sábado, 7 de abril de 2018

Raymond Carver: Tres rosas amarillas (***)


(108 pág.; Anagrama)                                   (19; marzo de 2018)
Ultimo libro editado en vida del autor.
Las historias son del mismo tenor que las de los libros anteriores, pero todas ellas son diferentes. Sí que es cierto que hay un patrón, como puede ser el haber sido alcohólico (me parece que en sus cuentos no aparecen alcohólicos sino que ya dejaron la bebida), estar desarraigado, si es un matrimonio que no vaya muy bien y, en general, gente que tiene algún tipo de problema o, que algo o alguien le causa problemas, como podría ser el caso de la historia cuyo inicio figura después de la portada. A mí me gustó mucho ese relato… y la mayoría de los que componen este volumen.




“Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano.”
El elefante



domingo, 1 de abril de 2018

Juan C. Arce: El matemático del rey (**)

(213 pág.; Planeta)                            (18; marzo de 2018)
Felipe IV tiene como profesor a un matemático que ha escrito un libro en el que sostiene que la Tierra da vueltas en torno a sí misma y alrededor del Sol y no es este el que circunnavega la Tierra. El Papa ha enviado a dos monjes para que el matemático sea acusado ante el tribunal de la Santa Inquisición como hereje, lo que equivale a someter al rey a un juicio paralelo, pero este aún no ha dicho su última palabra.
Esta breve sinopsis ha presentado a alguno de los actores principales de la historia, aunque hay alguno más y, de paso, ha planteado la cuestión de fondo: ¿es la Tierra la que gira o el Sol? ¿Qué importancia tiene esto para la Santa Sede? La respuesta a esta última pregunta (que yo no era realmente consciente de ella) es que en la Biblia se dice lo contrario y ello sería como abrir la puerta a que la ciencia empezara a enmendar el texto sagrado.
La historia que nos explica Arce, con muchos más personajes de los que he presentado, se queda corta, muy corta; no solo eso, sino que además no se conoce el pasado de los personajes o cómo han llegado hasta lo que son; se hubiera podido incidir o profundizar más en la Corte y el propio rey y crear una historia bastante más larga, pero parece que hubo pereza, pero no desconocimiento de la época, pues queda bien reflejada en las doscientas y poco páginas del libro. En cualquier caso, un libro interesante para leer como una aventura que transmite conocimientos, lo que no está nada mal.







“En mitad de una noche sin luna, sobre la cama ajena de otras noches; Luis Obelar besaba a una mujer.”


sábado, 31 de marzo de 2018

Raymond Carver: Catedral (***)


(184 pág.; Anagrama)                             (17; marzo de 2018; en Huesca)
No hace ni una semana que acabé este libro, pero antes de escribir estas líneas ya he acabado otros dos (uno de ellos también de Carver) y, para escoger la línea inicial de uno de sus relatos he revisado cuáles había en este libro y me he quedado parado al recordar lo buenos que me parecen, a pesar de lo cortos que pueden llegar a ser.
Aquí vuelve a aparecer la historia del pastel de cumpleaños que aparecía en De qué hablamos cuando hablamos de amor, pero en lugar de acabar abruptamente se alarga hasta hacerse insoportable la situación creada (y que no pienso explicar), con lo que el relato gana en intensidad. Este es de los relatos de él que yo considero largos, veintidós páginas, pero es capaz de crear reacciones en el lector con muy pocas páginas, como en La casa de Chef, de sólo cuatro páginas. Creo que vale la pena conocer a un autor que con tan poco transmite tanto.




“Un ciego, antiguo amigo de mi mujer, iba a venir a pasar la noche en casa.”
Catedral



sábado, 24 de marzo de 2018

Brian Aldiss: Los superjuguetes duran todo el verano (**/***)


(234 pág.; Plaza & Janés)                              (16; marzo de 2018)
Yo no leía ciencia ficción porque me imaginaba que era del estilo de las galácticas guerras (me quedé dormido allá por los ochenta con la primera entrega), pero a la vista de la cantidad de libros de esta temática que hay en la biblioteca de Marisol le he cogido el gusto y, además de ir repitiendo los autores que ya he leído y que me han gustado, cada año leo una obra de un autor desconocido para mí. Este año le ha tocado a Aldiss y, como tantos otros ya, es muy bueno.
Estos superjuguetes son una serie de relatos, algunos de una decena de páginas, que tratan de muchos temas, algunos de los cuales son: un niño que no se siente querido por su madre; un cementerio de máquinas que han quedado obsoletas o ligeramente dañadas y que se arreglan entre ellas; la presentación de una empresa que para mejorar la vida de los habitantes de los planetas adquiere todos los derechos del agua o el aire; la vida en la edad de piedra; una autodecapitación; la soledad y, entre otros muchos, la posibilidad de que cuando alguien esté irritado no pueda tomar una decisión inmediata sino que su cerebro se ralentice a fin de que haya tenido tiempo de serenarse y, consecuentemente, su decisión sea fruto del raciocinio y no de un momento airado. ¿No inventaron algo similar los de los mensajes entre móviles a fin de que si uno iba pasado de copas no dijera lo primero que se le ocurriera y luego ya no tuviera remedio?
Los relatos de Aldiss no son ficción, son historias del futuro que se adelantan al momento en el que se encuentra la ciencia, la tecnología o la sociedad. Como muestra, el inicio de un botón.






“Pese a los avances en la ingeniería genética, parece que la sociedad humana nunca mejorará.”
El botón de pausa



sábado, 17 de marzo de 2018

Susan Sontag: El amante del volcán (***)


(470 pág.; Debolsillo)                        (15; marzo de 2018)
Ve a saber de dónde saqué la referencia de que era un buen libro, pero figuraba entre los diez títulos que le di a Anna antes de Navidad y este fue el regalo que tuve y no me quejo: fue un magnífico regalo.
La historia está basada en las vidas y amores de Sir Hamilton, Emma y Nelson, aunque en ningún momento figuran los nombres de ellos: el primero es el Cavaliere y el segundo es el héroe. Y así todo el libro; y esto que podría parecer muy aburrido y tedioso, de la mano de Sontag se convierte en una aventura el conocer sus vidas, sus pasiones, lo que les llevó a hacer lo que hicieron, a ser lo que fueron. Es una aventura ir con el Cavaliere hasta la misma boca del volcán o en busca de sus piezas para las innumerables colecciones que tuvo; también lo es seguir a Emma con sus creaciones artísticas, teniendo en cuenta que nunca fue a la escuela; por no hablar de la pasión que tuvo Nelson por la esposa del que era embajador de Gran Bretaña en Nápoles.
A mí me ha gustado mucho, aunque creo que no es un libro para todos los paladares, pues a pesar de que no llega al medio millar de páginas el espacio está aprovechado y no hay diálogos, siendo el coleccionismo el tema recurrente de la obra y, como dice la propia autora en el libro, el coleccionismo atrae a aquellos que coleccionan lo mismo que uno, pero no interesa a los que no lo hacen. Si te gustan los libros bien escritos y de atrayentes historias este es el tuyo.




“Es la entrada a un rastro.”




sábado, 10 de marzo de 2018

Isaac Asimov: Fundación (***)


(253 pág.; Bruguera)                         (14; marzo de 2018)
Por fin leo esta novela, una de las más conocidas y afamadas de Asimov y, como era previsible, no me defrauda. No obstante, se pueden comentar un par de cosas, una de ellas de mucha actualidad: no hay ni un solo personaje femenino en toda la novela, eran otros tiempos. En cuanto a la segunda y, por lo que recuerdo de Los propios dioses, Asimov juega con el lector, es decir, le enseña las cartas cuando quiere, en el orden que quiere y, además, haciendo trampa. Esto último en el sentido de que lo que está pasando, que el lector no sabe a qué se debe o porqué sucede, él lo explicará un par de capítulos más allá; o bien, saltamos cincuenta años y la baraja es otra. Pero se le perdona por las buenas ideas que tiene.
Aunque quien no la haya leído no entenderá lo que sigue, no por ello quiero dejar de mencionarlo: en esta novela se lleva a la práctica la frase de Marx: “La religión es el opio de los pueblos”. Brillante aplicación.
Bastantes miles de años después de nosotros el universo dominado es enorme: cientos de planetas ocupados por decenas de miles de millones de seres. En un extremo de este universo se crea una fundación cuyo cometido en preservar el conocimiento adquirido hasta el momento. Un hombre, supongo que lo es y si no así lo designo, ha descubierto la psicohistoria, una ciencia social que le permite, mediante el estudio del comportamiento de millones de seres, saber hacia dónde se dirigirá la civilización y qué sucesos podrán ocurrir y, lo más importante, qué se podrá hacer para seguir avanzando. Pero no todo el mundo se lo cree ni opina igual, así la intriga está servida.




“HARI SELDON – …Nació el año 11988 de la Era Galáctica; falleció en 12069.”



domingo, 4 de marzo de 2018

Raymond Carver: De qué hablamos cuando hablamos de amor (***)


(122 pág.; Anagrama)                                   (13; febrero de 2018)
Se han juntado una serie de libros de pocas hojas y, por añadidura, de relatos, por lo que leo mucho y, creo, más rápido. Es por eso que ya he leído el segundo de Carver de los cinco que figuran en este tomo.
No sé de qué hablaba Carver cuando no hablaba de amor, porque cuando habla de un sentimiento como este, según el título, te explica unas historias bien tristes o ligeramente más acongojantes que las del primer libro. En este, aparecen dos episodios de Vidas cruzadas, no tan largos como se veían en la película, pero sí igual de dramáticos. Ahora vendrán otros libros y luego seguiré con este autor que me está gustando mucho y que tuvo la capacidad de analizar lo que le pasa a la gente y supo plasmarlo de manera que tuviera interés para aquellos que estaba retratando que, al fin y al cabo, somos nosotros mismos.




“Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia.”
Mecánica popular



sábado, 3 de marzo de 2018

Thornton Wilder: Los Idus de Marzo (***)

(253 pág.; El País)                              (12; febrero de 2018)
Otro libro que me hace pasar un buen rato perteneciente a una colección de El País y, de paso, conocer a un autor que merece leerse y del que, casi con toda seguridad, habremos visto alguna película basada en alguna de sus obras o como guionista: Hello, Dolly!, El puente de San Luis Rey o La sombra de una duda.
En estos Idus nos explica los últimos meses de la república en Roma a través de supuestas cartas que se escribieron importantes personajes de la época, entre los que se encuentran: Julio César, dos de sus esposas, algunas de sus amantes, Cicerón, Cleopatra, Catulo, los hermanos Clodio y Clodia, Bruto y su madre y algunos más. A través de estas cartas nos vamos enterando de lo que les sucede, de lo que piensan sobre lo que sucede y de los demás, de lo que querrían que sucediera y de algunos secretos que no confesarían en público.
Entretenido relato y novedosa forma de contarlo, pues antes de Wilder no se había escrito un libro de historia a través de epístolas.




“El maestro del Colegio de Augures a Cayo Julio César, sumo pontífice y dictador del pueblo romano.”


sábado, 24 de febrero de 2018

Raymond Carver: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (***)

(214 pág.; Anagrama)                                   (11; febrero de 2018)
En el amigo invisible que jugamos en Navidad en Madrid alguien (Iván) me regaló este libro y cuando lo vi me quedé parado porque me sonaba de algo, pero no lo recordaba: se lo había puesto a Anna en la lista de libros que quería leer. Con la memoria que tengo, por decir, hasta lo que quiero me llega a sorprender. Pero lo cierto es que yo sólo quería un libro de Carver y aquí están los cuatro que publicó, más otro que publicó su esposa, Gallagher, cuando encontró más relatos de él. Así que he leído el primero e iré intercalando otros libros. Carver admiraba a Chéjov y se nota su influencia y yo, que no entiendo nada, también pienso en Munro.
Sus relatos son sobre la gente que puedes encontrar mayoritariamente en Estados Unidos, pero en situaciones un tanto apuradas o que se les puede escapar de las manos. No todos lo cuentos tienen un final resolutivo pero no importa, pues ha planteado una situación, la ha llevado hasta el límite que él creía que se podía llevar, tú le has seguido y lo que pase luego no importa, pues al fin y al cabo tú te lo has pasado bien leyendo ese relato y esto no es una novela de misterio que se tenga que resolver, esto es la vida hecha literatura.



“El caso es que han de vender el coche inmediatamente, y Leo le encarga a Toni que lo haga.”
¿Qué es lo que quiere?


lunes, 19 de febrero de 2018

Herta Müller: La bestia del corazón (*)

(leídas 108 de 196 pág.; Siruela) (11; febrero de 2018) (Premio Nobel 2009)
Los dos libros anteriores que leí de esta autora solo me parecieron recomendables, pero como de todo autor que leo algún libro y no me desagrada lo pongo en la columna de leer otro, más tarde que temprano llega su momento (en este caso ocho años), por lo que tenía ganas de ver si me gustaba algo más este tercero. Pero ha sido todo lo contrario.
Una joven narradora nos va contando las peripecias vitales de tres estudiantes y de una compañera de habitación. Todos ellos son vigilados y tanto sus pertenencias como su correspondencia revisada. Pero la manera de explicar la historia, con frases y párrafos cortos, así como lo enrevesado o poco claro de la misma hizo que me planteara el porqué seguía leyendo.
Estoy seguro de que lo descrito era lo que sucedía en Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu y que, además, debe estar muy bien escrito, pero yo no entendía a qué se refería cada vez que mencionaba “la bestia del corazón”. Tengo otra columna para los autores a los que prefiero no volver a leer otro libro.




“Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar.”


domingo, 18 de febrero de 2018

Eduardo Mendoza: Qué está pasando en Cataluña (**/***)

(94 pág.; Seix Barral)                         (10; febrero de 2018)
Marisol compró este libro hace unos pocos meses y me lo aconsejó. A pesar que no soy dado a saltarme el orden de los libros que tengo para leer, dada la situación actual he querido saber qué opina Mendoza al respecto; pero no me he encontrado con una explicación de la actualidad sino de una mirada al pasado: con claridad y sencillez da su opinión de qué es Cataluña, qué son los catalanes, por qué somos como somos, cómo se nos ve desde fuera de Cataluña y muchos más hechos, históricos o sociales, en relación al porqué o al cómo se ha llegado a este punto. Aunque se ha de tener en cuenta que es un librito de un centenar de hojas, no una enciclopedia.
No da su opinión de qué piensa él del independentismo, cada lector sacará la conclusión que le parezca más coherente con lo que se ha escrito; yo tampoco diré nada al respecto, pues no son mis pobres líneas ni suficientemente importante ni es el fin que persiguen. Pero en mi, cada vez más negra y desesperanzada visión de hacia dónde va la humanidad (palabra que pierde uno de sus más importantes significados al utilizarla al conjunto de los humanos), creo que la historia se escribe y reescribe cada día, según el (ilegítimo) interés de cada uno y de las circunstancias del momento.
Yo soy catalán de nacimiento, con siete apellidos catalanes (aunque es un signo de exacerbación racista el que ello indique algo más que el origen de mis antepasados) y creo que catalanes como Serrat, Fainé, Oliu, Coixet y algunos miles más que no conozco también lo son y que ellos también tienen una opinión al respecto y la han expresado con sus actos, todos ellos lícitos.



“Desde hace años paso la mayor parte de mi tiempo fuera de Cataluña y de España y quiero creer que eso me da una cierta perspectiva sobre los sucesos actuales que, desde la distancia, sigo atentamente a través de contactos personales y de la lectura de la prensa local y extranjera.”


sábado, 17 de febrero de 2018

Yasunari Kawabata: El Maestro de Go (***)

(205 pág.; Emece)              (9; febrero de 2018)           (Premio Nobel 1968)
Hace cinco libros un japonés me hablaba de correr y ahora otro japonés me habla del deporte mental que es el go y que es la única novela que acabó, según su autor. En 1938 Kawabata era el enviado de un diario para cubrir la última partida del llamado Maestro, jugador que nunca había perdido una sola partida en este juego. La partida se alargó durante seis meses, pues el Maestro estuvo tres meses hospitalizado. En esos seis meses se publicaron más de sesenta crónicas y veinte años después se publicó el libro.
He creído que esta historia bien se merecía considerar su lectura como imprescindible, pues la maestría de su autor nos permite acercarnos a una cultura no muy conocida por nosotros, en un momento (guerra chino-japonesa, pre Segunda Guerra Mundial) en que Japón estaba cambiando y aún cambiaría más; se nos da a conocer un juego muy poco conocido en Occidente y, sin aburrir, consigue introducirnos en las habitaciones-salas de seis u ocho tatamis (la manera de medir las habitaciones) en la que se disputó esta última partida del Maestro y que, además, sería la última que se jugaría como hasta entonces se había hecho. Muy interesante, entretenida y apasionante, a pesar de conocer el resultado de la partida desde el principio de la historia y qué fue del Maestro desde la primera oración.




“Shusai, Maestro de Go, vigésimo primero en la sucesión Honnimbo, murió en Atami, en la posada Urokoya, la mañana del 18 de enero de 1940.”


domingo, 11 de febrero de 2018

Lewis Wallace: Ben-Hur (**)

(556 + 139 pág.; El País)                                (8; febrero de 2018)
Desconocía este autor, y su vida y sus milagros, y a medida que avanzaba en la lectura del libro pensaba que sería otro más de esos autores conversos al catolicismo que nos cuentan, a través de una novela, sus motivaciones y que a mí, descreído total, me dejan más bien indiferente y aburrido. Pero no es así: Wallace se alistó para combatir en la guerra contra México, llegó a general y defendió Washington en la de Secesión, fue gobernador, embajador y le sobró tiempo para escribir libros, siendo este el más afamado. Es decir, no fue un converso, sino que era creyente.
Dicho esto, queda claro que la historia va sobre el cristianismo (de la película yo sólo recuerdo la carrera de cuadrigas, el ladrillo y a Heston haciendo de remero). Hur era una rica familia judía que tiene la desgracia de ser deshecha por el nuevo gobernador romano: el hijo se va a galeras y la madre y la hija desaparecen sin que nadie sepa su paradero. Pero el destino y una serie de coincidencias, que el lector asumirá mejor o peor, harán que Ben-Hur termine siendo un romano rico y se pueda vengar de todo lo que les sucedió. Además, se cruzará en su camino Jesús y será uno de sus más fieles seguidores. Y así Wallace nos explicará la historia de Jesús, que es el subtítulo del libro.
La historia está dividida en ocho libros y Ben-Hur no aparece hasta el segundo, es decir, la principal motivación del autor no fue explicar la historia de ficción. En el primer capítulo se narra el viaje en camello a través del desierto de un hombre y es el que más me gustó, porque, a pesar de mi falta de imaginación, me sentí trasladado junto al viajero y no me esperaba el desenlace del viaje. El libro es una enciclopedia de datos geográficos, históricos y biográficos y el archivo digital que encontré tenía ciento cuarenta páginas de notas que no aparecen en el libro que tengo. Una suerte… relativa.




“El Jebel-es-Zublech es una montaña de más de cincuenta millas de longitud y tan estrecha que su dibujo en el mapa se parece a una oruga reptando de sur a norte.”


sábado, 10 de febrero de 2018

Vladímir Korolenko: Sin lengua (***)

(191 pág.; Barataria)                         (7; enero de 2018)
Con sorpresa para mí, porque no me lo esperaba, Boris y Cristina me regalan en Navidad este libro. Del autor me había hablado Boris la Navidad anterior, pero no lo recordaba, y fue otra sorpresa muy interesante, pues de otra forma seguramente nunca habría ni sabido de él ni leído. Es todo un hallazgo. Korolenko fue un periodista del siglo XIX y fue a Boston por la exposición universal que se allí se celebró y en este libro refleja la vida que llevaban sus paisanos en la tierra de la libertad. Mientras lo vas leyendo crees que su estilo es como el de Picasso en la pintura: cualquier niño podría hacerlo igual de bien, pero tú sabes que eso no es así de fácil o que hacer ver que es fácil cuesta mucho. A medida que avanza la historia se crea una mayor curiosidad en saber qué sucederá.
Dos amigos de un pueblo ruso, a finales del XIX, deciden irse a Estados Unidos porque allí tienen un familiar que les ha escrito diciendo que se vive mejor que en Rusia de las cosechas. Consiguen el dinero para embarcar y comienzan a apreciarse las maneras de enfrentarse a las dificultades de cada uno de ellos: mientras que uno aprende algo de inglés y se viste al estilo occidental el otro se encierra en sí mismo y viste como lo hacía en su pueblo, lo que resulta estrafalario para los que no lo conocen. Llegando a Nueva York las diferencias son todavía mayores y el que no se adapta solo piensa en regresar a su tierra, mientras que el otro ya ha hecho amigos.
La historia describe una situación que yo traslado al siglo actual: si a cualquiera de nosotros nos dejaran en China, por ejemplo, no tendríamos problema para hacernos entender: un poco de inglés, nuestro teléfono inteligente, un ordenador, etc. Don’t worry. Pero ¡ay! si nos dejaran en medio de la selva amazónica y delante tuviéramos a un indio con una cerbatana en la derecha y una cabeza reducida colgando del cuello. ¿De qué nos valdríamos entonces para volver a nuestra denostada civilización? Creo que es lo mismo que pudo sentir el labrador que vivía en un pueblo ruso y se perdió en Nueva York hará unos ciento veinte años.




“Hay en mi tierra, en la provincia de Volinia, por la parte donde las estribaciones de los Cárpatos se funden paulatinamente con las pantanosas llanuras de Polesie, una ciudad a la que daré el nombre de Jlebno.”


domingo, 4 de febrero de 2018

Marco Vichi: El comisario Bordelli (**)

(239 pág.; Duomo Nefelibata)                      (6; enero de 2018)
A Marisol le gustan las novelas policiacas y si, además, transcurren en lugares que ha estado y son bonitos, miel sobre hojuelas. Esta es la razón por la que tengamos la primera novela del comisario Bordelli en el estante de la v y, parafraseando a Camilleri, “absolutamente olvidable”. Con ello no quiero decir que sea una mala novela, al fin y al cabo, le he puesto dos estrellas, pero Florencia se queda en la mención de cinco calles que probablemente no has oído nunca; el comisario Bordelli de héroe tiene poco, en todo caso es una buena persona que no cuadra con ser comisario de policía; el asesinato es tan complejo, artificial o improbable que es lo que menos importa de la historia. Y ahora las razones por lo que vale la pena leerla: tiene unos buenos personajes secundarios y sus historias son mejores que la principal. De ahí que la recomiende.
Para abundar un poco en la trama: Bordelli, que no es un comisario al uso y tanto es así que su superior ya le ha llamado al orden alguna vez, se encuentra con el fallecimiento de una mujer mayor que sufría problemas respiratorios. Alrededor del cadáver se encuentra el vaso con el medicamento que se tomó cuando le sobrevino el ataque que no pudo superar, pero el frasco no se había abierto ni una vez. La difunta tiene dos sobrinos que lo heredarán todo por lo que son sospechosos de asesinato, pero ambos se encontraban fuera de la ciudad y tienen testigos de ello. De los personajes que conoce Bordelli no hablo porque es mejor que los vaya descubriendo el futuro lector y no que yo los destroce.




“El comisario Bordelli entró en su despacho a las ocho de la mañana, después de una noche casi sin dormir, dando vueltas entre las sábanas empapadas de sudor.”


sábado, 3 de febrero de 2018

Vicente Blasco Ibáñez: Mare Nostrum (***)

(446 pág.; Prometeo)                        (5; enero de 2018)
Repito autor y esta vez con un libro que le regalaron a Pepe y que está más cerca de ser una primera edición (1918) que de nuestros días, solo hay que ver la portada. La acción sucede durante la Primera Guerra Mundial, lo que da prueba de la habilidad del autor para crear una historia con hechos que eran actualidad.
Mare Nostrum, obviamente, es el Mar Mediterráneo pero, también, el nombre del barco que el protagonista compra. Antes de comenzar con la narración de ficción, Blasco nos ilustra con la historia de los pueblos que surcaron el Mediterráneo; también nos detallará de manera exhaustiva todas las especies marinas que lo habitan; no dejará de lado describir las costas por las que el capitán Ferragut navegará y eso incluye los cabos, golfos y hablar de las ciudades costeras; en resumen, como Julio Verne. El estilo es decimonónico (¿podía ser de otra manera?), pero a mí me ha gustado mucho. Como en la trama hay un enamoramiento, también es romántico y sensual.
El protagonista, hijo de un notario, debería estudiar derecho y, en palabras de su padre, “que le lloviera el dinero”; pero tiene un tío marino y le puede más esa profesión. Muerto el padre repentinamente, nada le detiene. Con un salto en el tiempo nos enteramos que ha cruzado los siete mares y que está muy bien considerado en su profesión. Tiene la oportunidad de comprar un navío y lo hace, por lo que ahora es capitán y propietario. Se dedica al transporte marítimo de mercancías, pero en su travesía se va a cruzar una mujer que le hará beber sus vientos y la Primera Guerra Mundial jugará un papel muy importante y decisivo en la vida de todos los protagonistas de esta estupenda novela.




“Sus primeros amores fueron con una emperatriz.”


domingo, 28 de enero de 2018

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr (**/***)

(232 pág.; Tusquets)                          (4; enero de 2018)
Regalé este libro a un compañero del trabajo que cada semana corre alguna carrera, desde 5 km hasta maratones, y pensé que algún día lo leería, así que lo busqué digitalizado. Aunque el título no deja lugar a dudas de lo que va el libro y, por consiguiente, muchos lectores pueden creer que no les interesa, he de aclarar que Murakami aprovecha su gusto por correr para explicarnos qué piensa sobre algunas cosas, qué hace, también para hablarnos de sus viajes y sus aficiones y, obviamente, de cómo le ha ido en algunas de sus carreras. Para no explicar al tuntún lo que él hace ordenadamente, solo diré que recorrió la distancia entre Atenas y Maratón él solo. Lo menciono como uno de esos hechos que pueden ser atractivos o interesantes.
A pesar de que tenía a Murakami en el dique seco por culpa del libro que me regaló Marisol hace muchos años, he de reconocer con placer que la lectura de este libro me ha gustado mucho y la he disfrutado, casi casi, como si yo hubiera conseguido todo lo que él relata que ha hecho.




“La existencia de una máxima que dice que un auténtico caballero nunca habla de las damas con las que ha roto, ni de los impuestos que ha pagado es..., es una mentira como una catedral.”


sábado, 27 de enero de 2018

David Vann: Sukkwan Island (**/***)

(210 pág.; Alfabia)                             (3; enero de 2018)
Marisol se compró esta novela al poco de salir a la venta y me apetecía leerla, pero me dijo que no le había gustado. Como ya no quedan muchos autores por leer en esa balda al final me decido a leerla, pues me seguía tentando. Le comenté que la estaba leyendo y entonces me aclaró que le había puesto nerviosa su lectura, no tanto que no le hubiera gustado. Y no es para menos.
Un padre divorciado que tiene un hijo y una hija convence al primero de que se vaya con él a una isla desierta durante un año para tener una relación más cercana. A pesar de que ni el hijo ni su madre querían, al final ceden. La idea es llevarse algo de comida y pescar o cazar en la isla. La casita es pequeña y la relación más que cercana es opresiva. Nada sale como el padre había supuesto. No obstante, el lector no puede sorprenderse del mal resultado, pues a medida que va leyendo se va enterando de las peregrinas ideas del padre. En resumen, ni para pasar un fin de semana con él.




“Tu madre y yo teníamos un Morris Mini.”


domingo, 21 de enero de 2018

Arnold Bennett: Enterrado en vida (**/***)

(304 pág.; Impedimenta)                              (2; enero de 2018)
Marisol no deja de comprar libros y de aconsejarme algunos. Yo voy destilando esa información y acoplándola a mis largas listas de libros por leer. Este es el caso de uno de ellos. A punto he estado de considerarlo un libro recomendable sin más, pero lo cierto es que está bien escrito, la idea es original y, a pesar de que hacia la mitad decrece el interés pero hay un giro que devuelve la vitalidad a la narración y de que la timidez del protagonista no siempre actúa (y es vital en la historia), considero que su lectura es gratificante, es decir, muy recomendable. Bennet fue un autor de éxito y muy bien considerado en su momento, pero hoy se recuerda más a los que consideraban que su estilo estaba caduco: el grupo de Bloombury.
El protagonista es un pintor de mucho éxito cuyas obras se venden a buen precio. Nadie lo tiene físicamente presente, pues su timidez es tal que no permite entrevistas ni aparece por las exposiciones. Por una circunstancia que no quiero desvelar tiene la oportunidad de cambiar su identidad y desaparecer del mundanal ruido. ¿No hemos pensado alguna vez que ojalá pudiéramos hacer eso y que desaparecieran todos nuestros líos de los que no sabemos cómo librarnos? Aquí tienes la respuesta.




“El peculiar ángulo que el eje de la Tierra forma con el plano de la eclíptica –ángulo del cual depende en buena medida nuestra geografía, y por ende, nuestra historia– era la causa de que en la época en que comienza este relato se produjera el fenómeno conocido en Londres con el nombre de verano.”


sábado, 20 de enero de 2018

Rubén Darío: Cuentos macabros (**/***)

(53 pág.; Ruth Casa)                          (1; enero de 2018)
Quería volver a leer otro libro de Darío después de cuatro años de haber leído su impresionante Azul… y, a duras penas, encontré estos macabros cuentos. Parece ser que este poeta, periodista y diplomático publicó un libro de cuentos en su vida y que solo se reedita la obra mencionada. De aquí a algunos años más ya veremos qué otra obra encuentro de él.
Este pequeño libro contiene nueve cuentos de los casi cien que publicó en diarios y revistas y son del estilo de los que escribía Poe pero, por lo que recuerdo de este último autor, mucho más cortos y, quizá, menos truculentos. Vale la pena leer el librito por conocer la prosa cargada de adjetivos con la que Darío asustó a sus contemporáneos, a pesar de que no creo que hoy en día sean tan macabros como hace un siglo o, que nuestro presente es tan convulso que ya no nos impresiona cualquier cosa, por muy bien escrita que esté.




“Que el doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador, que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterioso, sobre todo después de la publicación de su obra sobre La plástica de ensueño, quizá podríais negármelo o aceptármelo con restricción; pero que su calva es única, insigne, hermosa, solemne, lírica si gustáis, ¡oh, eso nunca, estoy seguro!"
El caso de la señorita Amelia


domingo, 14 de enero de 2018

James Thurber: La vida secreta de Walter Mitty y otras historias (**)

(260 + 68 pág.; Versal)                                  (74; diciembre de 2017)
Las veces anteriores, cuando pasaba por esta estantería tenía ganas de coger este libro, pero hasta este momento otros me parecieron más oportunos, pero ya le ha llegado la ocasión. Está considerado como uno de los mejores escritores de cuentos o relatos cortos del siglo XX, pero me parece un tanto exagerado. El archivo digital que encontré de este libro tenía otra selección de sus historias, por lo que he leído más de las que hay en el que tenemos en casa.
El libro comienza con una biografía, que resulta ser autobiografía, realmente divertida; tiene tres o cuatro relatos buenos, pero la mayoría son relatos que no me han dicho mucho, quizá hace un siglo, más o menos, y leídos en el New Yorker tuvieran más interés, pero no me parece a mí que un libro sea el mejor soporte; sus personajes tienen tendencia a ser anodinos pero sorprendentes o que se encuentran en situaciones incoherentes, en eso su imaginación es desbordante. De sus fábulas, mejor no hablar: no salvo ni una. Pero insisto en que he leído tres o cuatro buenos, uno de ellos, el del pie de la portada.




“Los libros sobre eficiencia mental no regatean detalles acerca de cómo conseguir un Ajuste Magistral, como lo llama uno de ellos, pero a mí me parece que los problemas que exponen, y descartan, son un su gran mayoría poco imaginativos y pedestres: los pequeños altercados en la mesa del desayuno, los inconvenientes rutinarios en la oficina, las familiares ansiedades causadas…”
Fuerzas destructivas en la vida


sábado, 13 de enero de 2018

Bertolt Brecht: Madre Coraje y sus hijos (***)

(130 pág.; I.N.A.E.M.)                         (73; diciembre de 2017)
Como ya he ido diciendo otras veces, cuando un autor me ha gustado lo repito, pero esto puede tardar años (seis en este caso) y la razón ya la he apuntado en alguna ocasión: hay muy buenos autores y yo tengo la suerte de ir pillándolos poco a poco. Y repetir a todos ellos y leer a los que aún no lo he hecho es solo cuestión de tiempo, nada más.
Si alguien es perspicaz y se fija en el extremo superior derecho de la portada verá un símbolo en rojo: no es el de una editorial sino de una web en la que hay unos treinta mil libros digitalizados;  remarco esto, porque ni en Amazon ni en Casa del libro he encontrado esta obra de él, entonces…
Había leído en crónicas periodísticas ante un hecho de valentía las dos primeras palabras del título e, incluso, en masculino, así que tenía curiosidad por saber de qué iba la obra, pues es una obra de teatro de la que estoy hablando: Madre Coraje es una mujer que tiene una hija muda y dos hijos adultos para ir a la guerra. Estamos en el siglo XVII en la guerra de los Treinta Años. Ella tiene un carromato y va de aquí para allá vendiendo todo aquello que pueda interesar dadas las circunstancias. Para ello tiene que trampear controles, que no se le lleven a los hijos a la guerra y que su hija se mantenga pura para que, con un poco de suerte, encuentre un marido. Hay diálogos o explicaciones de Madre Coraje que son todo un hallazgo por su eficaz manera de mostrar cómo funciona el mundo que ha creado la llamada humanidad. Brecht escribió esta obra al inicio de la época nazi y se anticipó escribiendo lo que se avecinaba.




“RECLUTADOR.— ¿Qué gente se puede reclutar aquí?”


domingo, 7 de enero de 2018

Robert L. Stevenson: La isla del tesoro (**)

(269 pág.; El País)                              (72; diciembre de 2017; en Madrid)
Tendría que haberla leído cuando era adolescente y, seguramente, la habría disfrutado más. O tendría que haber leído su Mr. Hyde, pero esta no la tengo. Cada historia tiene su momento, a menos que su fuerza pueda transcender el tiempo y la edad del lector. En este caso el problema es el lector.
Un joven adolescente, hijo de unos cantineros, se relaciona con un marino retirado, malhablado y mal pagador que se esconde en esa pensión. Un día recibe una visita que, a pesar de esperada, lo intranquiliza de tal manera que le confiesa un secreto al muchacho. A raíz de la visita y del secreto conocido comenzará una aventura de la que este que saldrá rico o difunto.




“El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17… y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería...”


sábado, 6 de enero de 2018

Flàvia Company i Navau: Haru (**)

(380 pág.; Catedral)                         (71; diciembre de 2017)
Cuando estaba cerca de leer el libro número 550 Anna ya me había preparado su recomendación. A ella le había gustado, aunque tenía dudas de si me gustaría a mí. Obviamente, nos conocemos. Este libro es para recomendar a una adolescente o a una persona a la que le guste la filosofía oriental, sin que con ello quiera decir que no esté bien, pero no es de mi estilo. Ya no faltan muchos para los 600; ya veremos qué me depara el destino.
Haru, la protagonista, cuando muere su madre es ingresada en una escuela para aprender a tirar con arco. La escuela imparte sus enseñanzas envuelta en todo el misticismo oriental y Haru es muy dada a dejarse llevar por su ímpetu juvenil, lo que obliga a los tres profesores de la escuela a domeñarla. Ella no es la única alumna y tampoco es la única a la que le cuesta doblegarse ante la disciplina. La novela nos explica, de manera más o menos detallada, sus años en la escuela y luego, a vuelapluma, sus años de adulta, pero sobre todo, da una visión ejemplarizante de cómo alcanzar lo que uno desea o, a veces, lo que no sabe que desea, pero que puede hacer que su existencia haya tenido significado para sí y los demás.




“La condició perquè jo els expliqui aquesta història és que no em preguntin d’on l’he treta i que acceptin que hi haurà detalls que no conegui o per als quals no tingui explicació.”


domingo, 31 de diciembre de 2017

Antonio Tabucchi: La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (**/***)

(184 pág.; Anagrama)                                   (70; diciembre de 2017)
Con ganas vuelvo a leer algo de Tabucchi, pues su Sostiene Pereira me gustó mucho, pero hay que compaginar autores nuevos con los que tenemos ganas de releer y eso lleva su tiempo, años en mi caso.
Y hablando de caso, el que se encuentra la policía de Oporto: un cadáver sin cabeza. El protagonista de esta novela es un periodista de Lisboa que es enviado por su diario para aportar los máximos datos posibles de tamaño suceso y él, que tiene ínfulas de escritor serio, no quiere dedicarle más que un par de días, pero la historia tiene más profundidad de la que todo el mundo cree y se tiene que quedar en Oporto el tiempo suficiente como para apreciar a esta ciudad más de lo que inicialmente hubiera pensado y, de paso, resolver el misterio. Teatral, singular e interesante personaje es el abogado que aparece en la novela.
Basado en un hecho real sucedido en Lisboa. Sabiendo que entre las dos ciudades hay una antigua rivalidad, ¿qué llevó a Tabucchi a cambiar el escenario?




Manolo el Gitano abrió los ojos, miró la débil luz que se filtraba por las rendijas de la chabola y se levantó, procurando no hacer ruido.”


sábado, 30 de diciembre de 2017

Leandro Fernández de Moratín: La comedia nueva (**)

(82 pág.; Fundación Biblioteca)                    (69; diciembre de 2017)
Hace ya muchos años que leí su obra más conocida y así que ya era hora de volver a leer otra de sus obras.
Esta comedia viene a ser un ajuste de cuentas de Moratín con los autores noveles de su época que estrenaban obra tras obra sin ton ni son; por lo que, aunque te hace sonreír con las tonterías del “autor” y sus allegados que aparecen en la obra, solo es una lectura recomendable si se tiene en cuenta el motivo de su creación que, ya he dicho, es dejar en evidencia el teatro del momento.




“DON ANTONIO.-
Parece que se hunde el techo.”


domingo, 24 de diciembre de 2017

Antonio Skármeta: El cartero de Neruda (**/***)

(139 pág.; El País)                              (68; diciembre de 2017)
Comienzo a leer este libro pasadas las doce de la noche y no lo puedo dejar hasta haberlo acabado, a pesar de conocer la historia pues vi la película basada en él. Personalmente, me gusta más la película, sin desdeñar en absoluto el libro, pero el guion de la misma le quita lo azaroso que fue en Chile el tiempo en que transcurre la historia y, en cambio, intensifica la relación entre el poeta y el cartero, lo que la hace mucho más entrañable y divertida a la vez.
Un joven pescador, al que no le gusta el trabajo duro ni madrugar, ve un anuncio en la estafeta de correos en el que se solicita un cartero para atender a Pablo Neruda que está en la isla. A este joven, con pocas luces y menos estudios, el contacto con Neruda hace que espabile y, entre las lecturas y enseñanzas que recibe, consigue su lugar en la vida. Metafóricamente hablando.



“En junio de 1969 dos motivos tan afortunados como triviales condujeron a Mario Jiménez a cambiar de oficio.”