domingo, 10 de septiembre de 2017

Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas, A través del espejo, La caza del Snark (**)

(391 pág.; Penguin Clásicos)                     (43; agosto de 2017; en Huesca)
Es casi imposible no haber oído nada de Carroll y menos de esta Alicia, pero como no lo había leído, y considero que es un clásico, se lo sugerí a Anna como mi regalo de cumpleaños y ella lo añadió al Cyrano. En esta edición no solo estaba la primera y segunda partes de la historia sino que, además, una especia de poema que Carroll escribió después de que se le ocurriera la frase final, es decir, construyó una historia para que finalizara con la frase que le vino a la cabeza en un paseo. El culmen de lo carrolliano.
Como no voy a explicar nada de la historia por su conocimiento general, diré que ya en los primeros capítulos de Alicia me pareció un tostón, que a pesar de leerlo a media mañana me entraba un sueño que no me lo provocan ni las píldoras que tomo para dormir, pero me empeñé en leerlo porque era corto. Luego seguí con el Snark y, como no me desagradó (aunque ya he dicho que todavía es más surrealista que las otras dos historias), seguí con A través del espejo. Creo que son dos historias para leerlas cuando se es adolescente o antes, incluso. He de resaltar su ingenio, su lógica ilógica o viceversa y la capacidad de improvisación del autor, pues fue una historia inventada mientras se iba explicando, y es por eso que la recomiendo a los jóvenes y a los no tan jóvenes si tienen curiosidad por lo que ha llegado hasta nuestros días con tanta fama, después de más de un siglo de haber sido escrito.
Y, con todo respeto, quiero resaltar que al final del libro hay un comentario de la obra de una afamada ensayista literaria, además de frases de otros críticos que ella trae a colación, que me han dejado más perplejo que el hecho de que una niña caiga por un agujero y se encuentre con ese increíble universo: se habla de la búsqueda del yo y el análisis freudiano, de que la historia trata sobre el falo (¿?), de brutalidad encubierta, de canibalismo, de crueldad desenfadada… No sé si tengo que volver a leer estos libros o ¡hacer que los vuelvan a leer estos sesudos críticos!




“Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos.”


sábado, 9 de septiembre de 2017

Orhan Pamuk: Estambul (***)

(437 pág.; El País)  (42; agosto de 2017; en Huesca)  (Premio Nobel 2006)
Otra vez Pamuk, el primer libro que tuve de él y, en papel, el último por leer. Tenía ganas de leerlo y, a la vez miedo de que no me gustara, de que fuera todo sobre una ciudad a la que estuve a punto de ir y no pude por los atentados que se produjeron en ella poco antes de mi viaje, en otras palabras, de que me aburriera.
Pero es Pamuk y sabe explicar lo mucho que quiere a su ciudad mezclándolo con retazos de su vida, explicando historias de antes de que él naciera, relatando como era el Bósforo y sus mansiones, y contando pequeñas historias que conforman la Historia de Estambul. Es Pamuk.




“Desde niño me he pasado largos años creyendo en un rincón de la mente que en algún lugar de las calles de Estambul, en una casa parecida a la nuestra, vivía otro Orhan que se me parecía en todo, que era mi gemelo, exactamente igual a mí.”


domingo, 3 de septiembre de 2017

Pío Baroja: La busca (**)

(188 pág.; Salvat)                               (41; julio de 2017; en Huesca)
Me lo encontré en la calle y, como no lo había leído, lo cogí; así que repito autor. Esta colección RTV salió sobre los años setenta. Como siempre me ha gustado coleccionar libros envidiaba a un tío mío que los tenía todos. El no los ha leído y yo, entonces, tampoco lo habría hecho. Mejor así: solo tengo uno, pero está leído.
Esta es la primera parte de una trilogía llamada “La lucha por la vida” (parece ser que era aficionado a escribirlas). Es como el libro de McCourt, pero en Marid a caballo entre los siglos XIX y XX. Parece imposible elegir libros al azar y que tengan temáticas tan similares, es decir, penas y más penas. La diferencia con el que he mencionado es que se empieza a leer sin que sea tan duro y el protagonista es mayor. Baroja nos pasea por todas las calles de Madrid, pues va mencionando los recorridos que realizan sus personajes y, ya mediada la novela, me di cuenta de que los hacían caminando. Más de cien años después cuesta situarse en la realidad del pasado, así como no ir a buscar al diccionario decenas y más decenas de palabras que no sabemos su significado, a pesar de que aparecen en el diccionario.




“Acaban de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo.”


sábado, 2 de septiembre de 2017

Lorenzo Mediano: El secreto de la diosa (**)

(470 pág.; DeBolsillo)                        (40; julio de 2017; en Huesca)
Cada vez tengo menos autores nuevos entre los que elegir lo que me obliga a leer libros que yo no escogería pero que, a su vez, me permiten leer historias que no leería por mí mismo. Y no es mal sistema.
La historia de este libro sucede hace diez mil años: las mujeres gobiernan el mundo, pues ellas son las que dan la vida y, por ende, las que pueden quitarla. Los hombres, antiguamente tan importantes porque cazaban y llevaban el alimento a la familia, ahora, debido a que la caza ha disminuido no tienen un lugar preponderante y tienen que doblegarse ante el matriarcado reinante, salvo que alguien descubra el secreto de la diosa y se puedan invertir los papeles. Interesante planteamiento que creo que pudo darse en la realidad.




“–Madre, no quiero morir.”


domingo, 27 de agosto de 2017

Edmond Rostand: Cyrano de Bergerac (***)

(236 pág.; Austral)                             (39; julio de 2017; en Huesca)
He visto la obra de teatro (Flotats), tres de las películas que se han hecho (Ferrer, Martin y Depardieu) y ya había leído el libro, pero como no lo tenía se lo pedí a Anna por mi cumpleaños, y así lo he vuelto a disfrutar.
Será raro que alguien no haya oído hablar de Cyrano, el de la gran nariz, pero a lo mejor también será raro que sepa que este narizotas no fue un personaje de ficción sino que fue un escritor y considerado precursor de la ciencia ficción (Historia cómica de los Estados e imperios de la Luna) de la que Rostand extrajo las ideas de cómo llegar de la Tierra a la Luna que aparecen en su obra de teatro.
Cyrano (el personaje) es un espadachín pendenciero, poeta y soñador que está enamorado de su prima Roxana, pero a la que no se atreve a declarar sus sentimientos debido a la fealdad de su rostro. Roxana está enamorada de Cristian, cadete que va a parar a la compañía de Cyrano, por lo que ella le pide a su primo que cuide de él. Este, enamorado a su vez de ella, le pide a Cyrano que le escriba una carta para ella. El éxito de la carta hará que Cyrano hable a su prima por la boca de Cristian sin que la nariz sea un impedimento visual.




“Portero. (Persiguiéndole.)
            Alto ahí.”


sábado, 26 de agosto de 2017

Frank McCourt: Las cenizas de Angela (**/***)

(396 pág.; Maeva)                              (38; julio de 2017; en Huesca)
Estaba leyendo el primer capítulo y lo único en que pensaba era si podría acabarlo o lo dejaba ahí mismo. Pasado ese capítulo y ya conociendo el tono del libro este mejora a mis ojos. No obstante, y a pesar de que considero que es una buena historia, no se lo aconsejo a las almas sensibles: no hay dónde agarrarse.
Hay muchas familias pobres, dentro de este grupo hay muchas con hijos que, a su vez, han podido perder al padre o tener a un padre que no puede trabajar y, además puede que la madre no sepa cómo sacar a su familia adelante. Incluso, esas familias pueden estar en un entorno pobre que tampoco permite superar los contratiempos. A ese tipo de familia pertenecía el autor de esta historia. No deja de ser notable que llegara a profesor y que, casi septuagenario, ganara el Premio Pulitzer con esta, su primera, novela.




“Mi padre y mi madre debieron haberse quedado en Nueva York, donde se conocieron, donde se casaron y donde nací yo.”


domingo, 20 de agosto de 2017

Robert A. Heinlein: La Luna es una cruel amante (**/***)

(367 pág.; Círculo de Lectores)                     (37; julio de 2017; en Huesca)
Este fue el primer libro que me regaló Marisol. Eso fue hace 22 años. Este año, cuando cumplí los sesenta me lo volvió a regalar porque no encontró el anterior (los libros que me regalan no los tengo con los que compramos nosotros). Como no me desagradó, y apenas recordaba de qué iba la novela, he aprovechado la ocasión para leerlo de nuevo (y Marisol también).
Hacia mediados del siglo XXI los condenados a prisión son enviados a la Luna para que cumplan su castigo. Con el tiempo, también hay nacimientos por lo que, debido a la diferencia de gravedad, ni los primeros ni los lunáticos (de origen) pueden volver a la Tierra a vivir. Es decir, los residentes en la Luna se convierten en proveedores de la Tierra por obligación y sometidos a la legislación terrestre. Pero llega un día que un pequeño grupo de lunáticos (con el sentido actual de la palabra) decide independizar la Luna de la Tierra, a pesar de que puedan ser atacados con armas nucleares.
Imaginativa, divertida, socialmente innovadora y técnicamente avanzada al momento de escribirse. Así es como podría resumirse esta novela. Su único fallo, quizá, sea los poderes que le otorga a un ordenador, pero no por ello deja de ser interesante su lectura.




“Veo en el Lunaya Pravda que el Consejo de Luna City ha pasado en primera lectura un proyecto de ley para inspeccionar, autorizar —y cargar de impuestos— a los vendedores de alimentos que operen dentro de la presión municipal.”


sábado, 19 de agosto de 2017

Ed McBain: Ritual de la sangre (**)

(191 pág.; Ediciones B)                      (36; julio de 2017; en Huesca)
Tenemos varios libros de este autor que yo aún no había leído así que ya le tocaba. Sus novelas tratan de lo que les sucede a los miembros de la comisaría del Distrito 87, es decir, en lugar de ser casos que resuelve un detective, aquí es lo que ahora ya hemos visto en series televisivas, por lo que, teniendo en cuenta que esta novela fue publicada en 1961, es una predecesora de este estilo.
En una librería son asesinadas varias personas, entre ellas la novia de un integrante de la mencionada comisaría. La investigación se pone en marcha, pero no hay pistas suficientes del asesino ni se encuentra un motivo por el que hayan sido asesinadas personas que no tienen ninguna relación entre ellas.




“Esquemas.”


domingo, 13 de agosto de 2017

Edward Rutherfurd: Rusos (I y II) (**)

(623 + 541 pág.; El País)                                           (35; julio de 2017)
El primer día de vacaciones consigo acabar con este doblete y con la seguridad de que el último libro que tenemos de él en casa (Sarum, 1.200 páginas) no llegaré a leerlo, porque antes que este quiero repetir más de noventa autores; y no me sabe mal, pues este autor se ha dedicado a contarnos la historia de ciudades y naciones a través de unos personajes de ficción y no es que esté mal la idea, pero, en el fondo, leído uno leídos todos.
London, que fue el anterior que leí, es posterior a este y, a mi parecer, la historia inventada es más compleja y densa, lo que hace que estos dos libros de ahora sean más ligeros y fáciles de leer, a pesar de que nos cuentan la historia de una nación tan grande como un continente como es Rusia. En resumen, el primer libro lo leí porque no sabía de qué iba y era el libro más largo que había leído; estos los he leído porque me interesaba conocer más de Rusia, pero sabiendo lo que me iba a encontrar, por lo que mi recomendación a un lector que desconozca a este autor es que elija la ciudad/país que más le guste de todos los que ha dramatizado su historia y que pase a tantos y tantos autores que crean literatura.




“Esa noche de verano, en la estepa reinaba la calma, y el silencio también se había adueñado del bosque.”


sábado, 22 de julio de 2017

Harold Bloom: Shakespeare. La invención de lo humano (**)

(862 pág.; Anagrama)                                               (34; julio de 2017)
Estos dos últimos meses han sido más duros de lo habitual: la renta, el SII (quien sepa de que hablo lo comprenderá), el tocho cuya portada aparece más abajo y el siguiente tocho que le leído conjuntamente, pues uno es un ensayo y no estaba digitalizado y el otro sí.
He leído bastantes obras de Shakespeare, incluso sus afamados sonetos, por lo que tenía verdaderas ganas de leer este libro que regaló Gemma a Marisol. Bloom está considerado uno de los mejores críticos de su momento y ha sido catedrático durante medio siglo, por consiguiente no soy digo ni de comentar que he leído su libro, pero lo voy a hacer.
Si no se repitiera tanto comparando, una y otra vez, los personajes de Shakespeare o sus obras, quitaríamos unos cientos de páginas; si en relación a todos los personajes principales y a la mayoría de obras no nos dijera tantas veces que son nihilistas, un centenar de páginas; las frases en las que aparecen las palabras pathos y ethos, que no digo que no sean necesarias en una crítica literaria tan profunda como esta, otro centenar; y, por último, si quitáramos las repeticiones (ojo, solo las repeticiones) de las veces que compara a Shakespeare con los autores contemporáneos a él o las obras de todos ellos, desparecerían otros cientos más. ¿Seré descendiente del Gran Capitán?



“La respuesta a la pregunta “¿Por qué Shakespeare?” tiene que ser “¿Pues quién más hay?”.


sábado, 1 de julio de 2017

André Kertész: Leer (***)

(75 pág.; Periférica & Errata)                                     (33; junio de 2017)
Sigo aquí, aunque no lo parezca. Estoy liado con dos libros que suman más de dos mil páginas y ya veremos cuándo acabo con ellos, o viceversa. Anna me trae este libro que le regalé en Navidad y me tomo un respiro de tanta letra, aunque leo las dos introducciones.
Mi mala memoria me jugó una pasada, otra vez, y creí que el autor de las fotografías era el ganador del Premio Nobel de Literatura, pero André no es Imre. Pero no me sabe mal el error, pues las fotografías en blanco y negro son bellísimas, con unos claroscuros muy definidos y abarcan desde 1915 hasta 1970. A veces no se aprecia que la persona está leyendo, otras son tiendas o librerías abarrotadas y los ojos se colman de libros y se siente una cierta envidia. En cualquier caso, un gusto haber leído este libro.





domingo, 25 de junio de 2017

Jordi Galceran: El crèdit (***)

(68 pág.; La butxaca)                                     (32; junio de 2017)
Me voy a la playa con Anna e Iván y pienso que este librito hará que me dore, pero que no me queme. Habíamos visto la obra de teatro y nos reímos de principio a fin y, aunque leída no es lo mismo, no tiene desperdicio. He visto y leído muchas de las obras de este autor y creo que es magnífico.
Los señores que aparecen en la portada son el director de una oficina bancaria y un sujeto que va a solicitar un crédito. Este no tiene dónde agarrarse por lo que el crédito le es denegado, pero lo que sí que tiene es un pico de oro y lo usa de tal manera que termina enredando al director hasta llevarlo a una situación que lo deja fuera de juego y al espectador/lector desternillándose.




“DIRECTOR     A veure…”


sábado, 24 de junio de 2017

John Lanchester: Capital (**)

(597 pág.; Anagrama)                                               (31; junio de 2017)
Ya casi hace un par de semanas que acabé de leerlo, pero se juntan demasiadas cosas y no se llega a todo. Hace once libros leí uno de este autor y no lo pude acabar, por lo que se fue a la columna de “ya veremos cuándo leo otro suyo”, pero tenía anotado en “libros a leer” este del que estoy hablando y, dada la memoria que tengo, el día de Sant Jordi lo compré. Queda demostrado que no tengo memoria, pues el otro lo leí en abril.
Este libro es el resultado de juntar La hoguera de las vanidades con Zadie Smith y el oportunismo de ponerle el título que le ha puesto. Y eso no es bueno ni malo, sino solo una manera de resumir su contenido. En otras palabras, me ha gustado lo suficiente como para sacar al autor del ostracismo… aunque antes de él tengo más de doscientos autores por repetir, así que más vale que haya una segunda vida o no tendrá ocasión.
El libro describe la situación de una decena de habitantes de una calle de Londres que, originalmente era de clase media baja, pero que en la actualidad es de clase alta. Entre ellos se encuentra un ejecutivo de la City, su esposa e hijos; una viuda jubilada; unos árabes y sus respectivas familias que regentan la tienda de alimentación de la calle; un representante de un jugador de fútbol africano que acaba de descubrir y al que le cede la vivienda; y otras personas cuyas vidas se relacionan con los anteriores. Además, todos y cada uno de ellos, están recibiendo postales en las que se les dice que el que las envía quiere poseer lo que ellos ya tienen, lo que provoca una cierta curiosidad por saber a qué se refieren y, con el tiempo, una alarma.




“Al rayar el alba de un día de fines de verano, un hombre con sudadera de capucha avanzaba lenta y silenciosamente por una calle normal y corriente del sur de Londres.”

eBook: no


sábado, 10 de junio de 2017

Leo Malet: Ratas de Montsouris (**)

(211 pág.; Libros del Asteroide)                            (30; junio de 2017)
Marisol lo leyó y me dijo que no le había gustado mucho, pero en la estantería no quedaba ningún autor por estrenar, así que fui a por él. Debido al estilo del libro, novela negra, y a pesar de que ha habido dos por en medio, me traía a la mente el de Macdonald, pues en los dos casos el personaje principal es un detective privado, aunque en esta ocasión ni es tan cínico ni la historia implica de tal manera a todos los personajes que aparecen. El autor está considerado como el padre de la novela negra francesa.
El personaje de la portada es un detective privado al que un viejo conocido del stalag le hace una proposición totalmente legal en la que está en juego unos millones de francos, hecho que le parece muy improbable o que sea totalmente legal, pero decide seguirle el juego y se ve inmerso en una historia que sucede en el distrito catorce de París y que se inicia un par de decenas de años atrás, para más similitud con la novela norteamericana.





“Era una noche de esas calurosas noches de verano demasiado infrecuentes.”


domingo, 4 de junio de 2017

Mario Benedetti: El mejor de los pecados (**/***)

(93 pág.; Lumen)                                           (29; mayo de 2017)
Marisol me regala este bello libro por Sant Jordi. Es el segundo que me regala de Benedetti, autor que no sé si ella ha leído, pero que a mí me gusta… gracias a ella.
Componen este libro diez relatos que tratan de las relaciones entre los dos sexos vistos desde diferentes ámbitos. Salvo el primero, que tiene más de diez páginas, los otros no llegan a esa longitud incluyendo los dibujos que hacen referencia al texto.
Son textos variados: alguno simpático, otro sorprendente, y uno sadomasoquista, pero no como nos podemos imaginar esa palabra relacionada con alguna práctica sexual, sino como algo mucho peor, es decir, como el acto de aceptar algo que no nos conviene, pero que sabemos que a la otra parte tampoco. Vale la pena dedicarle poco más de una hora a leer el libro completo y descubrir la facilidad del autor en contarnos estas historias tan cortas y tan redondas.




“Al principio yo la saludaba desde mi vereda y ella me respondía con un ademán nervioso e instantáneo.”     Los novios


sábado, 3 de junio de 2017

Rabindranath Tagore: Gora (*/**)

(490 pág.; Círculo de Lectores)  (28; mayo de 2017)  (Premio Nobel 1913)
Entre una montaña de cintas vhs, vídeos dvd y libros que me encuentro en la calle escojo este, pues no había leído nada de él y no teníamos ninguno suyo en casa. ¡Ya es mala suerte, con la de libros que había para escoger y con los otros muchos buenos que habrá escrito Tagore, ir a elegir este! Y ahora diré por qué.
Imaginad por un momento Mujercitas en la India, con graves problemas a causa de las religiones, las castas y las conveniencias sociales de estar comprometidas a los doce años o no estarlo. Pues eso es Gora. Como novela es un pastiche que no respeta ni el transcurso del tiempo ni la distancia. Otra cuestión es si se lee como una exposición de las teorías que el autor tenía sobre la sociedad india, pero entonces le sobran trescientas páginas y casi todos los personajes. Tagore comenzó siendo poeta del movimiento Brahmo Samaj y luego se convirtió al hinduismo, y de eso va toda la novela. En esta novela le sucede como a otros escritores occidentales que son católicos/protestantes y cuando se convierten al protestantismo/catolicismo escriben obras que no deberían ser de narrativa.
Tagore y yo hemos tenido muy mala suerte en nuestro primer encuentro. Ya veremos si tengo tiempo para toparnos otra vez.




“Era la estación de lluvias en Calcuta; las nubes de la mañana se habían dispersado y el cielo rebosaba luz.”


domingo, 28 de mayo de 2017

Ross Macdonald: La mirada del adiós (**)

(240 pág.; Alianza)                                        (27; mayo de 2017; en Praga)
Tenemos siete libros de este autor en la biblioteca, lo que indica que a Marisol no le desagradaba; aparece en la colección creada por Borges y Bioy Casares; está considerado heredero literario de Hammet y Chandler; y esta es una de las novelas que más éxito le reportó.
Digo todo esto porque a mí me ha traído a la memoria la anécdota de la película, si no estoy equivocado, El sueño eterno, de Chandler y que tuvo como guionistas a Faulkner, Brackett y Furthman: durante el rodaje ninguno de ellos pudo explicar quién mataba a uno de los finados. En esta novela no hay tantos muertos como para perder la cuenta, pero todos los personajes tienen mucho que ver con el crimen, por lo que lo difícil aquí es seguir la historia que se desarrolla a lo largo de unos treinta años.
Lew Archer, detective privado, es contratado por el abogado de una familia adinerada para que localice la caja que aparece en la portada, robada de la caja fuerte del domicilio particular sin que haya sido forzada, y que contenía las cartas que envió su propietario a su madre durante la Segunda Guerra Mundial.




“El abogado, cuyo nombre era John Truttwell, me hizo esperar en la antesala de su despacho.”


sábado, 27 de mayo de 2017

Pierre Lemaitre: Nos vemos allá arriba (**/***)

(448 pág.; Salamandra)                                            (26; mayo de 2017)
Por consejo de Marisol anoté este libro y no lamento haberlo leído pues sorprende desde la primera hasta la última página, aunque esta para mal. Antes de entrar en materia, un sucinto resumen.
A punto de finalizar la Primera Guerra Mundial, un pelotón mandado por un teniente que quiere conseguir honores, se ve obligado a atacar una colina dominada por los alemanes. En ese ataque mueren muchos soldados y otros salen malheridos. Entre estos últimos se encuentran los dos protagonistas de la historia cuyas vidas se habrán visto unidas por esta vicisitud.
Como ya he dicho, la primera página ya entraña una sorpresa y casi todos los capítulos tienen algo de sorprendente, una situación inesperada, y de sorpresa en sorpresa va avanzando la historia. Salvo una docena de páginas en las que el autor se pone filosófico, toda la novela rezuma ingenio y uno va preguntándose hasta donde se podrá rizar el rizo. Y la historia merecería mis tres estrellas si no fuera por el poco creíble final de un personaje que habría podido ser fácilmente resuelto de otra manera. A Marisol tampoco le gustó, y ella tiene más prevalencia que yo.




“Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo.”


sábado, 20 de mayo de 2017

Stieg Larsson: La reina en el palacio de las corrientes de aire (***)

(854 pág.; Destino)                                        (25; mayo de 2017)
Subyugante. Esta palabra tiene dos acepciones en el diccionario de la Real Academia. Obviamente, yo la utilizo con el segundo sentido: embelesadora. Esto es lo que me ha parecido esta tercera, y última parte, de esta historia. La capacidad de Larsson de utilizar a decenas de personajes es asombrosa y, además, de darles cuando menos una página de pasado a cada uno de ellos. Sí que es cierto que algunos de esos personajes son necesarios para sacar adelante al héroe o heroína de la historia, pero es una pequeña concesión dentro de la vastedad y complejidad de la trama. Casi todas las vidas humanas deberían poder vivir más de cincuenta años y, por lo menos, mientras tienen ganas o se sienten con fuerzas para crear, como podía ser el caso de Larsson. Han quedado cuatro volúmenes de esta fascinante historia dentro de una masa gris que no tuvo tiempo de plasmarlas.
Lisbeth Salander ha recibido un tiro en el cerebro, Alexander Zalachenko no ha muerto, su hijo ha huido, pero no querrá dejar sin castigo lo que les ha hecho Lisbeth, Erika Berger abandona Millennium, y Mikael Blomvist tendrá de acarrear con todo ello si quiere sacar adelante la revista y ayudar a su amiga, a la que, si no muere, le espera la cárcel y/o un psiquiátrico de por vida.




“Se estima que fueron seiscientas las mujeres que combatieron en la guerra civil norteamericana.”


domingo, 14 de mayo de 2017

Anton Chéjov: Relatos y cuentos (***)

(973 pág.; -)                                       (24; mayo de 2017)
Ya han pasado siete años desde que leí el primer, y único hasta ahora, libro de Chéjov. Se titulaba Nueve cuentos sin final feliz, aunque yo creía recordar que el título no tenía la última palabra, es decir, Nueve cuentos sin final, pues así son los cuentos de Chéjov mayoritariamente: tristes y con finales abruptos, inesperados o que no tienen que ver con la historia que se estaba contando. Pero buenos y muy buenos.
Este libro no existe como tal, sino que es la versión digitalizada de varios de ellos, en total noventa y cuatro cuentos y relatos. Entre ellos voy a resaltar los que más me han gustado: Un drama, En la oscuridad, Gente sobrante, Historia de mi vida, Un hombre irascible, Las islas voladoras, Una noche de espanto y El pabellón Nº 6.
En todos ellos denota Chéjov su conocimiento de las personas, de sus maneras de ser; del espíritu ruso desesperanzado, bebedor habitual, sin cultura, que es aprovechado por el poderoso; es decir, como también lo transmitió Tólstoi y, al igual que él, sugiere la educación como manera de avanzar. Fue un adelantado a su tiempo y un hombre generoso, a pesar de las muchas carencias que adolecía su numerosa familia.




“En el patio del hospital hay un pequeño pabellón circundado por cardos, ortigas y cáñamo silvestre.”
El pabellón nº 6


sábado, 13 de mayo de 2017

Fernando Aramburu: Patria (***)

(648 pág.; Tusquets)                                      (23; abril de 2017)
Como me falla el Lanchester y aún estoy en Huesca tengo que echar mano de uno de la reserva, y lo devoro. Marisol lo compró digitalizado y en diciembre yo compré un ejemplar para regalar y tuve que ir a varias librerías, pues estaba agotado y ya se habían publicado varias ediciones. Me alegro, porque es un libro estupendo que habla de un tema duro y doloroso en España y en el País Vasco.
Aramburu trata el tema de ETA, la independencia del País Vasco, los asesinatos de vascos y españoles, los mártires/soldados vascos, las relaciones entre los miembros de una familia que tiene un miembro en ETA, o bien, con un familiar que ha sufrido un atentado, las vidas de estos dos tipos de familias en los pueblos; en fin, esto y mucho más, es tratado de una manera que llega al lector de una forma en la que se ve incluido en los dramas de cada uno de los personajes y va comprendiendo que nada era fácil de solucionar. Y hablo en pasado porque, parece ser, que ETA se ha disuelto y ya no habrá más atentados.
Dos familias, una docena de personajes principales, una docena más de secundarios y todo el microcosmos del problema vasco queda retratado en estas seiscientas páginas que más que leerse se devoran, a pesar de que con cada personaje el tiempo va hacia atrás y hacia adelante y de las muchas palabras en vasco que aparecen y que le dan al lector más sensación, todavía, de encontrarse en medio de la trama.




“Ahí va la pobre, a romperse en él.”


domingo, 7 de mayo de 2017

Harper Lee: Matar a un ruiseñor (***)

(410 pág.; B)                                      (22; abril de 2017; en Huesca)
Por culpa de Marisol he visto esta película tres o cuatro veces, pero también gracias a ella la he disfrutado tanto como he disfrutado con la lectura del libro. En boca de la jovencita que aparece en la fotografía, sus correrías veraniegas con su hermano y el trasunto de Truman Capote; la vida en esa pequeña ciudad del sur de Estado Unidos después de la depresión; el sistema de enseñanza de novísimo cuño llamado Métrico, en el cual se desaconseja enseñar a leer o a escribir si no es a un ritmo tan lento que los que ya lo saben se aburren en las clases; la consideración de meros objetos a las personas de color, es decir, no a los “rosados” sino a los negros; y, por último, cómo podía ser un juicio en aquel momento; convierten a este libro en una lectura muy agradable y sorprendente por su sencillez y, a la vez, su profundidad.
Por si el párrafo anterior no fuera un resumen suficiente presentaremos al adulto que aparece en la fotografía: Atticus Finch es un abogado viudo que tiene dos hijos, de los cuales ella es la menor y la que describe con sus palabras las vivencias personales, y de muchas otras personas que viven en esa pequeña ciudad, a lo largo de tres o cuatro años. Deliciosamente imprescindible.




“Cuando se acercaba a los trece años, mi hermano Jem sufrió una grave fractura del brazo a la altura del codo.”


sábado, 6 de mayo de 2017

Kenzaburo Oé: Una cuestión personal (**/***)

(190 pág.; Anagrama)           (21; abril de 2017)           (Premio Nobel 1994)
Este es uno de los libros que le había dicho a Anna que podía regalarme y eso hizo para mi santo y lo he leído en esos días que estoy en Barcelona, a caballo de Huesca. Me ha gustado, pero es duro y está basado en una experiencia personal del autor.
Un joven profesor de inglés en Japón sueña con irse a vivir a Africa, pero su esposa está embarazada y eso le crea un conflicto: abandonarla a ella y a su hijo y cumplir su ansiado sueño o ser responsable y quedarse con ambos.




“Mientras miraba el mapa de Africa, desplegado en el escaparate como un ciervo altivo y elegante, Bird apenas consiguió reprimir un suspiro.”


domingo, 30 de abril de 2017

John Lanchester: En deuda con el placer (*/**)

(58 de 218 pág.; Anagrama)                           (20; abril de 2017; en Huesca)
Tengo la desgracia de toparme con este libro en la estantería oportuna y no lo aguanto ni sesenta páginas: el autor ha querido dejar constancia de todos sus conocimientos, además del de la cocina, obviamente, y este cocido se hace bastante difícil de pasar.
Para no dejarlo en un solo párrafo ampliaré con ejemplos lo dicho en el anterior: aparecen suficientes personas conocidas como para demostrar que es un intelectual o, cuando menos, que ha leído un diccionario biográfico; se cree que todos cocinamos y, además, conocemos los platos o productos en los idiomas originarios; y, además, los sitúa geográficamente, no a nivel de países sino de las regiones en las que se producen o de las que provienen dichos platos. En resumen, intragable.




“Este no es un libro de cocina convencional.”


sábado, 29 de abril de 2017

Pär Lagerkvist: Muerte de Ahasverus (**/***)

(117 pág.; Emecé)     (19; abril de 2017; en Huesca)    (Premio Nobel 1951)
¡Qué difícil es encontrar un libro de este autor! Lo que demuestra que ninguna fama es bastante, que el paso del tiempo todo lo borra, pero… ahí está la gente que digitaliza libros y los cuelga en internet. A lo mejor eso es lo que se encontrarán esos seres de otros mundos a los que nos empeñamos en dejarles aquí y allá objetos creados por nosotros. Pero vayamos con Ahasverus.
Un hombre llega a un albergue en el que están alojados muchos peregrinos y allí se encuentra con dos personas muy singulares: un hombre, que dice no ser peregrino; y una mujer, que vive de ellos y que acusa a aquel de haber sido quien la pervirtiera. A la mañana siguiente, cuando los peregrinos se marchan, los tres juntos inician su peregrinaje.
En una pequeña entrada se explica que este relato está exento de artificios retóricos, que muestra la preocupación de Lagerkvist por los temas vinculados al orden metafísico y que, a través del simbolismo del judío errante, el lector descubre el sentido al término del libro. Yo no tuve esa suerte, aunque me gustó.




 “A un albergue para peregrinos que van a Tierra Santa llegó una noche un hombre que parecía perseguido por los relámpagos.”


domingo, 23 de abril de 2017

Camilla Läckberg: La princesa de hielo (**)

(367 pág.; Maeva)                                         (18; abril de 2017)
Cuando le comenté a Marisol que había cogido este libro para leerlo me dijo que era una autora de crímenes para mujeres, y debía saber de qué hablaba pues ha leído ya varios de ella. Una vez leído, confirmo lo anterior y recuerdo que una vez ya hablé al respecto. Esta primera novela es de lectura e intríngulis sencillos, pero entretenida.
La protagonista de la novela (y de las siguientes) es una escritora de biografías de escritoras nórdicas que, debido a que pasa por delante de la casa de una antigua amiga suya, encuentra a dicha persona muerta en la bañera y con las muñecas cortadas con una hoja de afeitar. La madre de la suicida insiste en que su hija nunca lo habría hecho, pero nada parece indicar lo contrario. La familia le pide a la protagonista que escriba un panegírico sobre la difunta, lo que le llevará a investigar y bucear en el pasado de ambas y de la gente que tuvo relación con ellas.




“La casa estaba desierta y vacía.”


sábado, 22 de abril de 2017

Patrick Rothfuss: El nombre del viento (***)

(877 pág.; Plaza & Janés)                              (17; abril de 2017)
Cada cincuenta libros le pido a Anna que me aconseje uno de un autor que yo no haya leído. Cuando estaba cerca de los quinientos Anna me dijo que ya lo tenía y al llegar a esa cifra me suelta este libro. Me asusté: novecientas páginas y de fantasía. Pero ella lee algunos de los que le aconsejo y yo hago lo propio. Y hasta ahora me ha ido muy bien.
Es un libro muy bueno. No voy a negar que se encuentra dentro de la temática de fantasía, pero en absoluto puede considerarse al ciento por ciento. Es más, salvo un par de capítulos en los que aparece un animal fantástico, el resto puede ser leído como una historia intemporal que mezcla conocimientos medievales con otros posteriores, pero suficientemente bien contados como para que su lectura sea agradable y amena, aunque no te gusten los libros de este tenor.
Y ahora un brevísimo resumen de las primeras líneas: en una posada de mala muerte una noche hay más de un cliente habitual y uno de ellos descubre que el posadero no es quien dice ser, sino que tiene un pasado que anda en boca de todos y él quiere escribir su verdadera historia. Convencido el posadero, empieza a explicar su vida desde que era un niño que andaba con la troupe de su padre de pueblo en pueblo representado comedias.




“Volvía a ser de noche.”


domingo, 2 de abril de 2017

Hammurabi: Código (***)

(189 + 52 + 249 pág.; Tecnos)                                   (16; marzo de 2017)
Ve a saber de dónde saqué que era interesante leer este libro, pero sí sé que fue hace mucho tiempo, pero mira por dónde, llega al primer lugar, se lo pido a Anna y me lo regala para la Navidad pasada. Lo he ido leyendo poco a poco, pues leerlo seguido como una novela me parecía demasiado absorbente. No obstante, el libro ya está en el anaquel y su lectura sí ha sido muy interesante.
Ante todo hay que mencionar con sus dos apellidos al Profesor Federico Lara Peinado, pues el Código es más de él que del rey que figura como autor. El Código tiene una extensión de 52 páginas nuestras (en realidad, es un pedrusco del tamaño del jugador de baloncesto más alto y labrado por las dos caras con caracteres cuneiformes), pero el Profesor Lara nos hace una introducción de casi doscientas páginas para ponernos en situación y, después de los artículos del Código, nos lo va explicando con doscientas cincuenta páginas más de notas. Además lo ha traducido él mismo. Me he quedado anonadado.
Entre los artículos del Código encontramos del tipo civil (matrimonio, herencias, hijos adoptivos, divorcio); mercantil (precio de las cosas, de los trabajos de artesanos y profesionales, de los animales y esclavos); penal (qué castigos merece el que causa daño a una persona, a un animal, o a un bien, mayormente basados en el “ojo por ojo”); etc.
Hammurabi se despide maldiciendo y pidiendo a los dioses infinitos tormentos a aquel sucesor que no aplique su Código; yo, que soy más humilde, pediré que si alguien me hace caso y lee este libro lo disfrute a pesar de que pueda parecer que no lo es.




“Cuando el sublime Anum, rey de los Anunnaku, (y) Enlil, señor de los cielos y de la tierra, el cual prescribe los destinos del País, determinaron para Marduk, el hijo primogénito de Enki, la divina soberanía sobre la totalidad del género humano, (cuando) le hubieron magnificado entre los Igigu, (cuando) hubieron proclamado el sublime nombre de Babilonia (y) lo hicieron el más poderoso en…”


sábado, 1 de abril de 2017

Christian Jacq: El juez de Egipto (*/**)

(leídas 340 de 972 pág.; Booket)                              (15; marzo de 2017)
Este libro consta de tres libros a su vez y, a pesar de que tenemos varios más, he tardado en cogerlo porque la primera línea de la portada me daba mala espina, y así ha sido.
El autor ganó un premio de la Academia francesa por un libro sobre la historia de Egipto, por lo que me hace pensar que debe saber de lo que habla y que ha ido destilando a lo largo de la novela que he leído, pero eso no quiere decir que la historia que cuenta, o cómo la cuenta, sea buena. A mi gusto es de género juvenil y, a mi edad, ya no interesa tanto. También me ha recordado aquellas novelitas que los hombres llevaban en el bolsillo de atrás y que leían en el metro en los lejanos años setenta (de mi época).
En una pirámide se comete un robo y a causa del mismo mueren varios de sus guardianes. Un joven juez acaba de ser enviado a Menfis y conoce a una mujer que está a punto de acabar sus estudios en medicina. Este juez tendrá que vérselas con un comerciante que cobra tasas injustas, con el jefe de policía que hace la vista gorda, con un militar que hace algo más y, a su paso, todos le pondrán impedimentos. Y de fondo, esas misteriosas muertes.



“Una noche sin luna envolvía la gran pirámide sobre un manto de tinieblas.”