domingo, 24 de julio de 2011

Thomas Pynchon: El arco iris de gravedad (*)

(1.148 pág., leídas 575; Tusquets)                       (55; diciembre de 2010)
            Supe de la existencia de este autor por la contraportada de La broma infinita (libro número 1 que leí en 2009). En ella un crítico lo comparaba a Pynchon: “… piensen en Pynchon. Piensen.”. Y exactamente eso es lo que estuve haciendo durante casi todas las 575 páginas de las más de mil cien que tiene el libro. Estuve pensando porqué seguía leyendo un libro que no entendía de qué iba y que no me hacía ninguna gracia. Me forcé a llegar a la mitad y punto.
            Sí que tenía razón el mencionado crítico, pues mientras leía La broma infinita también me sucedió lo mismo, pero en aquella época leía muy de tanto en tanto por lo que perdía el hilo de lo leído, pero hacia la mitad, el libro se hizo “coherente”. Y eso no le pasa a este.
            Los dos primeros capítulos, de unas cuatrocientas páginas son ininteligibles. Creí que el tercer capítulo, que tiene unas quinientas, ya entraría de lleno en el tema, pero no es el caso.
            Lo que sí es el caso, es que cualquier sinopsis del libro no puede ser representativa del mismo. Cuando leí Ulises de Joyce (cuando era mucho más joven y, seguro, que no entendí todo lo que se quiere dar a entender) disfruté; con La broma disfruté en los últimos capítulos; con este me aburrí soberanamente.
            Las dos referencias siguientes explican mucho mejor que yo lo que quiero decir. La primera es una explicación ligera, la segunda más literaria. En cualquier caso vale la pena leer ambas y pasar de “pensar en Pynchon”. (A mi pesar, quiero leer La subasta del lote 49 y sacarme esta espina).



“Llega un grito a través del cielo.”

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sábado, 23 de julio de 2011

Eduardo Mendoza: El año del diluvio (**)

(171 pág.; Seix Barral)                                           (54; diciembre de 2010)
            Casi diría que es un relato largo pues está escrito sin diálogos, ya que estos están explicados y, además, la trama entraña a dos personajes principales y a un par más muy secundarios.
            Los personajes principales son la madre superiora de un convento que lo quiere transformar en un asilo para ancianos y el terrateniente del lugar, y la trama es la relación que surge entre ellos.
            No da para mucho más, pero es de prosa fácil y se lee de un tirón, pero no por ello deja de estar bien escrito, pues al fin y al cabo es de Eduardo Mendoza, y esto ya es una garantía.


“En los años cincuenta de nuestro siglo vivía en la localidad de San Ubaldo de Bassora (provincia de Barcelona) un hombre muy rico llamado Augusto Aixelà de Collbató.”

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domingo, 17 de julio de 2011

Evelyn Waugh: Decadencia y caída (**)

             (236 pág.; Anagrama)                                          (53; diciembre de 2010)
            Esta novela escrita en 1928 cuando tenía 25 años fue la primera y cosechó un rotundo éxito.
            Describe unos años de la vida de un estudiante de teología en los que no es él quién lleva las riendas de su futuro, ni lo intenta por otra parte, si no que son los que le rodean los que lo van haciendo avanzar por unos insospechados caminos y a los que él se va adaptando a medida que se le vienen encima.
            Con este esquema Waugh ironiza y critica el sistema educativo, social, carcelario, etc. que reinaba en la Inglaterra de principios del siglo XX. No es una novela que te haga reír a carcajadas, pero sí que se lee de forma muy amena. De trazo suave, pero incisivo y cáustico.


“Míster Sniggs, el subdecano, y míster Postlethwaite, el tesorero doméstico, estaban sentados a solas en la habitación del primero, desde la cual se veía el rectángulo del jardín del colegio Scone.”

sábado, 16 de julio de 2011

Jostein Gaarder: El mundo de Sofía (*/**)

            (638 pág., leídas 600; Siruela)                              (52; diciembre de 2010)
            Ya me dijeron Anna y Marisol que me saltara la ficción y que leyera sólo lo referente a la historia de la filosofía, pero como soy cabezón no les hice caso y me tragué un buen tocho, hasta que llega la “fiesta filosófica” que me parece tan surrealista y fuera de tono que preferí dejar las últimas páginas sin leer y quedarme sin saber de qué va la historia subyacente que, insisto, no tiene ningún interés.
            Como historia cronológica de la filosofía tiene cierto atractivo, pues dedicando unas pocas hojas a cada filósofo importante y poniendo algún ejemplo va comparando las diferentes maneras de ver el mundo que fue desarrollando la civilización occidental.
Lo referente a los filósofos es interesante, pero como es explicación tras explicación, el autor para hacerlo “más ameno” se le ocurre hacer hablar a la protagonista, Sofía, entre párrafo y párrafo diciendo cosas como: “¡Sigue!”, “¡Cuenta!”, “Entiendo”, “¡Explícate!”, etc., etc.
Resumiendo, si encuentras un libro que te dé una visión global de la filosofía y no sea un tostón, ahórrate este.


“Sofía Amundsen volvía a casa después del instituto.”

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domingo, 10 de julio de 2011

Jordi Galceran: Sis comèdies (**/***)

(486 pág.; Edicions 62)                                        (51; noviembre de 2010)
            Hay que aclarar que el título no es del todo cierto: son seis obras de teatro de las que tres son comedias y las otras son dramas.
            Entre las comedias: Dakota (o los celos premonitorios), Fuita (ladrones de guante blanco o gris) y Cancun (o como perder el norte y hacérselo perder a los demás). Sin duda, Dakota y Cancun son muy originales, pero la primera es la más hilarante.
            Entre las dramáticas: Paraules encadenades (una mujer raptada por su ex marido psicópata), El mètode Grönholm (nuevas técnicas en las pruebas de selección de personal) y Carnaval (el rapto de un niño). La primera y la tercera son muy dramáticas, sobre todo la de un título tan engañoso como Carnaval.
            El mètode Grönholm merece un párrafo aparte: un sistema revolucionario de seleccionar altos ejecutivos en empresas multinacionales que le ha proporcionado a su autor un éxito sin precedentes en el teatro nacional e internacional.


“Agent: Documentació, sisplau.”   (Dakota)

sábado, 9 de julio de 2011

Manuel Vázquez Montalbán: Los mares del Sur (**)


            (225 pág.; Planeta)                                              (50; noviembre de 2010)
            Es una suerte contar con una biblioteca bien surtida y una bibliotecaria que la haya leído y se acuerde: Marisol. Le pregunté cuál me aconsejaba de Vázquez Montalbán (ya le tocaba) y sin dudarlo me dio este título.
            Aunque la historia de fondo pueda ser leída en otras muchas novelas, los personajes y, sobre todo, el lugar donde transcurre la acción, la Barcelona de finales de los setenta, hacen que sea un placer leerla. Algunos personajes son personajes públicos de la época (Pujol, Martín Villa, …), otros, aunque no los hayamos conocido con esos nombres los tenemos presentes o los reconocemos de novelas y películas; pero sobre todo, lo que más te hace disfrutar es Barcelona.
            Barcelona es descrita por sus barrios, sus calles y establecimientos, y para los que ya éramos adultos en esa época y nos acordamos de que nuestro mundo era más en blanco y negro que en color, aquí lo saboreamos con esa satisfacción de pensar que eso ya ha sido superado y mejorado. Aunque si Vázquez Montalbán estuviera vivo podría hacer más novelas de esta índole con personajes principales similares y con una Barcelona que ha cambiado sus barrios de inmigrantes “locales” por inmigrantes “foráneos”.
            Esta novela ganó el Premio Planeta de 1979.


“-Vámonos.”

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domingo, 3 de julio de 2011

John Updike: Más Bech (*/**)

            (211 pág.; Argos Vergara)                                    (49; noviembre de 2010)
            Ya me avisó Marisol de que no le había gustado el libro, pero me pudo el hecho de que sea un autor reconocido, pero como dice Manquiña en Airbag: “tú tenías mucha razón, no te hice caso”.
            Es una serie de relatos sobre un escritor que, harto de todo y cansado de nada, vive de una conferencia por aquí o una entrevista por allá, o que gana un premio por ser el que más tiempo hace que no publica. Pero eso no es suficiente: no es suficientemente hilarante, ácido o irónico, por lo que su lectura no aporta mucho y no es interesante.
            Quizá el capítulo que se salva es el de Tierra Santa que sí es cáustico y algunos párrafos de los dos últimos, a pesar de que estos rozan lo vulgar por soeces.


“Aunque Henry Bech, el escritor, en sus años de madurez casi había dejado de escribir, sus libros, como irónicamente, seguían viviendo, proyectando sombras titilantes sobre el centro de su vida, donde se mantenía acobardada eso que llamaban su reputación.”

sábado, 2 de julio de 2011

Aldous Huxley: Un mundo feliz (***)

            (300 pág.; El País)                                                (48; noviembre de 2010)
            Cuando tenía veintitantos años lo empecé a leer y a las pocas páginas lo dejé porque no me gustaba nada (uno de los muy pocos libros que yo dejé). Pero a estas alturas, y sabiendo la fama que tenía, le di una oportunidad (la primera vez no se puede decir que lo fuera).
            Me ha parecido un libro soberbio. No conozco cuánto se sabía sobre clonación en 1931, pero parece que haya sido escrito por alguien que sí sabía. Es un libro que engancha desde la primera página, tanto por el tema que desarrolla, clonación y “domesticación”, como por la forma de escribir: en un capítulo va describiendo lo que sucede en tres puntos diferentes a la vez, utilizando frases de una o dos líneas para cada una de las situaciones, sin más explicación y hace que la lectura sea muy ágil y amena.
            Las descripciones de cómo “amaestrar” los fetos para sus futuros cometidos son muy ingeniosas, así como el choque entre los habitantes del mundo feliz y los que no están en él.
            La única pega que yo le pondría es que es de corte totalmente machista, pues aunque en la novela ya se dice “que todo el mundo es de todo el mundo”, es decir, se acepta la promiscuidad por ambas partes, en numerosas ocasiones se ensalza a la mujer por su característica de “neumática” y no hay comparativo para el caso del hombre.


“Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas.”

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sábado, 25 de junio de 2011

Paul Torday: La pesca del salmón en Yemen (**)

            (315 pág.; Salamandra)                                       (47; noviembre de 2010)
            Sin duda alguna una primera mitad de un humor irónico y fino sobre el funcionamiento de la Administración inglesa (¿solo?). Aunque la segunda parte se pone más seria, la curiosidad pudo conmigo y leí más de cien páginas de una “echada” (¡esa noche dormí menos de cinco horas y al día siguiente iba a trabajar!).
            Esta es la idea principal: a un jeque se le antoja poder pescar salmones en un río de su hacienda en Yemen, por lo que le encarga a una inmobiliaria inglesa que haga las gestiones ante la Administración inglesa para que le faciliten la infraestructura que necesita para ello. Y aquí entran los políticos con sus intereses tan particulares.
            La trama avanza a través de correos electrónicos, llamadas, diarios, diario personal del protagonista, la narración directa, las sesiones parlamentarias, etc. En resumen, muy ágil y divertida.


“Estimado doctor Jones:
            Le escribo por indicación de Peter Sullivan, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth (Sección Oriente Medio y Norte de Africa).”


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viernes, 24 de junio de 2011

Francis Scott Fitzgerald: Suave es la noche (**)

            (473 pág.; Alfaguara)                                           (46; noviembre de 2010)
            El libro está dividido en tres partes. La primera transcurre en la Riviera francesa durante los años veinte del siglo XX. Describe la vida de algunos millonarios que se podían permitir tener como única preocupación conocer qué diversión habría por la noche o al día siguiente. Es un capítulo muy agradable de leer y un disfrute para todo aquél que guste de ese período de entre guerras donde libertad y libertinaje estaba permitido y se confundían para esa minoría.
            El segundo capítulo habla del pasado anterior y el tercero sigue a partir del punto en que terminó el primero. En estos dos capítulos la fiesta ya se ha acabado y el alcohol ya no es divertido. Las divergencias entre unos y otros y, sobre todo, entre el matrimonio protagonista principal hace que la novela se vuelva agria.
            Está muy bien escrito ya que te parece estar acompañando a los protagonistas y cuando lo acabas te apetece seguir leyendo más de esa época que tan bien describió Scott Fitzgerald (El gran Gatsby).


“En la apacible costa de la Riviera francesa, a mitad de camino aproximadamente entre Marsella y la frontera con Italia, se alza orgulloso un gran hotel de color rosado.”

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Sherwood Anderson: Winesburg, Ohio (**)

            (254 pág.; El cercle de Viena)                                  (45; octubre de 2010)
            Este autor (desconocido hasta ahora por mí, como tantos otros) está considerado el narrador por excelencia de su generación y su estilo fue tenido en cuenta por autores como Hemingway, Faulkner, Wolfe, Steinbeck, … casi nada.
            Cada capítulo del libro se refiere a un personaje pero, a su vez, el siguiente capítulo enlaza con el anterior de forma que va explicando la vida de los habitantes de un pueblo “perdido” de Estados Unidos a principios del siglo pasado (¡ya han pasado 90 años de su publicación!).
            Los capítulos son cortos, de una decena de páginas y relatan historias de anhelos, sinsabores, amores, caracteres, aspiraciones, etc. de manera suave, nada estridente, hasta elegante: “Winesburg havia desaparegut i la vida que hi havia dut havia esdevingut el simple teló de fons sobre el qual pintaría els somnis de la seva edat adulta”.
            No estoy seguro de que la traducción sea muy buena (es de Francesc Parcerisas).


“L’escriptor, un home vell amb un bigoti blanc, tenia problemes per ficar-se al llit.”

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domingo, 19 de junio de 2011

Amélie Nothomb: Las Catilinarias (*/**)

            (134 pág.; Circe)                                                       (44; octubre de 2010)
            Es el tercer libro que leo de esta autora y me esperaba algo similar a los dos anteriores, y hasta la mitad del libro lo es: la presión que recibe una persona por parte de otra a la que impone su presencia. Durante esta mitad, y a pesar de que para el que lo relata es un padecimiento, las situaciones presentadas son hilarantes, pero a partir de cuando aparece el cuarto personaje de la novela todo se decanta hacia otra vertiente mucho más seria y cuyo mensaje, de haberlo, se me escapó, además de no parecerme coherente con lo expresado por los dos personajes principales durante la primera parte del libro.
            Sólo se lo recomendaría a alguien que conociera a la autora, o la mitad del libro a cualquiera que quiera reírse un buen rato; pero solo hasta la mitad.


“No sabemos nada de nosotros mismos.”

sábado, 18 de junio de 2011

José Saramago: Memorial del convento (***)

            (467 pág.; Alfaguara)       (43; octubre de 2010)       (Premio Nobel 1998)
            Si la memoria no me falla, no le hizo ninguna gracia a El Vaticano que le entregaran el Premio Nobel a Saramago. Creía que era por ser comunista (que ya es un buen motivo), pero leyendo este libro se sale de dudas: es por su ateísmo  (¿se puede ser ateo total y radical?; si se puede, este libro lo es).
            Saramago es un ateo clarividente: nos hace ver de manera sencilla y, muchas veces, humorística las contradicciones de la religión católica (¿sólo de ésta o de cualquiera?). Casi en cada página algún personaje deja ir una frase de media docena de palabras en la que deja al descubierto flancos que, obviamente, no puede ver el creyente porque así se le ha educado.
            Pero no sólo es eso este libro, sino que además hace una descripción histórica y social muy detallada del siglo XVIII en Portugal. También describe los trabajos de la época (y lo que costaba realizarlos antes de la revolución industrial) llegando a un detalle pormenorizado que asombra. A mi gusto el mejor ejemplo de esto último, son las páginas que dedica al traslado durante ocho días de una pieza de mármol que pesa veintitantas toneladas a “lomos” de bueyes y hombres. Me sentí totalmente rodeado del sudor y del esfuerzo que costó realizarlo.
            Como creo que es una buena muestra de su fino lenguaje y su vena satírica, ahí van unas líneas:
“… el rey está preparándose para la noche. Lo desnudaron los camareros, … y esto ocurre en presencia de otros criados y pajes, este que abre el gran cajón, aquél que aparta la cortina, uno alza el velón, otro le amortigua el brillo, dos que no se mueven, dos que imitan a éstos y tantos que no se sabe qué hacen ni para qué están.”


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lunes, 13 de junio de 2011

Antonio Muñoz Molina: El jinete polaco (**)

            (605 pág.; Booket)                                                    (42; octubre de 2010)
            Este es el último libro que reseño unos meses después de haberlo leído. No es lo mismo que hacerlo justo después de acabarlo porque la sensación se amortigua con el tiempo, pero a poco que pienses en él recuerdas la impresión que te produjo.
            En este caso, al principio me recordó bastante Corazón tan blanco de Marías, seguramente porque el protagonista tiene la misma profesión y porque los inicios de ambas novelas me parecen poco claros. Obviamente el tema se separa del de Marías y se acerca a los recuerdos que tenemos los que nacimos a mediados del siglo pasado por la descripción que hace de una España que la generación siguiente a la nuestra puede parecerle lo mismo que a nosotros nos parecerían las vivencias a principios del siglo XIX, y si me apuras, más alejado todavía.
            Aparecen personajes secundarios muy interesantes, tales como el jefe de policía de Mágina, la población origen del protagonista, el fotógrafo o el comandante de la guarnición y cuyas historias le dan a la historia principal un interés añadido.     (dic-10)


“Sin que se dieran cuenta se les hizo de noche en la habitación de donde no habían salido en muchas horas, donde habían estado abrazándose y conversando en una voz cada vez más baja, como si la penumbra y luego la oscuridad que no notaban hubieran ido apaciguando el tono de sus voces pero no la avidez mutua de palabras, igual que se había apaciguado el modo al principio perentorio … “

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domingo, 12 de junio de 2011

Edward Rutherfurd: London (**)

            (1.452 pág.; Punto de Lectura)                           (41; septiembre de 2010)
            Curioso inicio sobre la historia de la ciudad de Londres: ¡cuatrocientos millones de años antes de ahora! Una novela que abarca tal cantidad de años, aunque se salta unos cuantos millones en los primeros capítulos, no puede ser corta, pero es, con mucho, el libro más extenso que he leído.
            A través de una serie de familias de ficción va explicando la evolución de Londres desde sus primeros habitantes hasta finales del siglo XX y que, mezclados con personajes reales y con las situaciones sociales de cada época, va conformando un compendio histórico no sólo de Londres sino de Inglaterra y, en ocasiones, de los pueblos de Europa que tuvieron que ver con ella.
            Para leerlo hasta el final sólo se necesita suficiente paciencia y tiempo.     (dic-10)


“Muchas veces, desde que la Tierra era joven, el lugar había permanecido bajo el mar.”

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sábado, 11 de junio de 2011

Anónimo: Poema de mío Cid (**)

            (301 pág.; bilingüe; El País)                                       (40; agosto de 2010)
            No por muy conocida la historia del Cid deja de ser interesante y entretenida la lectura de este poema, que explica las vicisitudes que padece el Cid desde su destierro de Castilla por orden de Alfonso VI hasta su regreso y cómo logra que ello sea así.
Aunque ya lo he comentado en otras ocasiones, insisto en que hay que perderles el “miedo” a los clásicos, pues no en vano han soportado el paso del tiempo, en este caso más de ocho siglos (que se dice pronto), y esto es garantía de que están bien escritos, de que cuentan una historia atrayente, de que algo se puede aprender de ellos.
De los que deberíamos tener miedo es de esos bestsellers que lo son por el mero hecho de estar en el escaparate de una librería (cuando no en el almacén de una editorial). ¡De esos hemos de estar atentos!     (dic-10)


“Envió el rey don Alfonso a Ruy Díaz mío Cid por las parias que le tenían que dar los reyes de Córdoba y de Sevilla, cada año.”



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domingo, 5 de junio de 2011

György Dragomán: El rei blanc (**)

            (255 pág.; La Magrana)                                             (39; agosto de 2010)
            Transcribo de la contraportada: “El rei blanc és una novel·la sobre l’aventura i el dolor de passar de la infantesa a l’adolescència, ambientada en els anys de paranoia anteriors a l’enfonsament del comunisme rere el Teló d’Acer”.
            También indica que es un libro aplaudido a nivel internacional, pero no deja de ser una serie de relatos que no están mal, algunos más enternecedores que otros, alguno divertido, pero poco más.
            Destacaría el deseo del protagonista y su confianza de que su padre volverá y las humillaciones que sufre por ese hecho.     (dic-10)


“Abans d’anar a dormir, vaig posar el despertador sota el coixí per sentir-ne només jo el dring i perquè la mamà no es despertés, però el despertador encara no havia sonat quan jo ja estava despert: estava massa nerviós per la sorpresa que preparava.”

sábado, 4 de junio de 2011

Marcel Proust: En busca del tiempo perdido – 1. Por el camino de Swann (**/***)

(503 pág.; Alianza Editorial)                                      (38; agosto de 2010)
            Como en el caso anterior, este libro era una deuda pendiente, pero había oído hablar tanto de él, en el sentido de su dificultad o pesadez, que no me atrevía.
            No voy a decir que se pueda recomendar a cualquier lector, pues aunque seguro que está muy bien escrito y es muy importante dentro de la literatura universal, hay que cogerlo con muchas ganas y no desanimarse ante el aluvión de palabras que llega a encontrar para describir cualquier cosa: objetos, flores, situaciones, ya digo, lo que sea puede ser descrito utilizando decenas de palabras.
            Además de la enorme cantidad de descripciones que hay en él, están los personajes: el narrador, un niño que se pasa el día soñando con el momento en que su madre irá a darle el beso de buenas noches y que cuando no lo recibe se deprime hasta límites insoportables (esto entre otros rasgos de carácter muy particulares), y el propio Swann, personaje al que se le dedican unos cientos de hojas para relatar sus desafortunados amores o sus cenas con unos amigos que pasan de desear su compañía a menospreciarlo sin dejarle que les acompañe en sus cenas diarias. Además de lo que acabo de describir hay situaciones y vivencias muy particulares.
            Aunque pueda parecer lo contrario no me disgusta haberle dedicado el tiempo que cuesta leer sus quinientas páginas, y tengo en cartera la segunda de las siete partes de las que se compone la búsqueda de ese tiempo que ya no volverá, ni para sus personajes ni para sus lectores.      (dic-10)


“Mucho tiempo he estado acostándome temprano.”

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domingo, 29 de mayo de 2011

Emilia Pardo Bazán: Los pazos de Ulloa (**/***)

            (303 pág.; El País, Clásicos Españoles)   (37; agosto de 2010 en Huesca)
            Da gusto escoger un libro porque cuando estudiaste Literatura en sexto de bachillerato te lo mencionaron y resulta ser tan interesante como este. Siempre he creído que había que leer a “los clásicos”, pero salvo contadas excepciones no lo había hecho, y me alegro de haberles perdido el miedo, pues dan muchas más satisfacciones que decenas de libros que se editan actualmente y cuya única gracia es ser llamados bestsellers.
            En esta novela se refleja la vida en un pueblo gallego a finales del siglo XIX, en la que un falso marqués actúa como señor feudal, su administrador de forma prepotente y el párroco recién llegado intentando arreglar lo que ni el tiempo puede. Hay escenas muy impactantes y desagradables muy bien descritas: en una de ellas el administrador hace beber a su nieto de corta edad una botella de vino hasta que cae desplomado.
            Al final, es decir, a lo largo de toda la novela, las que pagan el pato son las mujeres, pues no tienen derecho ni a quejarse, y eso ya lo maman desde la cuna.
            Pero no fue así la vida de Doña Emilia: como su marido le dijo que dejara de escribir, ¡se divorció! Fue catedrática en la Universidad de Madrid, pero le fue denegada su entrada en la Academia de la Lengua hasta por tres veces.     (dic-10)


“Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos desigualísimos de loco galope.”

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sábado, 28 de mayo de 2011

Mary H. Clark: Muerte en Cape Cod (*)

            (208 pág.; leídas 40; El País) (36; no leído en agosto de 2010 en Huesca)
            Muy pobre me pareció el relato que leí, más todavía, paupérrimo. No tenía gracia la historia ni la forma de contarla. A pesar de ser de un libro de tan pocas hojas no quise ni intentarlo con otro relato. ¡Y era de la colección de bestsellers de El País!     (dic-10)


“Si aquella tarde de agosto Alvirah Meehan hubiera sabido lo que le esperaba en su nuevo y elegante apartamento de Central Park South, no se habría bajado del avión.”

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domingo, 22 de mayo de 2011

Vladimir Nabokov: Lolita (**/***)

            (320 pág.; Grijalbo)                                  (35; agosto de 2010 en Huesca)
            Apenas tenía trece años cuando supe de la existencia de la película de Kubrick y, lo más sorprendente para mí, es que mi hermana Amelia, de once, sabía que Sue Lyon era la protagonista. Unos cinco años más tarde vi la película en la filmoteca y me quedó grabada la escena inicial en la que James Mason acosa a Peter Sellers, pues no llegaba a comprender porqué había tanto dolor por la pérdida del supuesto amor de su hijastra.
Algún tiempo después leí la novela y aunque me sumergí más en el personaje de Humbert Humbert, creo que seguí sin trascender su sentimiento, sin dilucidar si solo era por el hecho de que le hubiera sido arrebatada.
Por eso tenía muchas ganas de releerla. Además creía que teniendo cincuenta y tres años estaría en las mismas circunstancias vitales que el protagonista. ¡Vaya error! ¡El protagonista tiene 37 años cuando conoce a Lolita! Obviamente, estaba influenciado por la imagen de Mason y no recordaba este dato de la novela.
El caso es que la he leído de nuevo y esta vez su lectura me ha transmitido la angustia que sufre el protagonista, tanto para conseguir su objeto amado como por el hecho de poder perderlo.
Aunque aquí hablo de la obra literaria en esta ocasión también recomiendo la visión de la película, y no debo olvidarme de mencionar a la estupenda Shelley Winters.     (nov-10)


“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas.”

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sábado, 21 de mayo de 2011

Rosa Montero: La hija del caníbal (**)

            (338 pág.; Espasa)                                   (34; agosto de 2010 en Huesca)
            En casa tenemos varias obras de esta autora y como me gustan sus artículos periodísticos tenía ganas de leer alguno de sus libros y, como en tantas ocasiones, otro libro recomendado por Marisol y otro acierto. A pesar del título, pues me parecía desagradable.
            A una mujer le desaparece el marido en un aeropuerto y le ayudan a buscarlo un joven de veintiún años y un anarquista de ochenta. La historia de la desaparición y el avance de la misma se entremezclan con la biografía que les va contando el viejo. Su historia es muy interesante pues está llena de aventuras, ya que fue torero y pistolero con Durruti.     (nov-10)


“La mayor revelación que he tenido en mi vida comenzó con la contemplación de la puerta batiente de unos urinarios.”

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domingo, 15 de mayo de 2011

Irène Némirovsky: L’afer Curilov (**)

            (170 pág.; La Magrana)                                             (33; agosto de 2010)
            He leído muy buenas críticas sobre esta autora y a Marisol le gusta mucho y me aconsejó este libro. Ahora ya hace unos meses que lo leí, pero recuerdo que a medida que lo iba leyendo pensaba que cada vez le quedaban menos páginas para darle un giro y que me pudiera sorprender.
            Está bien escrito, pero me parece demasiado plano, pausado. Teniendo en cuenta que describe el asesinato por encargo de un ministro del zar, esperaba algo más de misterio, emoción o tensión. Yo no lo sentí.
            Para saber más de la vida de esta autora que sufrió la persecución nazi:



“A la terrassa deserta d’un cafè de Niça, dos homes s’havien assegut atrets per la flama d’un petit braser encès.”

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sábado, 14 de mayo de 2011

Isaac Asimov: Los propios dioses (***)

            (309 pág; Círculo de Lectores)                                      (32; julio de 2010)
            Contra la estupidez … los propios dioses … ¿Luchan en vano?
            Este libro está planteado en tres partes cuyos títulos son los tres grupos de palabras de la línea anterior. Casi diría que se puede leer independientemente. Pero es obligatorio, cuando menos, haber leído la parte central.
            Al principio de esta parte quizá no se entienda nada, pero descubierto de lo que se está hablando es una delicia de imaginación y derroche “cosmobiológico” (no está en el diccionario), pero quiero dar a entender que crea un universo con reglas biológicas diferentes a las nuestras, pero que me parecieron muy interesantes. Insisto en que esta parte es imprescindible.
            La primera parte describe muy bien lo que puede ser el trato entre departamentos científicos y las personas que los dirigen cuando hay rencillas personales o presupuestarias. La tercera, bastante aislada de las otras dos, aunque las tres son partes de la misma historia, es la que menos sorprende.
            En resumen, un ejemplo muy impactante del poder de imaginación de Asimov.     (nov-10)


“-¡Es inútil! –exclamó Lamont, con brusquedad.”

eBook: sí.


domingo, 8 de mayo de 2011

Javier Marías: Corazón tan blanco (***)

            (301 pág.; Anagrama)                                                     (31, julio de 2010)
            Hacía mucho tiempo que quería leer un libro suyo por dos razones: porque generalmente me gusta su artículo en el País Dominical y porque es uno de los autores preferidos de Marisol. Le pedí que me aconsejara cuál de ellos leería en primer lugar y fue un acierto total.
            Aunque el principio se me hizo un poco tedioso luego fue haciéndose más y más interesante pues va desenmarañando una historia desconocida para el narrador y que le afecta directamente. Este es un traductor de alto nivel y, aunque en la novela no sucede a menudo, hay un capítulo en la que actúa como traductor entre una dirigente inglesa y uno español que es verdaderamente desternillante (y da miedo pensar que, a lo mejor, eso sucede en la realidad de esos encuentros multilaterales: los sujetos importantes y uno o dos traductores).
            Aprovecho las últimas líneas de la contraportada como final y para indicar un poco de qué va la historia: “La vigorosa e hipnótica prosa de Javier Marías configura en espiral esta extraordinaria novela sobre el secreto y su posible conveniencia, sobre el matrimonio, el asesinato, la instigación, sobre la sospecha, sobre el hablar y el callar, y sobre los corazones tan blancos que poco a poco se van tiñendo, según ven “transcurrir el transcurrido tiempo” y acaban sabiendo lo que nunca quisieron saber”.      (nov-10)




“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su ropio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.”

eBook: sí.                                        epublibre