menos nobles, de reyes enfermizos y criados que son leales a sus amos; en resumen, no falta de nada en esta historia que nos lleva de la pluma de su autor a un tiempo tan lejano de nuestra propia historia.




“Antes de enseñar el primer cabo de nuestra narración fidedigna, no nos parece inútil advertir a aquellas personas en demasía bondadosas que nos quieran prestar su atención, que si han de seguirnos en el laberinto de sucesos que vamos a enlazar unos con otros en obsequio de su solaz, han menester trasladarse con nosotros a épocas distantes y a siglos remotos, para vivir, digámoslo así, …”


domingo, 14 de agosto de 2016

Luisa Castro: La segunda mujer (**)

(317 pág.; Seix Barral)                                              (55; julio de 2016)
En esta estantería quedan pocos autores nuevos entre los que elegir y menos que estén digitalizados, por lo que cojo este libro, leo las portadas y solapas y paso a leerlo en el lector.
Una joven escritora gallega, la mejor de su generación según ella, se encuentra en Italia con un crítico de arte catalán treinta y cinco años mayor que ella. El le pide hacer el amor y ella lo hace casi por curiosidad. A partir de ese momento, para él ya es como si estuvieran casados y la va presentando a su enorme familia, incluidas su ex mujer y su amante, que más de una vez comen juntos. Ella va aceptando los términos de esa relación y también lo lleva a conocer a sus padres. Cualquier solicitud por parte de ella de mayor intimidad en su casa, pues cualquiera de la familia entra sin avisar o va a comer, o de hacer algún cambio en el hogar es vista como una afrenta a lo ya establecido.
Cuando iba por la mitad de la novela llegué a pensar si se decantaría por una historia en la que el marido acosa psicológicamente a la mujer y también me estuve planteando si estaba bien escrita pues, al fin y al cabo, explica una relación entre una joven y un hombre mayor en la que él hace su voluntad y ella, a pesar de todas sus dudas, se amolda a él y cree que todo va bien haciendo una y otra vez el amor, lo que como historia no deja de ser monótona. Cuando la acabé hablé con Marisol y me dijo que era semi autobiográfica, pues la protagonista femenina ha vivido exactamente lo mismo de la autora, así que dejo al interés de cada uno su lectura.




“Después de sus conferencias, y tras la cena que siguió con los anfitriones de la universidad, la joven novelista invitada Julia Varela y el veterano crítico de arte Gaspar Ferré se quedaron solos en el pasillo del hotel.”


sábado, 13 de agosto de 2016

Evgueni Evtuchenko: Entre la ciudad Sí y la ciudad No (**/***)

(180 pág.; Alianza)                                        (54; julio de 2016)
Leo en el prólogo del editor la complejidad de hacer rimar en castellano los poemas de este autor, no sólo por el hecho de la traducción desde el ruso, sino porque hay versos con rimas en medio de ellos. Dado que no tendría bastante con una vida para aprender ruso y poder apreciar esas rimas me gustaría que alguien que sí lo supiera me leyera estos versos y poder reconocer esos sonidos consonantes.
Con ello ya he dado a entender que sus poemas me han gustado, pues a falta de rima, el mensaje sí es claro: defensor de la naturaleza y de los animales (seguramente un adelantado a su tiempo), del oprobio causado por el hombre, de su avaricia y codicia, en resumen, crítico con la sociedad que le tocó vivir (y que no debió ser fácil en los años sesenta en Rusia). También los tiene sentimentales, pero en esta selección, realizada por él mismo, brillan y son más numerosos los del primer tipo.
Este poeta está todavía vivo mientras escribo esto y recibió muchos honores en el pasado, sobre todo en su propio país, todo lo cual me ha llenado de satisfacción por él.




“En el cuarenta y uno,
                                    en Tchistopol,
año sin pan ni sol,
en el mercado           
                         nevado
                                      sacaron un tonel,
un enorme tonel
                            de miel.”
La miel   (parte del poema)


domingo, 7 de agosto de 2016

Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray (***)

(283 pág.; Austral)                                         (53; julio de 2016)
De la lista que le di a Anna para que me regalara un libro por mi cumpleaños Iván me regaló este, lo que fue una agradable sorpresa pues no me lo esperaba. Lo he leído en un archivo digital que he encontrado gratis, pero he pasado todas las páginas del libro por la cantidad de notas a pie de página que tiene y que dan mucha información en relación a lo que describe en el texto.
De este autor he debido ver un par de sus obras de teatro, pero no las he leído (ya llegará) y tampoco había leído este libro, la única novela que escribió y la que cinco años más tarde de su publicación, en la cúspide de su fama, provocó que lo declararan culpable de homosexualidad condenándolo a dos años de prisión. Cuando salió de ella apenas le quedaban unos años de vida y murió arruinado y exiliado en Francia.
La novela es fantástica, pues aúna el Wilde que conozco por sus chispeantes diálogos, críticas a la sociedad victoriana y frases lapidarias de sus obras de teatro (y que le dieron la fama y el reconocimiento del público), con el Poe que recuerdo haber leído hace años. Es decir, en toda la novela hay frases que critican y ridiculizan actitudes de la época en la que vivió Wilde junto con el misterio y la tensión de los relatos del escritor norteamericano. Este libro es suficientemente conocido para que no haga una breve sinopsis y suficientemente bueno, también, para que merezca una lectura.




“La fragancia de las rosas llenaba el estudio y, al soplar entre los árboles del jardín la suave brisa estival, entraba por la puerta abierta el fuerte olor de las lilas o el perfume más sutil del rosado espino en flor.”


sábado, 6 de agosto de 2016

Roberto Cazorla: Que un gallo me cante para morir en colores (*/**)

(136 pág., Betania)                                        (52; julio de 2016)
El año pasado nos vimos con Pedro y Raquel en Lérida y de su cargado maletero sacó unos libros que me traía. Entre ellos había varios de este, desconocido para mí, poeta cubano. He intentado buscar una versión digital de este libro, pero no la he encontrado, por lo que he concluido que a la poesía aún no le ha llegado la digitalización, pues no es con el primero que me pasa, así que lo he leído “a pelo”.
La portada es una escultura, aunque no lo parezca, y así se me quedan los ojos después de leer, sobre todo, la prosa de Cazorla, pues si de los poemas algo he entendido, no ha sido así de sus textos.

No voy a insistir lo impermeable que soy ante este arte, pero sí que me ha quedado claro de este autor que se lamenta de ser un exiliado, de no poder ver, sentir o respirar su Cuba natal y que canta a la muerte. Poco es.




“Quizá me muera de cáncer,
del corazón,
de la enfermedad que Dios
me haya destinado,
pero ninguna será peor
que la de ser un exiliado.”
Destinado


domingo, 31 de julio de 2016

Carmen Laforet: La insolación (**/***)

(200 pág.; Destino)                                        (51; julio de 2016)
Entre su primer libro, que fue el primero que leí de ella, y este, que es el último publicado durante su vida, transcurrieron diecinueve años. Aún le quedarían cuarenta y uno más de vida, pero no se publicaron más que algún libro de relatos y recopilatorios, pues una enfermedad consiguió silenciarla, lo que no había conseguido el entorno de aquella España en la que vivió y desarrolló su obra.
En esta novela, que es la primera de una trilogía inacabada, un adolescente se encuentra durante el verano que pasa con su padre, un militar casado en segundas nupcias, con dos hermanos adolescentes y solitarios, ella mayor que él, y también pertenecientes a una familia desarraigada. Durante los tres veranos de los años cuarenta en los que transcurre la historia iremos conociendo poco a poco cómo se van haciendo mayores, cómo pasan esos meses de la canícula y, ya casi al final, el desarrollo mental del protagonista de la novela y sus aspiraciones en la vida.
El tono de la novela es como el de Nada, apagado, mustio, tal y como corresponde a la España que le tocó vivir a su autora y que ella muestra a través de esos tres jóvenes y la media docena de adultos que son sus familiares directos y que, hoy en día, parecerá poco creíble a los jóvenes que no pasen del medio siglo.




“Era como viajar hacia el centro del mismo sol.”


sábado, 30 de julio de 2016

Juan R. Jiménez: Lírica de una Atlántida (*/**)

(495 pág.; Galaxia Gutemberg)   (50; julio de 2016)   (Premio Nobel 1956)
Al igual que se come por los ojos, también se lee por ellos. Hace ya tiempo que se los tenía echados a este libro porque su editorial es una de las más cuidadosas con la presentación, a la vez que interesantes sus contenidos. Así que cuando le ha llegado el turno de repetir este autor he cogido este libro (el último que tenemos de él y no lo he encontrado en digital libre) con muchas ganas.

La presentación del editor me ha puesto en antecedentes: aquí están todos los poemas que escribió Jiménez desde que salió de España cuando estalló la guerra civil, casi veinte años de trabajo y altibajos en su frágil salud. Las notas al final del libro, que ocupan un centenar de páginas, dan mucha información de cada uno de los poemas y se nota que Alfonso Alegre ha dedicado buena parte de su vida a almacenar tanto conocimiento del autor y del cómo, porqué y cuándo concibió, escribió o publicó cada uno de ellos. Ha sido un placer su lectura.

Y ahora a lo importante: lo escrito por el poeta. El miércoles pasado estaba viendo un concurso de cocina en la televisión y uno de los grandes cocineros del mundo enseñaba a los concursantes a confeccionar su steak tartar: estuvo unos veinte minutos y utilizó un sinfín de productos y medios de elaboración diferentes. Yo le dije a Marisol que si me lo servían a mí sería como desperdiciarlo, pues me sería imposible apreciar los múltiples sabores que se encontraban en ese plato y menos adivinar lo que se había utilizado y cómo.

Yo tengo un conocimiento más que suficiente del castellano, por lo menos así lo creo, y las palabras que aparecen en los poemas de este libro las conocía en un noventa y cinco por ciento, aproximadamente. La unión de las palabras convertidas en poemas no las he entendido ni en un mísero cinco por ciento. La parte que más me ha gustado es la dedicada a Zenobia, su esposa, De ríos que se van. Me ha gustado, pero tampoco la he entendido bien. Está claro que soy un animal al que le gusta más la carne cruda que un bien elaborado steak tartar.






“Yo en amor, olvidado
de todo el universo,
yo en amor solo todo
rodeado de la nada,
en amor infinito,
olvidado
por amante y amada.”

Remordimiento humano (final)


domingo, 24 de julio de 2016

Pearl S. Buck: La estirpe del dragón (***)

(339 pág.; Círculo de Lectores)    (49; junio de 2016)   (Premio Nobel 1938)
Este año voy flojo de ganadores del Premio Nobel y aprovechando que pasaba por su estante me ha parecido oportuna su lectura (no puedo recordar si de adolescente leí alguno de sus libros).
En una aldea china vive una familia compuesta por los abuelos, todavía activos, sus tres hijos y una hija, y la mujer y los dos hijos del mayor de los tres anteriores. En la ciudad más cercana a la aldea vive otra hija ya casada y con dos hijos. El marido de esta es comerciante de artículos de importación. Todos los que viven en la aldea son campesinos, es decir, trabajan la tierra para alimentarse, pagar los impuestos y el sobrante lo venden en la ciudad. Llevan una apacible vida ordenada y esperan que el futuro no sea diferente del pasado. Pero nada es para siempre, y la generación del hijo menor lleva consigo un cambio en el respeto a las generaciones anteriores y a las tradiciones milenarias y, sobre todo, el enemigo que conquista el país acaba con la vida apacible y ordenada que esperaban.
Una novela muy interesante de una escritora que escribe de forma muy llana y que muestra cómo era la vida en la China que ella conoció aunque, y es sólo mi opinión, creo que la terminó muy rápidamente, pues los últimos capítulos están dedicados a una cuestión muy concreta en relación al menor de los hijos de la familia protagonista sin dar salida a todas las situaciones que se ha ido planteando a lo largo de la historia. No obstante este último apunte, una obra de interesante lectura.




“Ling Tan alzó la cabeza.”


sábado, 23 de julio de 2016

Frederik Pohl: Pórtico (***)

(313 pág.; Bruguera)                         (48; junio de 2016; en Huesca)
Debo de estar muy generoso o poco exigente, pero es el sexto libro consecutivo que me parece de lectura imprescindible y este, encima, es de ciencia ficción. Hace más de cuatro años que leí el primero de este autor y también me gustó mucho. La próxima vez tardaré menos en volver a leer un libro suyo, pues ahora leo bastante más… y cada vez tengo menos libros en casa para repetir de un autor.
Este libro estaba previsto leerlo después del de Kaku, pero me pareció que era mejor leer uno que no fuera de un tema casi similar, y creo que fue un acierto, pues en este se habla de la puerta al espacio, de velocidades superiores al de la luz, de vida extraterrestre; es decir, una posibilidad futura novelada. Pero muy bien novelada.
La estructura de este libro es similar al de Ballinger que he leído hace poco: en un capítulo el protagonista explica su historia en la consulta de su robot psiquiatra y en el siguiente la acción avanza explicando qué le sucedió a él en el pasado cuando la humanidad accedió a un planeta abandonado hacía miles de años por una civilización muy superior y ahora podía usar sus naves, pero sin poder programar su destino, pues se desconoce la forma de hacerlo. Intriga, ciencia ficción, psicología, ¿qué más se puede pedir, si su lectura es interesante?




“Me llamo Robinette Broadhead, pese a lo cual soy varón”


domingo, 17 de julio de 2016

Yukio Mishima: Confesiones de una máscara (***)

(240 pág.; Alianza)                             (47; junio de 2016; en Huesca)
Hace mucho tiempo que deseaba leer algo de este autor así que se lo pedí a Anna para mi cumpleaños y a la vista está que lo consiguió.
Veinte años después de que Proust terminara su búsqueda se publicaban estas confesiones, y a mí me ha parecido que los personajes principales tenían puntos en común en cuanto a su introspección y a la necesidad y preocupación de ser aceptados por los que les rodean. Quizá ahí terminen los parecidos, pero la frase inicial que figura al pie de la portada creo que lo corrobora.
El niño y luego joven protagonista de este libro se siente atraído por la belleza en general, y la del cuerpo masculino en particular. Consciente de su diferencia respecto de los otros muchachos decide llevar una máscara que no permita ser visto tal como es y llega a sentir aprecio por la hermana de un amigo, dando la sensación de que terminarán casándose.
Aunque el personaje pueda parecer proustiano la manera de escribir de Mishima no es la del autor francés y este libro se lee con un interés que va aumentando a medida que avanza su lectura. Al personaje principal, además de la belleza, también le atraen la sangre y la barbarie y su creador no se abstiene de ser claro y directo en esto, así como en cuanto a su actividad sexual. Es un buen libro y tengo ganas de leer más de Mishima para ver qué temas trata y cómo los desarrolla.




“Durante mucho tiempo insistí en que había presenciado la escena de mi nacimiento.”


sábado, 16 de julio de 2016

Michio Kaku: Física de lo imposible (***)

(383 pág.; Debolsillo)                        (46; junio de 2016; en Huesca)
Eva me regaló este libro por Navidad para ver si aún tenía alguna neurona que me funcionara y yo me he tomado mi tiempo para ponerlas en forma, pero ha valido la pena.
Creo que con el título ya se tiene una idea bastante aproximada de lo que se va a encontrar en el interior, pero bajaré un poco al detalle: la invisibilidad, el teletransporte, la telepatía, la psicoquinesia, los robots, lo extraterrestres, las naves estelares, la antimateria, el viaje en el tiempo, los universos paralelos, y muchos otros temas tan interesantes como los anteriores.
No hace falta decir que este libro sólo será interesante para aquella persona que tenga interés en la ciencia, en saber cómo puede ser el futuro y el conocimiento tecnológico, pero por poca curiosidad que se tenga es un libro lo suficientemente interesante y está todo tan bien y claramente explicado que apetece leerlo. Otra cosa es que todo ello pueda llegar a ser como se dice, pero el rato pasado leyéndolo no nos lo quitará nadie.




“¡Escudos arriba!”


domingo, 10 de julio de 2016

Yasmina Khadra: El atentado (***)

(272 pág.; Alianza)                                        (45; junio de 2016)
En agosto del pasado año leí Lo que el día debe a la noche y se la aconsejé a Marisol y, aunque no le gustó tanto como a mí, se compró este libro y otro más que yo aún no he leído. Esto se llama retroalimentación.
Un médico árabe trabaja en un hospital de Israel y se comete un atentado cerca de ese centro por lo que se pasa todo el día en el quirófano. Cuando vuelve a su casa de madrugada su mujer aún no ha vuelto del viaje que ha hecho, pero no se alarma porque en más de una ocasión ha vuelto uno o dos días después y, además, se ha dejado el móvil y no puede contactar con ella. Se va a dormir y dos horas después es llamado desde el hospital por un policía amigo suyo que le insta a ir urgentemente a verle.
No explico más porque, además de tratar el tema de los atentados y el desencuentro entre judíos y palestinos, hay una intriga que vale la pena que sea el lector quien la descubra en su momento. La novela te engancha y no te suelta hasta su última página, por lo bien expuestos que están los temas que toca; por lo aterrador de la vida en Israel, pero también en Palestina, en el primer caso por los atentados, en el segundo por el trato que se da a su población. No es una novela para pasar el rato, pero es una gran historia.




“No recuerdo haber oído ninguna explosión.”


sábado, 9 de julio de 2016

Paul Bowles: Muy lejos de casa (***)

(139 pág.; Seix Barral)                                              (44; junio de 2016)
En esta estantería todavía hay cuatro o cinco autores por ser estrenados y Marisol, aunque no se acuerda muy bien de los cinco libros que le muestro, me señala este. Y es un pleno.
Bowles no sólo fue escritor sino que también fue músico y, si no lo recuerdo mal, pintor y vivió en muchos países, entre ellos Tánger y de sus experiencias construye esta historia con un estilo bien simple y llano y dirigido a contarnos lo que quiere, sin adornos innecesarios que oculten las sensaciones que sienten sus personajes.
Una mujer recién separada se va a vivir con su hermano a Africa y nos describe los días con temperaturas de cuarenta y seis grados, sin aire que circule, o bien los días en los que sí circula el aire y entonces todo se llena de arenilla y se vuelve irrespirable. Pero este librito, que se lee en menos de una hora, no busca que el lector sienta terror ante lo descrito, sino que únicamente lo conozca y que lo asuma como lo hacen los protagonistas: ahora nos toca vivir esto y ya pasará. Y a nosotros nos queda su sencilla, pero estupenda, historia.




“De día, su cuarto vacío tenía cuatro paredes, y las paredes contenían un espacio definido.”


domingo, 3 de julio de 2016

E.T.A. Hoffmann: Cuentos de música y músicos (***)

(305 pág.; Akal)                                             (43; junio de 2016)
Raquel y Pedro me regalaron este libro por Navidad y si no lo he leído hasta ahora era porque tenía varios nuevos y este no aparecía en eBook (gratis), así que lo he leído en papel. Es una suerte que la gente te regale libros pues es la manera de leer aquellos que seguramente no comprarías, como es el caso, pues ni lo habría visto. Y habría sido una lástima, porque así he conocido algunos de los famosos cuentos de Hoffmann, aunque en estos el tema común es la música, y porque sus cuentos son muy buenos.
En estos cuentos dedicados a la música o los músicos, tanto reales como imaginarios, Hoffmann va explicando historias en las que hay alguna intriga, bien en el carácter del protagonista o en algún suceso habido; también hay alguna narración con hechos sobrenaturales, por lo que su lectura me trajo a la memoria a Poe, aunque este último sea muchísimo más truculento. El último cuento, que se inicia con la frase que aparece al pie de la portada, está basado en el mismo libro en que Wagner tomó ideas para su ópera Los maestros cantores de Núremberg.
Hay una introducción muy interesante sobre la vida del autor, su época y los cuentos seleccionados. En resumen, una alhaja.




 “En la frontera entre la primavera y el invierno, en la noche del equinoccio, estaba uno sentado en un aposento solitario y tenía abierto ante sí el libro sobre el delicado arte de los maestros cantores de Johann Christoph Wagenseil.”     La contienda de los cantores


sábado, 2 de julio de 2016

Félix Lope de Vega y Carpio: Fuente Ovejuna (**)

(124 pág.; El País)                                          (42; junio de 2016)
Segundo libro que leo de Lope de Vega, pero me he llevado una decepción, pues no tiene la gracia (es un drama) de El perro del hortelano, ni las rimas son tan evidentes ni, por lo menos para mí, se termina de entender todo lo que dicen los personajes: las palabras que utilizan o no se entienden, por haber caído en desuso, o es lo que quieren decir lo que no se comprende.
 A Fuente Ovejuna, un pueblo de Córdoba, llega un comendador que es un cretino integral: trata mal a los lugareños, quiere abusar de las mujeres, se pavonea de ello y, en el colmo de la visión política, va en contra de los Reyes Católicos. Como lo que mal empieza mal acaba, así acaba él y no creo descubrir a nadie el final de la historia (que lo es, pues relata un suceso habido en realidad) si escribo la tan manida frase: “¿Quién mató al comendador? ¡Fuente Ovejuna, señor!”
A mucha gente le he oído decir la frase anterior y después de haber leído la novela, aunque no he visto la obra de teatro, me he preguntado si todos los que la dicen saben algo más de la obra o el suceso histórico, pues como no me ha parecido de lectura fácil me sorprendería muy gratamente.




“COMENDADOR                    ¿Sabe el Maestre que estoy en la villa?”


domingo, 26 de junio de 2016

Aldous Huxley: La isla (**/***)

(573 pág.; Edhasa)                                         (41; junio de 2016)
Anna me regaló este libro por el día de Sant Jordi, de entre los diez que le reseñé y que no encontró, aunque no creo que fueran más raros que este. Quizá el raro sea yo.
La llegada de un extranjero a la isla da pie para que tres o cuatro personas le vayan explicando la forma de vida, tanto a nivel teórico e histórico como práctico. De esta manera el lector se va enterando que la conjunción de un preclaro habitante de la isla con la de un extranjero fue la que dio pie a cambiar toda la forma de concebir la educación, las relaciones entre las personas y las de estas con la naturaleza, la forma de encarar el sexo, la muerte, las religiones o el más allá. Pero a pesar de ser una isla no está aislada del mundo y, por tanto, a su alrededor hay intereses económicos que entrañan la vuelta a la cultura establecida, bien sea oriental u occidental.
Esta fue la última novela de Huxley y hay páginas en las que más parece un tratado de innovadora filosofía que una historia de ficción, pero a pesar de ello no deja de ser interesante algún planteamiento sociológico que, debido a mi ignorancia, no sé si son elucubraciones del propio autor o la plasmación de corrientes que Huxley conocía y las adoptó para su isla. Interesante novela aunque no sea para todo el mundo.




“–Atención –comenzó a llamar de pronto una voz, y fue como si un oboe se hubiese vuelto de pronto capaz de pronunciación articulada–.”


sábado, 25 de junio de 2016

Vicente Blasco Ibáñez: La barraca (***)

(206 pág.; El País)                                          (40; junio de 2016)
¿Por qué un prefacio que se escribe para ilustrarme sobre el autor, sus circunstancias, su forma de escribir, el estilo plasmado en la novela y demás cuestiones que puedo desconocer, tiene que destriparme lo que sucede en la trama de la novela, llegando al extremo de decir quién se muere, cuándo lo hace y cómo termina la historia? Señores editores: si me van a ilustrar y no contar la trama de la novela, bien; en otro caso, hagan el favor de ponerlo al final de la historia, que será mucho más instructivo y menos molesto (por si alguien lo leyere y tuviere ocasión de enmendallo).
Ahora vamos a lo importante: la historia que relata Blasco en menos de doscientas páginas y con palabras sencillas y llanas, quiero decir sin grandes alharacas, es brutal. Nos explica que la tierra en la huerta valenciana tiene un dueño que este alquila a quien la quiere trabajar y, con ello, puede extorsionar con un alquiler abusivo; pero, a su vez, los propios arrendatarios de las tierras tienen amigos o enemigos entre ellos, con lo que hay que defenderse de los de arriba y de los que tienes al lado que, en ocasiones, pueden ser más peligrosos que los terratenientes. Una fotografía de la época que le tocó vivir a Blasco espeluznante y esclarecedora (menos mal que todo esto es cosa del pasado y ahora todos tenemos lo imprescindible para una vida digna… ¿o quizá me equivoco y no es así para todos?).
Blasco fue un novelista que pudo vivir de sus libros, pero desde muy joven se afilió al partido republicano y llegó a ser diputado en siete ocasiones. Sus ideas contra la pobreza, la falta de medios para la educación y la opresión de los que menos tienen le llevaron varias veces a la cárcel y al exilio.




“Desperezóse la inmensa vega bajo el resplandor azulado del amanecer, ancha faja de luz que asomaba por la parte del Mediterráneo.”


domingo, 19 de junio de 2016

Gail Parent: Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York (*)

(266 + 18 pág., 47 leídas; Libros del Asteroide)       (39; junio de 2016)
Si el título fuera cierto la conclusión es obvia: ¡se leyó todo el libro! Insoportable.
Tiene un mal inicio: esas dieciocho páginas del prefacio tendrían que haberme abierto los ojos, pero que el prologuista sea un cretino engreído, de prosa repetitiva y sabelotodo, no tiene porqué predisponer sobre la historia que va a continuación. Pero eran como las nubes que anuncian tormentas y yo no supe leer el cielo.
La novela nos cuenta lo desdichada que es una joven que vive en Nueva York y que escribe la nota de suicidio “más divertida de la historia” (la de suicidios que habrá provocado y no habrá sido de tanto reír). Poco más puedo decir, pues en la página veintinueve noté un ansia para devorar literalmente las hojas que faltaban a ver si de esta forma avanzaba y encontraba algo que me hiciera sonreír, pero un resquicio de sensatez me hizo ver que cerrando el libro y leyendo otro conseguiría olvidar tan luctuoso acontecimiento (y no me refiero al suicidio de la protagonista, sino a la lectura del libro). El primer libro de esta editorial que me falla.




“Hace unos años, en el East Side de Manhattan, no lejos de Bloomingdale’s, un hombre abrió un negocio dedicado a la venta de batidos light, deliciosos batidos de chocolate con solo setenta y siete calorías.”