sábado, 24 de febrero de 2018

Raymond Carver: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (***)

(214 pág.; Anagrama)                                   (11; febrero de 2018)
En el amigo invisible que jugamos en Navidad en Madrid alguien (Iván) me regaló este libro y cuando lo vi me quedé parado porque me sonaba de algo, pero no lo recordaba: se lo había puesto a Anna en la lista de libros que quería leer. Con la memoria que tengo, por decir, hasta lo que quiero me llega a sorprender. Pero lo cierto es que yo sólo quería un libro de Carver y aquí están los cuatro que publicó, más otro que publicó su esposa, Gallagher, cuando encontró más relatos de él. Así que he leído el primero e iré intercalando otros libros. Carver admiraba a Chéjov y se nota su influencia y yo, que no entiendo nada, también pienso en Munro.
Sus relatos son sobre la gente que puedes encontrar mayoritariamente en Estados Unidos, pero en situaciones un tanto apuradas o que se les puede escapar de las manos. No todos lo cuentos tienen un final resolutivo pero no importa, pues ha planteado una situación, la ha llevado hasta el límite que él creía que se podía llevar, tú le has seguido y lo que pase luego no importa, pues al fin y al cabo tú te lo has pasado bien leyendo ese relato y esto no es una novela de misterio que se tenga que resolver, esto es la vida hecha literatura.



“El caso es que han de vender el coche inmediatamente, y Leo le encarga a Toni que lo haga.”
¿Qué es lo que quiere?


lunes, 19 de febrero de 2018

Herta Müller: La bestia del corazón (*)

(leídas 108 de 196 pág.; Siruela) (11; febrero de 2018) (Premio Nobel 2009)
Los dos libros anteriores que leí de esta autora solo me parecieron recomendables, pero como de todo autor que leo algún libro y no me desagrada lo pongo en la columna de leer otro, más tarde que temprano llega su momento (en este caso ocho años), por lo que tenía ganas de ver si me gustaba algo más este tercero. Pero ha sido todo lo contrario.
Una joven narradora nos va contando las peripecias vitales de tres estudiantes y de una compañera de habitación. Todos ellos son vigilados y tanto sus pertenencias como su correspondencia revisada. Pero la manera de explicar la historia, con frases y párrafos cortos, así como lo enrevesado o poco claro de la misma hizo que me planteara el porqué seguía leyendo.
Estoy seguro de que lo descrito era lo que sucedía en Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu y que, además, debe estar muy bien escrito, pero yo no entendía a qué se refería cada vez que mencionaba “la bestia del corazón”. Tengo otra columna para los autores a los que prefiero no volver a leer otro libro.




“Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar.”


domingo, 18 de febrero de 2018

Eduardo Mendoza: Qué está pasando en Cataluña (**/***)

(94 pág.; Seix Barral)                         (10; febrero de 2018)
Marisol compró este libro hace unos pocos meses y me lo aconsejó. A pesar que no soy dado a saltarme el orden de los libros que tengo para leer, dada la situación actual he querido saber qué opina Mendoza al respecto; pero no me he encontrado con una explicación de la actualidad sino de una mirada al pasado: con claridad y sencillez da su opinión de qué es Cataluña, qué son los catalanes, por qué somos como somos, cómo se nos ve desde fuera de Cataluña y muchos más hechos, históricos o sociales, en relación al porqué o al cómo se ha llegado a este punto. Aunque se ha de tener en cuenta que es un librito de un centenar de hojas, no una enciclopedia.
No da su opinión de qué piensa él del independentismo, cada lector sacará la conclusión que le parezca más coherente con lo que se ha escrito; yo tampoco diré nada al respecto, pues no son mis pobres líneas ni suficientemente importante ni es el fin que persiguen. Pero en mi, cada vez más negra y desesperanzada visión de hacia dónde va la humanidad (palabra que pierde uno de sus más importantes significados al utilizarla al conjunto de los humanos), creo que la historia se escribe y reescribe cada día, según el (ilegítimo) interés de cada uno y de las circunstancias del momento.
Yo soy catalán de nacimiento, con siete apellidos catalanes (aunque es un signo de exacerbación racista el que ello indique algo más que el origen de mis antepasados) y creo que catalanes como Serrat, Fainé, Oliu, Coixet y algunos miles más que no conozco también lo son y que ellos también tienen una opinión al respecto y la han expresado con sus actos, todos ellos lícitos.



“Desde hace años paso la mayor parte de mi tiempo fuera de Cataluña y de España y quiero creer que eso me da una cierta perspectiva sobre los sucesos actuales que, desde la distancia, sigo atentamente a través de contactos personales y de la lectura de la prensa local y extranjera.”


sábado, 17 de febrero de 2018

Yasunari Kawabata: El Maestro de Go (***)

(205 pág.; Emece)              (9; febrero de 2018)           (Premio Nobel 1968)
Hace cinco libros un japonés me hablaba de correr y ahora otro japonés me habla del deporte mental que es el go y que es la única novela que acabó, según su autor. En 1938 Kawabata era el enviado de un diario para cubrir la última partida del llamado Maestro, jugador que nunca había perdido una sola partida en este juego. La partida se alargó durante seis meses, pues el Maestro estuvo tres meses hospitalizado. En esos seis meses se publicaron más de sesenta crónicas y veinte años después se publicó el libro.
He creído que esta historia bien se merecía considerar su lectura como imprescindible, pues la maestría de su autor nos permite acercarnos a una cultura no muy conocida por nosotros, en un momento (guerra chino-japonesa, pre Segunda Guerra Mundial) en que Japón estaba cambiando y aún cambiaría más; se nos da a conocer un juego muy poco conocido en Occidente y, sin aburrir, consigue introducirnos en las habitaciones-salas de seis u ocho tatamis (la manera de medir las habitaciones) en la que se disputó esta última partida del Maestro y que, además, sería la última que se jugaría como hasta entonces se había hecho. Muy interesante, entretenida y apasionante, a pesar de conocer el resultado de la partida desde el principio de la historia y qué fue del Maestro desde la primera oración.




“Shusai, Maestro de Go, vigésimo primero en la sucesión Honnimbo, murió en Atami, en la posada Urokoya, la mañana del 18 de enero de 1940.”


domingo, 11 de febrero de 2018

Lewis Wallace: Ben-Hur (**)

(556 + 139 pág.; El País)                                (8; febrero de 2018)
Desconocía este autor, y su vida y sus milagros, y a medida que avanzaba en la lectura del libro pensaba que sería otro más de esos autores conversos al catolicismo que nos cuentan, a través de una novela, sus motivaciones y que a mí, descreído total, me dejan más bien indiferente y aburrido. Pero no es así: Wallace se alistó para combatir en la guerra contra México, llegó a general y defendió Washington en la de Secesión, fue gobernador, embajador y le sobró tiempo para escribir libros, siendo este el más afamado. Es decir, no fue un converso, sino que era creyente.
Dicho esto, queda claro que la historia va sobre el cristianismo (de la película yo sólo recuerdo la carrera de cuadrigas, el ladrillo y a Heston haciendo de remero). Hur era una rica familia judía que tiene la desgracia de ser deshecha por el nuevo gobernador romano: el hijo se va a galeras y la madre y la hija desaparecen sin que nadie sepa su paradero. Pero el destino y una serie de coincidencias, que el lector asumirá mejor o peor, harán que Ben-Hur termine siendo un romano rico y se pueda vengar de todo lo que les sucedió. Además, se cruzará en su camino Jesús y será uno de sus más fieles seguidores. Y así Wallace nos explicará la historia de Jesús, que es el subtítulo del libro.
La historia está dividida en ocho libros y Ben-Hur no aparece hasta el segundo, es decir, la principal motivación del autor no fue explicar la historia de ficción. En el primer capítulo se narra el viaje en camello a través del desierto de un hombre y es el que más me gustó, porque, a pesar de mi falta de imaginación, me sentí trasladado junto al viajero y no me esperaba el desenlace del viaje. El libro es una enciclopedia de datos geográficos, históricos y biográficos y el archivo digital que encontré tenía ciento cuarenta páginas de notas que no aparecen en el libro que tengo. Una suerte… relativa.




“El Jebel-es-Zublech es una montaña de más de cincuenta millas de longitud y tan estrecha que su dibujo en el mapa se parece a una oruga reptando de sur a norte.”


sábado, 10 de febrero de 2018

Vladímir Korolenko: Sin lengua (***)

(191 pág.; Barataria)                         (7; enero de 2018)
Con sorpresa para mí, porque no me lo esperaba, Boris y Cristina me regalan en Navidad este libro. Del autor me había hablado Boris la Navidad anterior, pero no lo recordaba, y fue otra sorpresa muy interesante, pues de otra forma seguramente nunca habría ni sabido de él ni leído. Es todo un hallazgo. Korolenko fue un periodista del siglo XIX y fue a Boston por la exposición universal que se allí se celebró y en este libro refleja la vida que llevaban sus paisanos en la tierra de la libertad. Mientras lo vas leyendo crees que su estilo es como el de Picasso en la pintura: cualquier niño podría hacerlo igual de bien, pero tú sabes que eso no es así de fácil o que hacer ver que es fácil cuesta mucho. A medida que avanza la historia se crea una mayor curiosidad en saber qué sucederá.
Dos amigos de un pueblo ruso, a finales del XIX, deciden irse a Estados Unidos porque allí tienen un familiar que les ha escrito diciendo que se vive mejor que en Rusia de las cosechas. Consiguen el dinero para embarcar y comienzan a apreciarse las maneras de enfrentarse a las dificultades de cada uno de ellos: mientras que uno aprende algo de inglés y se viste al estilo occidental el otro se encierra en sí mismo y viste como lo hacía en su pueblo, lo que resulta estrafalario para los que no lo conocen. Llegando a Nueva York las diferencias son todavía mayores y el que no se adapta solo piensa en regresar a su tierra, mientras que el otro ya ha hecho amigos.
La historia describe una situación que yo traslado al siglo actual: si a cualquiera de nosotros nos dejaran en China, por ejemplo, no tendríamos problema para hacernos entender: un poco de inglés, nuestro teléfono inteligente, un ordenador, etc. Don’t worry. Pero ¡ay! si nos dejaran en medio de la selva amazónica y delante tuviéramos a un indio con una cerbatana en la derecha y una cabeza reducida colgando del cuello. ¿De qué nos valdríamos entonces para volver a nuestra denostada civilización? Creo que es lo mismo que pudo sentir el labrador que vivía en un pueblo ruso y se perdió en Nueva York hará unos ciento veinte años.




“Hay en mi tierra, en la provincia de Volinia, por la parte donde las estribaciones de los Cárpatos se funden paulatinamente con las pantanosas llanuras de Polesie, una ciudad a la que daré el nombre de Jlebno.”


domingo, 4 de febrero de 2018

Marco Vichi: El comisario Bordelli (**)

(239 pág.; Duomo Nefelibata)                      (6; enero de 2018)
A Marisol le gustan las novelas policiacas y si, además, transcurren en lugares que ha estado y son bonitos, miel sobre hojuelas. Esta es la razón por la que tengamos la primera novela del comisario Bordelli en el estante de la v y, parafraseando a Camilleri, “absolutamente olvidable”. Con ello no quiero decir que sea una mala novela, al fin y al cabo, le he puesto dos estrellas, pero Florencia se queda en la mención de cinco calles que probablemente no has oído nunca; el comisario Bordelli de héroe tiene poco, en todo caso es una buena persona que no cuadra con ser comisario de policía; el asesinato es tan complejo, artificial o improbable que es lo que menos importa de la historia. Y ahora las razones por lo que vale la pena leerla: tiene unos buenos personajes secundarios y sus historias son mejores que la principal. De ahí que la recomiende.
Para abundar un poco en la trama: Bordelli, que no es un comisario al uso y tanto es así que su superior ya le ha llamado al orden alguna vez, se encuentra con el fallecimiento de una mujer mayor que sufría problemas respiratorios. Alrededor del cadáver se encuentra el vaso con el medicamento que se tomó cuando le sobrevino el ataque que no pudo superar, pero el frasco no se había abierto ni una vez. La difunta tiene dos sobrinos que lo heredarán todo por lo que son sospechosos de asesinato, pero ambos se encontraban fuera de la ciudad y tienen testigos de ello. De los personajes que conoce Bordelli no hablo porque es mejor que los vaya descubriendo el futuro lector y no que yo los destroce.




“El comisario Bordelli entró en su despacho a las ocho de la mañana, después de una noche casi sin dormir, dando vueltas entre las sábanas empapadas de sudor.”


sábado, 3 de febrero de 2018

Vicente Blasco Ibáñez: Mare Nostrum (***)

(446 pág.; Prometeo)                        (5; enero de 2018)
Repito autor y esta vez con un libro que le regalaron a Pepe y que está más cerca de ser una primera edición (1918) que de nuestros días, solo hay que ver la portada. La acción sucede durante la Primera Guerra Mundial, lo que da prueba de la habilidad del autor para crear una historia con hechos que eran actualidad.
Mare Nostrum, obviamente, es el Mar Mediterráneo pero, también, el nombre del barco que el protagonista compra. Antes de comenzar con la narración de ficción, Blasco nos ilustra con la historia de los pueblos que surcaron el Mediterráneo; también nos detallará de manera exhaustiva todas las especies marinas que lo habitan; no dejará de lado describir las costas por las que el capitán Ferragut navegará y eso incluye los cabos, golfos y hablar de las ciudades costeras; en resumen, como Julio Verne. El estilo es decimonónico (¿podía ser de otra manera?), pero a mí me ha gustado mucho. Como en la trama hay un enamoramiento, también es romántico y sensual.
El protagonista, hijo de un notario, debería estudiar derecho y, en palabras de su padre, “que le lloviera el dinero”; pero tiene un tío marino y le puede más esa profesión. Muerto el padre repentinamente, nada le detiene. Con un salto en el tiempo nos enteramos que ha cruzado los siete mares y que está muy bien considerado en su profesión. Tiene la oportunidad de comprar un navío y lo hace, por lo que ahora es capitán y propietario. Se dedica al transporte marítimo de mercancías, pero en su travesía se va a cruzar una mujer que le hará beber sus vientos y la Primera Guerra Mundial jugará un papel muy importante y decisivo en la vida de todos los protagonistas de esta estupenda novela.




“Sus primeros amores fueron con una emperatriz.”


domingo, 28 de enero de 2018

Haruki Murakami: De qué hablo cuando hablo de correr (**/***)

(232 pág.; Tusquets)                          (4; enero de 2018)
Regalé este libro a un compañero del trabajo que cada semana corre alguna carrera, desde 5 km hasta maratones, y pensé que algún día lo leería, así que lo busqué digitalizado. Aunque el título no deja lugar a dudas de lo que va el libro y, por consiguiente, muchos lectores pueden creer que no les interesa, he de aclarar que Murakami aprovecha su gusto por correr para explicarnos qué piensa sobre algunas cosas, qué hace, también para hablarnos de sus viajes y sus aficiones y, obviamente, de cómo le ha ido en algunas de sus carreras. Para no explicar al tuntún lo que él hace ordenadamente, solo diré que recorrió la distancia entre Atenas y Maratón él solo. Lo menciono como uno de esos hechos que pueden ser atractivos o interesantes.
A pesar de que tenía a Murakami en el dique seco por culpa del libro que me regaló Marisol hace muchos años, he de reconocer con placer que la lectura de este libro me ha gustado mucho y la he disfrutado, casi casi, como si yo hubiera conseguido todo lo que él relata que ha hecho.




“La existencia de una máxima que dice que un auténtico caballero nunca habla de las damas con las que ha roto, ni de los impuestos que ha pagado es..., es una mentira como una catedral.”


sábado, 27 de enero de 2018

David Vann: Sukkwan Island (**/***)

(210 pág.; Alfabia)                             (3; enero de 2018)
Marisol se compró esta novela al poco de salir a la venta y me apetecía leerla, pero me dijo que no le había gustado. Como ya no quedan muchos autores por leer en esa balda al final me decido a leerla, pues me seguía tentando. Le comenté que la estaba leyendo y entonces me aclaró que le había puesto nerviosa su lectura, no tanto que no le hubiera gustado. Y no es para menos.
Un padre divorciado que tiene un hijo y una hija convence al primero de que se vaya con él a una isla desierta durante un año para tener una relación más cercana. A pesar de que ni el hijo ni su madre querían, al final ceden. La idea es llevarse algo de comida y pescar o cazar en la isla. La casita es pequeña y la relación más que cercana es opresiva. Nada sale como el padre había supuesto. No obstante, el lector no puede sorprenderse del mal resultado, pues a medida que va leyendo se va enterando de las peregrinas ideas del padre. En resumen, ni para pasar un fin de semana con él.




“Tu madre y yo teníamos un Morris Mini.”


domingo, 21 de enero de 2018

Arnold Bennett: Enterrado en vida (**/***)

(304 pág.; Impedimenta)                              (2; enero de 2018)
Marisol no deja de comprar libros y de aconsejarme algunos. Yo voy destilando esa información y acoplándola a mis largas listas de libros por leer. Este es el caso de uno de ellos. A punto he estado de considerarlo un libro recomendable sin más, pero lo cierto es que está bien escrito, la idea es original y, a pesar de que hacia la mitad decrece el interés pero hay un giro que devuelve la vitalidad a la narración y de que la timidez del protagonista no siempre actúa (y es vital en la historia), considero que su lectura es gratificante, es decir, muy recomendable. Bennet fue un autor de éxito y muy bien considerado en su momento, pero hoy se recuerda más a los que consideraban que su estilo estaba caduco: el grupo de Bloombury.
El protagonista es un pintor de mucho éxito cuyas obras se venden a buen precio. Nadie lo tiene físicamente presente, pues su timidez es tal que no permite entrevistas ni aparece por las exposiciones. Por una circunstancia que no quiero desvelar tiene la oportunidad de cambiar su identidad y desaparecer del mundanal ruido. ¿No hemos pensado alguna vez que ojalá pudiéramos hacer eso y que desaparecieran todos nuestros líos de los que no sabemos cómo librarnos? Aquí tienes la respuesta.




“El peculiar ángulo que el eje de la Tierra forma con el plano de la eclíptica –ángulo del cual depende en buena medida nuestra geografía, y por ende, nuestra historia– era la causa de que en la época en que comienza este relato se produjera el fenómeno conocido en Londres con el nombre de verano.”


sábado, 20 de enero de 2018

Rubén Darío: Cuentos macabros (**/***)

(53 pág.; Ruth Casa)                          (1; enero de 2018)
Quería volver a leer otro libro de Darío después de cuatro años de haber leído su impresionante Azul… y, a duras penas, encontré estos macabros cuentos. Parece ser que este poeta, periodista y diplomático publicó un libro de cuentos en su vida y que solo se reedita la obra mencionada. De aquí a algunos años más ya veremos qué otra obra encuentro de él.
Este pequeño libro contiene nueve cuentos de los casi cien que publicó en diarios y revistas y son del estilo de los que escribía Poe pero, por lo que recuerdo de este último autor, mucho más cortos y, quizá, menos truculentos. Vale la pena leer el librito por conocer la prosa cargada de adjetivos con la que Darío asustó a sus contemporáneos, a pesar de que no creo que hoy en día sean tan macabros como hace un siglo o, que nuestro presente es tan convulso que ya no nos impresiona cualquier cosa, por muy bien escrita que esté.




“Que el doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador, que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterioso, sobre todo después de la publicación de su obra sobre La plástica de ensueño, quizá podríais negármelo o aceptármelo con restricción; pero que su calva es única, insigne, hermosa, solemne, lírica si gustáis, ¡oh, eso nunca, estoy seguro!"
El caso de la señorita Amelia


domingo, 14 de enero de 2018

James Thurber: La vida secreta de Walter Mitty y otras historias (**)

(260 + 68 pág.; Versal)                                  (74; diciembre de 2017)
Las veces anteriores, cuando pasaba por esta estantería tenía ganas de coger este libro, pero hasta este momento otros me parecieron más oportunos, pero ya le ha llegado la ocasión. Está considerado como uno de los mejores escritores de cuentos o relatos cortos del siglo XX, pero me parece un tanto exagerado. El archivo digital que encontré de este libro tenía otra selección de sus historias, por lo que he leído más de las que hay en el que tenemos en casa.
El libro comienza con una biografía, que resulta ser autobiografía, realmente divertida; tiene tres o cuatro relatos buenos, pero la mayoría son relatos que no me han dicho mucho, quizá hace un siglo, más o menos, y leídos en el New Yorker tuvieran más interés, pero no me parece a mí que un libro sea el mejor soporte; sus personajes tienen tendencia a ser anodinos pero sorprendentes o que se encuentran en situaciones incoherentes, en eso su imaginación es desbordante. De sus fábulas, mejor no hablar: no salvo ni una. Pero insisto en que he leído tres o cuatro buenos, uno de ellos, el del pie de la portada.




“Los libros sobre eficiencia mental no regatean detalles acerca de cómo conseguir un Ajuste Magistral, como lo llama uno de ellos, pero a mí me parece que los problemas que exponen, y descartan, son un su gran mayoría poco imaginativos y pedestres: los pequeños altercados en la mesa del desayuno, los inconvenientes rutinarios en la oficina, las familiares ansiedades causadas…”
Fuerzas destructivas en la vida


sábado, 13 de enero de 2018

Bertolt Brecht: Madre Coraje y sus hijos (***)

(130 pág.; I.N.A.E.M.)                         (73; diciembre de 2017)
Como ya he ido diciendo otras veces, cuando un autor me ha gustado lo repito, pero esto puede tardar años (seis en este caso) y la razón ya la he apuntado en alguna ocasión: hay muy buenos autores y yo tengo la suerte de ir pillándolos poco a poco. Y repetir a todos ellos y leer a los que aún no lo he hecho es solo cuestión de tiempo, nada más.
Si alguien es perspicaz y se fija en el extremo superior derecho de la portada verá un símbolo en rojo: no es el de una editorial sino de una web en la que hay unos treinta mil libros digitalizados;  remarco esto, porque ni en Amazon ni en Casa del libro he encontrado esta obra de él, entonces…
Había leído en crónicas periodísticas ante un hecho de valentía las dos primeras palabras del título e, incluso, en masculino, así que tenía curiosidad por saber de qué iba la obra, pues es una obra de teatro de la que estoy hablando: Madre Coraje es una mujer que tiene una hija muda y dos hijos adultos para ir a la guerra. Estamos en el siglo XVII en la guerra de los Treinta Años. Ella tiene un carromato y va de aquí para allá vendiendo todo aquello que pueda interesar dadas las circunstancias. Para ello tiene que trampear controles, que no se le lleven a los hijos a la guerra y que su hija se mantenga pura para que, con un poco de suerte, encuentre un marido. Hay diálogos o explicaciones de Madre Coraje que son todo un hallazgo por su eficaz manera de mostrar cómo funciona el mundo que ha creado la llamada humanidad. Brecht escribió esta obra al inicio de la época nazi y se anticipó escribiendo lo que se avecinaba.




“RECLUTADOR.— ¿Qué gente se puede reclutar aquí?”


domingo, 7 de enero de 2018

Robert L. Stevenson: La isla del tesoro (**)

(269 pág.; El País)                              (72; diciembre de 2017; en Madrid)
Tendría que haberla leído cuando era adolescente y, seguramente, la habría disfrutado más. O tendría que haber leído su Mr. Hyde, pero esta no la tengo. Cada historia tiene su momento, a menos que su fuerza pueda transcender el tiempo y la edad del lector. En este caso el problema es el lector.
Un joven adolescente, hijo de unos cantineros, se relaciona con un marino retirado, malhablado y mal pagador que se esconde en esa pensión. Un día recibe una visita que, a pesar de esperada, lo intranquiliza de tal manera que le confiesa un secreto al muchacho. A raíz de la visita y del secreto conocido comenzará una aventura de la que este que saldrá rico o difunto.




“El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17… y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería...”


sábado, 6 de enero de 2018

Flàvia Company i Navau: Haru (**)

(380 pág.; Catedral)                         (71; diciembre de 2017)
Cuando estaba cerca de leer el libro número 550 Anna ya me había preparado su recomendación. A ella le había gustado, aunque tenía dudas de si me gustaría a mí. Obviamente, nos conocemos. Este libro es para recomendar a una adolescente o a una persona a la que le guste la filosofía oriental, sin que con ello quiera decir que no esté bien, pero no es de mi estilo. Ya no faltan muchos para los 600; ya veremos qué me depara el destino.
Haru, la protagonista, cuando muere su madre es ingresada en una escuela para aprender a tirar con arco. La escuela imparte sus enseñanzas envuelta en todo el misticismo oriental y Haru es muy dada a dejarse llevar por su ímpetu juvenil, lo que obliga a los tres profesores de la escuela a domeñarla. Ella no es la única alumna y tampoco es la única a la que le cuesta doblegarse ante la disciplina. La novela nos explica, de manera más o menos detallada, sus años en la escuela y luego, a vuelapluma, sus años de adulta, pero sobre todo, da una visión ejemplarizante de cómo alcanzar lo que uno desea o, a veces, lo que no sabe que desea, pero que puede hacer que su existencia haya tenido significado para sí y los demás.




“La condició perquè jo els expliqui aquesta història és que no em preguntin d’on l’he treta i que acceptin que hi haurà detalls que no conegui o per als quals no tingui explicació.”


domingo, 31 de diciembre de 2017

Antonio Tabucchi: La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (**/***)

(184 pág.; Anagrama)                                   (70; diciembre de 2017)
Con ganas vuelvo a leer algo de Tabucchi, pues su Sostiene Pereira me gustó mucho, pero hay que compaginar autores nuevos con los que tenemos ganas de releer y eso lleva su tiempo, años en mi caso.
Y hablando de caso, el que se encuentra la policía de Oporto: un cadáver sin cabeza. El protagonista de esta novela es un periodista de Lisboa que es enviado por su diario para aportar los máximos datos posibles de tamaño suceso y él, que tiene ínfulas de escritor serio, no quiere dedicarle más que un par de días, pero la historia tiene más profundidad de la que todo el mundo cree y se tiene que quedar en Oporto el tiempo suficiente como para apreciar a esta ciudad más de lo que inicialmente hubiera pensado y, de paso, resolver el misterio. Teatral, singular e interesante personaje es el abogado que aparece en la novela.
Basado en un hecho real sucedido en Lisboa. Sabiendo que entre las dos ciudades hay una antigua rivalidad, ¿qué llevó a Tabucchi a cambiar el escenario?




Manolo el Gitano abrió los ojos, miró la débil luz que se filtraba por las rendijas de la chabola y se levantó, procurando no hacer ruido.”


sábado, 30 de diciembre de 2017

Leandro Fernández de Moratín: La comedia nueva (**)

(82 pág.; Fundación Biblioteca)                    (69; diciembre de 2017)
Hace ya muchos años que leí su obra más conocida y así que ya era hora de volver a leer otra de sus obras.
Esta comedia viene a ser un ajuste de cuentas de Moratín con los autores noveles de su época que estrenaban obra tras obra sin ton ni son; por lo que, aunque te hace sonreír con las tonterías del “autor” y sus allegados que aparecen en la obra, solo es una lectura recomendable si se tiene en cuenta el motivo de su creación que, ya he dicho, es dejar en evidencia el teatro del momento.




“DON ANTONIO.-
Parece que se hunde el techo.”


domingo, 24 de diciembre de 2017

Antonio Skármeta: El cartero de Neruda (**/***)

(139 pág.; El País)                              (68; diciembre de 2017)
Comienzo a leer este libro pasadas las doce de la noche y no lo puedo dejar hasta haberlo acabado, a pesar de conocer la historia pues vi la película basada en él. Personalmente, me gusta más la película, sin desdeñar en absoluto el libro, pero el guion de la misma le quita lo azaroso que fue en Chile el tiempo en que transcurre la historia y, en cambio, intensifica la relación entre el poeta y el cartero, lo que la hace mucho más entrañable y divertida a la vez.
Un joven pescador, al que no le gusta el trabajo duro ni madrugar, ve un anuncio en la estafeta de correos en el que se solicita un cartero para atender a Pablo Neruda que está en la isla. A este joven, con pocas luces y menos estudios, el contacto con Neruda hace que espabile y, entre las lecturas y enseñanzas que recibe, consigue su lugar en la vida. Metafóricamente hablando.



“En junio de 1969 dos motivos tan afortunados como triviales condujeron a Mario Jiménez a cambiar de oficio.”


sábado, 23 de diciembre de 2017

Pedro Salinas: La voz a ti debida (**/***)

(127 pág.; El País)                              (67; diciembre de 2017)
Cada año quiero leer un libro de poesía de un autor nuevo, para mí, y hasta ahora no he podido. Ha habido mucho libro nuevo este año debido en gran parte al hecho de comenzar una nueva década. Pero llegados aquí elijo de los que tengo pendientes a Salinas, cuyo apellido me suena y, avergonzado, me entero leyendo la introducción que fue uno de los importantes de la generación del 27. Constantemente descubro mis pobres resultados de la educación que recibí.
Esta obra cuenta una historia de amor en forma de poema aunque sin rima y todo seguido, pero hay una separación entre un capítulo, por llamarlo de alguna manera, y otro. Como leí en la introducción que la generación del 27 eran seguidores de Góngora y que utilizaban muchas metáforas pensé que no entendería nada. Y no he entendido todo lo que el poeta quiso transmitir, pero me ha gustado su musicalidad, sus ligeras frases, su manera de explicar lo mucho que la quería y la encontraba a faltar; en resumen, me ha gustado lo que me ha llegado de todo lo que Salinas quiso expresar.




“Tú vives siempre en tus actos.”


domingo, 17 de diciembre de 2017

Mario Vargas Llosa: Los cachorros (***)

(67 + 50 pág.; Lumen)     (66; diciembre de 2017)     (Premio Nobel 2010)
Me encuentro en la calle tres libros de Vargas Llosa: uno sé que lo tengo y de los otros dos, Los jefes y Los cachorros, dudo cuál es el que tengo. Quiero coger el que no tenemos en casa, pero no recuerdo bien cuál es. Finalmente me decido por el de la cabecera: es el que teníamos, pero tanto da, pues así lo tendré también en Huesca.
Comienzo por donde no debo comenzar: los prefacios y las introducciones. Cincuenta páginas hablando sobre un libro de sesenta y siete. Me lo destripan, hasta el final, pero están muy bien, pues explican lo que de otra manera no sabría. Pero deberían advertirlo o ponerlo al final, o yo recordar que no lo debo leer hasta haber leído el libro en cuestión.
Miraflores, Lima, año 1967, cuando yo llegué. Adolescentes a punto de convertirse en ser hombres. En párrafos donde, seguido del nombre de cada uno de ellos, se expresa lo que piensan sobre lo que les va sucediendo. Al principio cuesta de seguir, pero al final, con un poco de atención, la lectura es más rápida y unida. Para qué voy a explicar lo que es la vida de un joven que estudia en un colegio de curas, ya lo hemos leído otras veces. Aquí, la diferencia, es que al más rico de ellos le sucede un accidente terrible y ello hace que todo gire a su alrededor, hasta que se hacen adultos, pues la vida sigue a pesar de todo y él pierde su influencia.
Sesenta y siete páginas y, de un plumazo, nos explican veinte años de la vida de media docena de jóvenes y de la época que les tocó vivir. No lamento haber escogido esta novela. Enorme.




“Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del “Terrazas”, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágiles, voraces.”


sábado, 16 de diciembre de 2017

Bram Stoker: Drácula (**/***)

(518 pág.; Amazon)                            (65; diciembre de 2017)
Una tarde, hace poco más de cuarenta años, me encontraba enfermo y hacia eso de las siete me trajeron este libro que yo no tenía ni había leído. Doce horas después apagaba la luz y me ponía a dormir. Este año he querido leerlo de nuevo, pues aunque la historia es muy conocida, tenía ganas de tener presente el texto original.
A medida que lo iba leyendo pensaba en lo que habría significado leerlo en el momento de su publicación, pues las descripciones de lo que sucede nunca son claras, ya que los narradores son los que desconocen la realidad que están viviendo y, sobre todo, están envueltas de misterio, supersticiones o terror ancestral.
Yo diría que hay dos partes claramente diferenciadas en la novela. Como no voy a explicar la trama, pues nadie nacido fuera de esta década la desconoce, sí que daré el punto de inflexión que tiene la historia: cuando todos los protagonistas se reúnen en casa del doctor. Ya ha llegado Van Helsing y nos ha metido más miedo en el cuerpo con la amiga de la protagonista y, a partir de ese momento, se trata de acabar con Drácula. Pero entonces la tensión disminuye y puede llegar a hacerse tediosa tanta explicación sobre el porqué de las facultades, carencias o dificultades del citado y temido conde. Características que, obviamente, Stokes no explica ni presenta razonadamente, sino que, a medida que avanza la historia va diciendo que si los ajos, la cruz, la estaca, la luz solar y más cosas por el estilo. Además, se hace muy ostensible el machismo de la época: los hombres pueden con todo y las delicadas mujeres se han de quedar en casa, a pesar de que es la protagonista la que arroja más luz sobre el conde que ellos mismos. En cualquier caso, una excelente novela que creo que hay que leer.




“Cuando iniciamos nuestro paseo, el sol brillaba intensamente sobre Múnich y el aire estaba repleto de la alegría propia de comienzos del verano.”


sábado, 9 de diciembre de 2017

Emile Zola: Nana (***)

(332 pág.; Sarpe)                               (64; noviembre de 2017)
Una joven del arroyo aparece en una obra de teatro de variedades aunque no sabe cantar, no sabe bailar, no declama correctamente y, además, no se sabe el texto. Pero el movimiento de sus caderas y la poca ropa de la que consta su vestimenta hacen que tenga un éxito del cual habla todo París. Tanta fama alcanza que todos los hombres adinerados se rifan poder ser ellos el elegido para mantenerla. Y ella escoge a uno, a otro y a otro más. Escoge a cuantos quiere y les exprime todo lo que tienen y lo que no tienen.
Y Zola nos lo cuenta de forma exquisita, en una docena de capítulos de una media hora de duración de lectura cada uno, metiéndonos de lleno en el teatro, en las cenas y fiestas que se dan y, sobre todo, haciéndonos sentir intensamente lo que debió ser el mundo de las mantenidas y el París de finales del XIX.




“A las nueve, la sala del teatro Varietés aún estaba vacía.”


sábado, 2 de diciembre de 2017

Fernando Sánchez Dragó: La prueba del laberinto (*/**)

(157 pág. de 341; Planeta)                              (63; noviembre de 2017)
Tuve que respirar “abdominalmente en ocho tiempos” para no dejar el libro en las cinco primeras páginas; en las cincuenta siguientes, mientras el protagonista mantenía una plúmbea conversación con su hija Kandahar tuve que respirar “abdominalmente en ocho tiempos” varias veces; y en el resto de lo que leí, y que trata de una conversación con un echador de cartas, nos encontramos los tres respirando “abdominalmente en ocho tiempos”. Y me cansé de tanto respirar.
¿Verdad que es repetitivo e innecesario lo que ha aparecido entrecomillado tres veces en el párrafo anterior? Pues en las páginas que leí lo repite ¡trece veces! y en alguna de ellas en más de una ocasión. La conversación con su hija, Kandahar, va de la página 35 a la 70 y su nombre se menciona 63 veces. No la conozco, pero empezaba a odiarla.
Considero a Sánchez Dragó una persona erudita pues alguna vez lo vi en televisión hace muchos años, y he leído algún artículo periodístico de él, pero un libro así no tiene pase. Marisol leyó en su momento diez páginas más que yo. Los premios Planeta y yo estamos reñidos, pues para uno que me ha podido gustar, la mayoría no puedo tacharlos ni de comerciales, aunque si así les va bien el negocio me parece perfecto. Yo, poco a poco, me estoy vacunando contra su lectura.




“La Biblia lleva razón cuando dice que el Maligno se embosca en lo baladí.”


sábado, 25 de noviembre de 2017

Leonardo Padura: Pasado perfecto (**/***)

(240 pág.; Tusquets)                                      (62; noviembre de 2017)
Hace ya algún tiempo que Marisol había leído una obra de este autor y me la aconsejó, luego leyó esta y aún le gustó más que la anterior, así que, pasado el periodo de estar en la lista de aconsejados, la he leído y me he llevado una grata sorpresa.
La acción transcurre en La Habana, el personaje principal es un resacoso teniente al que su jefe llama un día que libra, pues un antiguo compañero de aquel ha desaparecido el día de nochevieja. El desaparecido ostenta el cargo de viceministro de Industria por lo que hay que actuar de inmediato. Además, está casado con la chica que era la más guapa del instituto y de la que estuvo enamorado el teniente.
Padura desarrolla una historia que se remonta unos quince años atrás, cuando los protagonistas eran estudiante de preuniversitario y lo va enlazando con la actualidad y la realidad cubanas. Me ha gustado mucho porque no hay ninguna estridencia ni altibajo, la narración se desarrolla poco a poco pero hace que se lea con mucho interés y así vamos sabiendo a qué pasado perfecto se refiere el título. A ritmo de habanera, tranquilo.



“No necesito pensarlo para comprender que lo más difícil sería abrir los ojos.”


domingo, 12 de noviembre de 2017

Fernando de Rojas: La Celestina (***)

(283 pág.; El País)                                          (61; noviembre de 2017)
Esta madrugada he terminado de leer este libro y, una vez más, constato que la educación que recibimos (ojalá que no sea la que se imparte hoy) no fue todo lo buena que debió ser. Me explico: en Literatura de sexto de bachillerato nos dieron unos conocimientos (que yo no recuerdo porque no era buen estudiante) y los nombres de muchos autores y libros que era imprescindible leer. A día de hoy, que ya he leído alguno de esos, me doy cuenta que son muy buenos, que enseñan, divierten y me sorprende que hayan sido escritos en esas épocas (este, en concreto, en 1499); pero dudo mucho que la mayoría de mis compañeros los hayan leído (y no alardeo, pues he tardado más de cuarenta años en hacerlo yo). En resumen, no nos vendieron bien el producto.
Dice Fernando de Rojas, en una carta a un amigo, que se encontró el primer acto y que le pareció tan interesante que lo alargó veinte más… en solo quince días. Pues a pesar de dedicarle tan poco tiempo el resultado es loable, no tiene desperdicio y está lleno de refranes y adagios de aplicación en el siglo del autor y en el de hoy día. Me ha costado unos cuantos días leer estas casi trescientas páginas, pero es que la versión es en castellano antiguo y parece otro alfabeto: letras cambiadas por otras (v/b, b/v, u/v, v/u, y/i, e/i, z/c, f/h), palabras sin h inicial, r doble después de n, palabras desconocidas hoy en día pero que muchas aparecen en el diccionario, etc.; pero, en cualquier caso, un instructivo divertimento.
Breve resumen de lo que no escribió Rojas: Calisto está buscando su halcón y entra en el jardín de Melibea. Se enamora perdidamente de ella, pero ella le desdeña. Un criado de Calisto conoce a Celestina y le dice a su señor que ella podrá hacer que Melibea se enamore de él. Calisto le ruega que traiga a Celestina y acuerdan que ella de se encargue de convencerla. Ahora solo restan veinte interesantes actos para saber en qué acabará todo esto.



“Calisto.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.”


sábado, 11 de noviembre de 2017

Raymond Chandler: Adiós muñeca (**/***)

(307 pág.; Bruguera)                                     (60; octubre de 2017)
Podría decir de esta novela lo que dije de la primera que leí de este autor: no me acodaba de la película, la trama es rebuscada, Marlowe es mordaz hasta la médula y, como la anterior, es una lectura muy recomendable. No hay duda de que Chandler era un hombre culto y en esta novela, su segunda, también muestra que estaba interesado por la situación social del momento, como se puede apreciar en la frase con que se inicia la historia y que está al pie de la foto.
Un hombre gigantesco sale de prisión después de haber cumplido su condena y va al garito en el que, años atrás, trabajaba su novia. Nada más entrar ve a un hombre negro en el local y lo echa lanzándolo a través de la puerta. Marlowe, que pasaba por allí en ese momento y ha visto al gigante y lo que ha hecho, decide entrar e ver qué más puede suceder y ello le va a llevar a tener que descubrir dónde se encuentra la “muñeca” que fue novia del excarcelado y luchar por defender su vida, pues el pasado aparece subrepticiamente en el presente y afloran intereses que estaban aletargados.




“Era uno de esos bloques de Central Avenue, salpicados de blanco y negro, en realidad los negros aún no lo habían invadido del todo.”